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En nombre de Franco. Los héroes de la embajada de España en el Budapest nazi

Arcadi Espada (con la colaboración de S. Campos).

Espasa. Barcelona 2013. 272 p. 19'90 e. Ebook: 13'29 e.

RAFAEL NUÑEZ FLORENCIO | 29/03/2013 |  Edición impresa


Arcadi Espada. Asís G. Ayerbe

Si en las guerras se desata lo peor de la condición humana, también presentan la ocasión propicia para que surjan rasgos de compasión que, en tales circunstancias dramáticas, alcanzan el nivel de heroísmo, por cuanto suponen el riesgo voluntario de la propia vida para defender vidas ajenas. Son casi siempre héroes anónimos y pagan con su vida casi siempre. La II Guerra Mundial, por su carácter de conflicto total y exterminio masivo, fue uno de esos momentos idóneos para la aparición de un salvador providencial en medio del espanto más absoluto. ¿Y es imaginable mayor espanto que millones de hombres, mujeres y niños conducidos como ganado a los campos de concentración y las cámaras de gas?

Ese proemio invita a nuestra imaginación, forjada en la estética de Hollywood, a representarse un Gary Cooper, solo ante el peligro nazi. Pero la historia que aquí se cuenta se parece más a la de El hombre que mató a Liberty Valance. Tomo ambas referencias del propio autor, Arcadi Espada, que expone desde la primera página el problema de deslindar verdad y leyenda o, lo que es lo mismo, bucear en una realidad confusa y contradictoria, que no se ajusta a nuestros prejuicios. Aquí hay un héroe, en efecto, Ángel Sanz Briz que, al cargo de la legación española en Budapest, salva en el segundo semestre de 1944 a unos tres mil judíos de una muerte segura y atroz. Aunque más exacto sería hablar en realidad de un puñado de héroes, pues tal labor humanitaria no hubiera sido posible sin el concurso decisivo del personal de la embajada: Elisabeth Tourné, Zoltán Farkas, Cassio y Perlasca. Sanz Briz desempeñaba la máxima responsabilidad representativa al ausentarse el embajador Muguiro en mayo de 1944.

Ángel Sanz Briz (Zaragoza, 1910-Roma, 1980) era un diplomático franquista. En el Madrid asediado de la guerra civil había actuado de quintacolumnista salvando a muchos opositores a la República. En la capital húngara hará lo propio, en mucha mayor medida, con los judíos que huían del acoso nazi. Por complejos avatares personales y políticos esta labor quedaría velada durante mucho tiempo, hasta tal punto que el reconocimiento que le otorgó el Estado de Israel en 1966 como “justo entre las naciones” quedaría silenciado públicacamente por orden expresa del Estado español. Hasta ahí la historia conocida, mucho más conocida desde que el éxito internacional de La lista de Schindler llevó a descubrir a múltiples Schindler en distintos países y circunstancias. Lo que el libro de Espada aporta y subraya es que Sanz no actuaba por su cuenta, en contraposición a esa historiografía canónica que caracteriza al franquismo con los mismos elementos -entre ellos, el racismo y antisemitismo viscerales- de otros movimientos fascistas en general y del sistema hitleriano en particular.

Con una prosa brillante y una hábil amalgama de ironía, anécdotas viajeras y reflexiones personales, Espada desentraña una realidad más compleja: los miembros de la embajada española en Budapest actuaron “en nombre de Franco”. El autor pone en ello tanto énfasis que titula así el libro. O sea, que fueron héroes, pero también franquistas y actuaban además en nombre del régimen. Es verdad que esta protección matizada de judíos nunca fue para el franquismo cuestión humanitaria sino resultado de un cálculo político en unos momentos difíciles en que el dictador ensayaba equilibrios para sobrevivir. En este sentido, la protección de los sefardíes era un as en la manga. Pero eso no anula lo esencial, y lo esencial en este caso son hechos contundentes: si el que salva una vida, salva el mundo entero, ¿qué decir de quien logra salvar miles?

El problema en el caso Sanz Briz fue que un italiano que se refugió en la embajada, Giorgio Perlasca, se convertiría con el tiempo en una sombra que difuminó y hasta mancilló la labor del español. Perlasca participó en el salvamento de judíos pero luego quiso capitalizar en exclusiva esa ingente tarea, difamó a Sanz Briz y se presentó como el héroe solitario. Tanto éxito tuvo en su campaña que hasta ahora la suya era la versión oficial de lo que allí ocurrió. A desmontarla, restituyendo a Sanz Briz lo que en justicia le pertenece, se aplica con denuedo Arcadi Espada en este libro apasionante.




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