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Escenarios  Entrevista

Rubén Ochandiano

"En los teatros públicos sólo entran los amigos"

El actor ha debutado como director con La gaviota de Chejov. Tras su éxito en el hall del Lara pasa al Galileo de Madrid. Toni Acosta e Irene Visedo protagonizan la obra.


RAFAEL ESTEBAN | 27/04/2012 |  Edición impresa


Rubén Ochandiano y Toni Acosta

El hall del Lara bendice a todos los que por allí pasan. El testigo del éxito de La función por hacer lo ha recogido La gaviota, el nuevo “bombón” que pasa ahora al escenario del Galileo. El montaje, estrenado el año pasado, supuso el debut como director escénico de Rubén Ochandiando. En su elenco figuran Toni Acosta, Irene Visedo, Javier Albalá, Silma López y Javier Pereira, entre otros.

-¿Qué tiene La gaviota que enamora a tantos?
-Es la Biblia de cualquier escuela de interpretación. Todos hemos hecho diferentes escenas de la obra. Además la he visto infinidad de veces, aunque en cada una he encontrado algo diferente. Pero cuando la vi en Nueva York, en un montaje con Meryl Steep, me di cuenta de que era ella la que me había escogido a mí y de que la acabaría haciendo. Al principio esperé a que alguien me llamara, pero no ocurrió. Y empecé a darle vueltas a cómo producirla. Pensé un proyecto muy ambicioso y me puse a buscar espacio, dinero... Hace un año llegó la oportunidad para hacerla de forma modesta: creamos una cooperativa de actores, en la que llevamos trabajando todo este tiempo por amor al arte.

-¿Ha cambiado el montaje al cambiar el espacio de representación?
-Hemos hecho algunos cambios, pero no muchos. Pasamos de tener al público en dos bandas a cuatro. Y la escenografía es prácticamente la misma. El cambio auténtico es poder jugar dos veces con La gaviota.

Actor voraz y competitivo

-Dice que la obra le permite hablar de lo que le interesa.
-La gaviota permite hablar de las cosas que te mueven. De la vocación artística, de cómo te elige como si fuera una llamada divina, porque el teatro es como un sacerdocio hasta la muerte, que te hace no temer a la vida. También habla de la muerte, de la vida. Y de la familia. La obra es la historia de una familia disfuncional, la primera que conocemos. Son personajes que no saben vivir ni amar. Están todo el rato haciéndose daño, un daño constante que les causa más sufrimiento al darse cuenta de que se lo hacen a las personas que quieren.

-¿Qué le aporta a Rubén Ochandiano dirigir?
-Me alegra la vida y me tranquiliza. Como actor tiendo a ser voraz, competitivo, mientras que dirigir me hace ser más delicado, despierta mi sensibilidad y aparece mi lado más artístico. Me hace más feliz.

-Ha ambientado la obra en el siglo XXI ¿Por qué?
-No es así. Aparecen algunos objetos de uso actual, pero no está ambientada en este siglo. Más bien es intemporal. La idea es que se presente como una compañía de actores haciendo una especie de ensayo de una obra. Lo que conseguimos es un juego metateatral.

-Estrenar en el hall del Lara ¿les ha dado buena suerte?
-El Lara es un teatro maravilloso y su hall es un espacio mágico al que le estaré eternamente agradecido. Pero es un sitio para empezar, para estar poco tiempo, porque económicamente es ruinoso. Con las 80 butacas que tiene no puedes mantener a los diez actores de la compañía. Aunque a nosotros nos ha permitido dar el salto a otro teatro...

-... a otro espacio gestionado de forma privada, lo que es poco habitual en Madrid.
-Sí, pasamos de uno privado a otro, porque lo de los teatros públicos no tiene nombre. Al principio hablamos con el Español y el Centro Dramático Nacional. Nos recibieron con muy buenas palabras, pero no sirvió de nada. Allí sólo entran los amigos, la realidad es que sólo interesan ellos y los demás tenemos que buscarnos la vida. Y eso fue lo que hicimos, por lo que estamos muy satisfechos.




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