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Antonio López Vega: "Gregorio Marañón fue reconocido y homenajeado por las tres Españas"

Lo mejor de 2011: No ficción

Sumario: Lo mejor del año

Toda biografía es susceptible de ser arruinada por nuevas revelaciones. No es el caso de la imponente historia que de la vida y pensamiento de Gregorio Marañón ha preparado el profesor Antonio López Vega, donde la abundante y novedosa documentación confirma al titán intelectual, miembro además de esa tercera España siempre tan minoritaria como urgente.


DANIEL ARJONA | 30/12/2011 |  Edición impresa


Antonio López Vega. Por David Gómez Francisco

En el prólogo a Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal (Taurus, 2011), Juan Pablo Fusi afirma que el pensador español “es más un acontecimiento, un hecho histórico, que un hombre”. Para su autor, Antonio López Vega (Madrid, 1978) se trata de “una expresión feliz, porque Marañón no fue solamente una personalidad poliédrica, sino que actuó y contempló la historia de España al mismo tiempo como un actor -en diferentes facetas: política, ciencia, cultura, educación- y también como un testigo cualificado, pues su enorme prestigio profesional y social, su rectitud ética, su generosidad y su increíble capacidad de trabajo, hizo de él una figura referencial a lo largo de toda su vida”.

-¿Cuáles son las mayores dificultades que se presentan en la preparación de una biografía de esta envergadura?
-Abordar en toda su extensión y con rigor las diferentes facetas que abarcó la vida y obra de Gregorio Marañón -medicina, historia e historiografía, arte y otras manifestaciones culturales, vida pública y política, o diferentes aspectos de las mentalidades de entonces- y contextualizarlas. Y desde el punto de vista de la escritura, la mayor dificultad estribó en articular una narración donde la enorme documentación no agobiase al lector -su riquísimo epistolario puesto a disposición de los investigadores por su nieto Gregorio, consta de más de 5.000 cartas, y su obra está compuesta por más de un centenar de libros, casi 2.000 artículos y medio millar de prólogos y conferencias, en definitiva, más de 20.000 páginas publicadas.

-Seguro que hasta un experto como usted se ha topado con sorpresas. ¿Cuáles fueron?
-Haber podido disponer de las cartas que Marañón escribió a su entonces novia, Lolita Moya, entre 1908 y 1911, encontradas recientemente por la familia en una sombrerera en el fondo de un armario y cuya publicación estamos preparando. Esta documentación nos ha mostrado un Marañón desconocido, el de su juventud universitaria. Junto a naturales expresiones de amor, nos encontramos con un pensamiento y unas convicciones ya muy maduras. Allí vemos su idea de la relación hombre-mujer, la ambición por modernizar la ciencia española, o sus primeras inclinaciones políticas con un liberalismo imbuido de las aspiraciones de justicia social que entonces representaba el socialismo.

Liberalismo ético
- “Se debe ser liberal sin darse cuenta”, afirmó Marañón. ¿Era su liberalismo más una posición ética o moral que económica o política?
-A Marañón se le ha conocido por el liberalismo ético que aprendió de la amistad de su padre con personas ideológicamente tan dispares como Pereda, Galdós y Menéndez Pelayo. Sin embargo, el liberalismo no puede circunscribirse exclusivamente a la tolerancia por las ideas de los demás o a sostener que el fin no justifica los medios, como afirmaba en sus Ensayos liberales. Su implicación política y la defensa del sistema parlamentario liberal fue muy destacada durante la Dictadura de Primo de Rivera -cuando acabó en la cárcel por ello- y la II República.

-Como médico, ¿fue su combate contra las enfermedades infecciosas, resaltando la importancia de la higiene, lo que fundamentó su posición política?
-Sin lugar a dudas. De hecho, Marañón se comprendió a sí mismo, fundamentalmente, como médico. Fruto de su actuación contra las enfermedades infecciosas -pandemia gripal de 1918, por ejemplo- y de su preocupación por la situación de los más desfavorecidos -viaje a Las Hurdes-, sostuvo, de manera vanguardista, que la medicina debía ser considerada como una preocupación nacional, como una cuestión de Estado y no como un asunto de caridad o beneficencia.

-Diputado en 1931, ¿qué motivó su filiación republicana?
-Marañón, como aquellos intelectuales que bascularon en torno al Partido Reformista, lo que en realidad propugnaba era la reforma del Estado a través de la educación, la ciencia y la cultura. Así, estuvieron dispuestos a colaborar con Alfonso XIII mientras pareció posible que éste podía impulsar las reformas. Cuando entendieron que el rey nunca asumiría ese proyecto modernizador, abrazaron la alternativa republicana.

-¿En qué momento se tuerce su republicanismo y cómo le colocaría esa ruptura en aquellos difíciles años?
-Llegada la República, Marañón compartió el fondo de las reformas pero no la aplicación sectaria de algunas medidas ni la paulatina radicalización de la política. Marañón no abandonó la República, sino que ésta le abandonó a él. El 18 de julio de 1936 escribió a Marcelino Domingo, “Ahora sólo es tiempo de decir, ¡viva la República y viva España!”. La experiencia revolucionaria que vivió en Madrid entre agosto y septiembre cuando su vida se vio seriamente amenazada, hizo que entendiera que la República liberal y reformista que había auspiciado junto a Ortega y Pérez de Ayala había fenecido y que, durante la guerra, concibiera la victoria nacional como un mal menor, minimizando de manera errónea lo que Franco significaba a finales de los años 30.

-Tras la guerra, Marañón fue uno de los pocos hombres de conciliación que quedan en la España de la Dictadura. ¿Cómo sobrellevó tal responsabilidad?
-Hasta ahora se tenía la idea de que Marañón había oscilado hacia posiciones proclives a la Dictadura. Sin embargo, la abundantísima documentación encontrada muestra que durante todos aquellos años asumió la tarea de recuperar la tradición liberal que el régimen de Franco trató de erradicar y defendió la españolidad del exilio frente al discurso de la Antiespaña. Todo ello hizo que, al fallecer, Fernando Valera, el último jefe del Gobierno de la República en el exilio, señalase cómo, tras su muerte, Marañón recibía el reconocimiento y homenaje de las tres Españas.

Liberalismo ético
-¿Se reconoce entonces Marañón como parte de esa tercera España arrinconada en la lucha ideológica de su tiempo?
-Con a la tercera España nos referimos a un talante, a una actitud moral, la de aquellos que se sintieron divorciados del giro bélico que tomaron los acontecimientos en el verano de 1936 y proclamaron ya desde entonces la necesidad de la reconciliación. Marañón no dejó de llamar y promover la concordia nacional como cuando en 1958 en una entrevista al diario mexicano Excelsior radiografió los valores que más de quince años después fundamentarían la Transición: superación de las dos Españas, libertad y convivencia.

-¿Qué parte del legado de Marañón destacaría hoy? ¿Cuáles de sus ideas nos serían de mayor utilidad en estos momentos?
-Es fundamental que en esta situación de excepcional gravedad se recupere el espíritu de consenso de 1975. Regeneración democrática, reforma sanitaria, educativa y judicial, así resolver la cuestión territorial requieren que nuestros políticos se guíen por un espíritu liberal y generoso como el que encarnó Marañón.




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