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Martes, 23 de septiembre de 2014
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Delirio

Laura Restrepo

Premio Alfaguara. Alfaguara. Madrid, 2004. 342 páginas, 19’95 euros

JOAQUÍN MARCO | 22/04/2004 |  Edición impresa


Laura Restrepo. Foto: Julián Martín

Delirio es una acertada muestra de novela cerrada que busca la totalidad; es decir, que en ella inciden varias historias, temas de diversa índole, trabados mediante un uso efectivo de los tiempos en los que cada una se desarrolla y que acaban encajando en la tesis que deduciremos.

Las obras anteriores de Laura Restrepo (Bogotá, 1950), ya conocidas por el público español, derivan, como ésta, del “realismo mágico”. “Lo mágico” resulta la lógica consecuencia del tratamiento de la heroí-na, Agustina, hija de una rica familia de Bogotá, que manifiesta claros signos de locura. No sólo utilizará la magia del agua, colocando platos y toda suerte de enseres con agua en su casa, en la que vive con Aguilar, separado de su mujer, aunque no divorciado; sino que sufrirá períodos de demencia violenta. En buena medida la novela se desarrolla como si se tratara de un relato policíaco y el lector siguiera por diversos e intrincados caminos los orígenes -tal vez familiares- de tales trastornos.

A todo ello, su compañero, antes profesor universitario y ahora vendedor a domicilio, sigue enamorado de esta extraña criatura, alegre en ocasiones y perversa en otras. Como apunta uno de los personajes fundamentales desde el comienzo: “Tu marido anda perdido como corcho en remolino tratando de averiguar qué diantres sucedió contigo y tú misma tampoco sabes gran cosa, porque mira, Agustina bonita, toda historia es como un gran pastel, cada quién da cuenta de la tajada que se come y el único que da cuenta de todo es el pastelero”.

El pastelero, qué duda cabe, es la novelista, a la que seguiremos con gusto por los meandros en los que se desarrolla la oscura historia que lentamente se irá desvelando. En su sustrato hay una cierta fidelidad freudiana, ya que el drama de la familia Londoño se origina en temas de orden sexual. Agustina siente una mezcla de terror reverencial y de extraño amor hacia su padre, a quien, en su locura, pese a haber muerto ya, seguirá esperando. Su hermano menor, Bichi, el único al que ha querido de veras, por su belleza (?), se inclinará hacia la homosexualidad, a pesar o o como consecuencia de los castigos paternos. Su relación con Agustina mantiene zonas oscuras, ya que la magia que dice cultivar de niña no está exenta de juegos prohibidos. La rigidez paterna, por otra parte, no es sino otra máscara, que disimulará su relación con su cuñada Sofi, a la que fotografía desnuda en posiciones lascivas y esconde las imágenes en lugar oculto, aunque serán descubiertas por Agustina y Bichi, que se servirán de ellas para sus juegos.

El relato se desarrolla a través de varios tiempos: los de la infancia de Agustina, mediante una conversación con Midas McAlister, su antiguo amante. A éste acaba de derrumbársele su existencia al enfren- tarse, sin haber sido consciente de ello, con Pablo Escobar, a quien servía como blanqueador del dinero de la droga, sobre cuyo mundo se ofrecen algunas alusiones, así como a territorios dominados por la guerrilla, como la hacienda de tierra caliente, una de tres viviendas de los Londeiro. A lo largo de la extensa conversación iremos adentrándonos en este mundo de traficantes de guante blanco y su relación con los delincuentes. El tercero de los tiempos y otra de las historias es la del abuelo de la protagonista, de origen alemán, Nicolás Portulinus, casado con Blanca, músico de profesión, aunque también trastornado. Añorando a su hermana, ahogada en el Rin, el profesor y abuelo de Agustina se suicida en las aguas del río Dulce. ¿Es la locura de la protagonista producto de una herencia malsana? Tras la historia familiar, de base naturalista, observaremos el análisis de la clase alta bogotana, a la que Midas no pertenece, pero que analiza con mirada crítica. él logra una fortuna gracias a Escobar, aunque sólo lo ve en dos ocasiones, pero las grandes familias no le admiten por ser de humilde origen. La historia familiar desvela la hipocresía que desdeña a cuantos no pertenecen a una determinada clase. Esta familia, creada sobre la mentira, viene a simbolizar el drama colombiano, tipificado por una frase, posiblemente auténtica, de Escobar, acosado por el tratado de extradición a EE. UU.: “voy a invertir mi fortuna en hacer llorar a este país”. Colombia aparece simbolizada por el Crucificado.

Saga familiar, intriga, crónica social, desfile de personajes bien definidos, crítica moral. Laura Restrepo no sólo construye una bien diseñada trama, sirviéndose de los tiempos con extrema eficacia, sino que la novela, de rasgos folletinescos, se narra con un elaborado estilo, sentencioso en ocasiones, descriptivo, poético, fiel a la lengua hablada. Una excepcional novela que debemos recomendar.




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