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Rafael Argullol

“Soy antimafioso y antibárbaro, por eso estoy contra el poder”

"Ya he tenido suficientes explicaciones en el transcurso de mi vida. Ya he sido demasiado prisionero de ellas. No quiero más”. Tras seis años de trabajo, el filósofo, novelista y poeta Rafael Argullol (Barcelona, 1949) acaba de soltar lastre y de volver a vivir "con la ventaja de haber vivido". ¿El resultado? Visión desde el fondo del mar (Acantilado), un gigantesco cuaderno de bitácora, autorretrato sin pudores ni nostalgias, con mucho de libro de viajes geográfico y sentimental, que estos días ve la luz.


NURIA AZANCOT | 17/09/2010 |  Edición impresa


Rafael Argullol. Foto: Tamara Djermanovic

Exhausto pero feliz, Argullol recuerda ahora que fue la muerte de su padre, hace seis años, el desencadenante de un inmenso proyecto que se desborda a lo largo de más de 1.200 páginas:

“Sí -recuerda-, cuando él murió sentí que había llegado el momento de enfrentarme a mi propia vida. Era el momento justo: el suelo se tambaleaba, pero al mismo tiempo la tristeza me daba una enorme libertad para indagar en mí mismo y en el mundo”. Se trataba, dice, de sobrevivir dejándose engullir por la memoria y el tiempo, de “navegar, o naufragar, en los recuerdos, como el viejo marino que se deja arrastrar por el remolino sabiendo que sólo cuando llegue al fondo, éste le empujará hacia arriba y le salvará”. Tras “años de escritura monotemática, obsesiva”, acabó por descubrir que él era el peor intermediario, “el más cruel”pues “el problema son los mediadores y a veces el controlador, el terrible censor no está fuera sino dentro, y te engaña”.

Recolector de sí mismo
Sin máscara alguna, Argullol asegura que Viaje desde el fondo del mar no es una autobiografía sino “un intento de arrojar una mirada micro y macroscópica sobre el mundo” que le permite “retroceder al genoma o recordar el último segundo de la final de baloncesto de las Olimpiadas del 72”. Se siente un recolector de sus propios fragmentos, que recompone para “explicarme a mí mismo pero a través de experiencias propias y ajenas”.

-Una de las claves del libro son unas gotas de saliva que le relacionan con una mujer de Oriente Medio de hace 50.000 años, y con un caballero de hace 35.000, el hombre de Cheddar, que comparte nombre con un queso y es el resto humano más antiguo de Gran Bretaña...
-Sí, el primer capítulo está basado en un hecho real: en junio de 2008 envíe unas gotas de mi saliva a una empresa islandesa especializada en descifrar los códigos genéticos de sus clientes. Estaba emparentado con esa mujer de Oriente, con el Hombre de Cheddar,con los hombres de las cavernas de Lascaux... Fue como reencontrarme con Adán y Eva, y, al mismo tiempo, una manifestación de nuestra enorme fragilidad, de hasta qué punto somos una anomalía admirable y misteriosa en medio de la nada.

-Ahora que menciona la fragilidad, hace tiempo aseguró que Europa era una cáscara vacía: ¿cambia la perspectiva desde el fondo del mar?
-Me temo que no, que hoy más que nunca la Europa de los financieros, los funcionarios y la burocracia es una cáscara vacía, porque ha renunciado a sus valores humanistas e ilustrados, a ser y trasmitir cultura. Ahora más que nunca el hombre necesita unas coordenadas que no tiene, necesita un vínculo con la verdad. Ya no existen certezas absolutas, pero lo que no se puede hacer es tener miedo a la palabra excelencia o verdad.

-¿Y no es posible recuperar el espíritu de la vieja Europa?
-No sólo es posible, sino que es vital, porque nos lo jugamos todo. Cuando me preguntan si soy de derechas o de izquierdas siempre respondo que soy antimafioso y antibárbaro. Antimafioso, porque estoy contra el poder, y antibárbaro porque defiendo la cultura y la civilización cuando parece que la barbarie se ha convertido en un sistema normal de vida cotidiana. Europa no puede ser sólo una fórmula burocrática y financiera, tiene que volver a integrar su tradición humanista. Me siento muy europeo, pero odio su vaciedad y su mercantilismo.

Desorientación absoluta
-¿El auge del nacionalismo no dinamita en realidad la esencia misma de Europa?
-Desde luego. Lo lógico sería lograr una unión paneuropea que olvidase las mezquindades provincianas de todo signo. Tenemos que desarticular prejuicios y miedos, porque en el fondo necesitamos y queremos lo mismo en Toulouse y en Jaén. Viajamos mucho, pero cada día surgen nuevas posiciones centrípetas que parecen invitarnos a encerrarnos en nuestros pequeños mundos y a desconfiar y odiar los ajenos, en lugar de enriquecernos mutuamente.

-¿Se puede sobrevivir a la desorientación absoluta que también describe en el libro?
-Sí, estamos en pleno movimiento pendular y sentimos que es necesario un cambio trascendental. Existe la sensación de una espantosa trivialización y banalidad que se manifiesta en unos políticos muy mediocres que retratan a una sociedad también mediocre. La caída de las utopías del siglo XX ha sido trascendental, porque la gente tiene miedo a formular sus deseos, pero esa trivialidad puede y debe colapsarse también. La democracia no puede consistir sólo en llenar unas urnas cada cuatro años.

Recuerda Argullol que, a lo largo de estos años, cuando sus amigos no escritores le preguntaban por su monumental libro, les contestaba de acuerdo a sus oficios. Así, al ingeniero le decía que era “la construcción de un puente”; al médico, que intentaba “establecer un diagnóstico y una terapia”; al jugador, “que era una apuesta”, y al periodista, que tenía en cuenta “las noticias del mundo”.

También sus naufragios íntimos, aunque en Viaje desde el fondo del mar no hay “odios ni resentimientos”. Ni siquiera contra la banalidad de nuestra clase politica y de nuestra sociedad.

-España -afirma el filósofo- es hoy una mezcla de exhibicionismo y frivolidad: te sientes juzgado por quienes no tienen derecho ni autoridad, mientras triunfan programas de televisión de voyeurismo social. Sólo importa la fama inmediata y el dinero...

Víctimas del nuevo riquismo
-Precisamente es catedrático de Humanidades en la Pompeu Fabra: ¿de verdad los jóvenes españoles son los peor preparados de la historia?
-Sí, los chicos llegan muy mal preparados, pero porque tienen malos maestros. Este verano hemos sabido que ninguna universidad española se encuentra entre las 200 mejores del mundo y a nadie parece importarle, empezando por el propio Ministerio. En cuanto al nivel de los alumnos, sería extraño lo contrario con el clima de nuevo riquismo de los últimos veinte años. Han crecido en una sociedad que convirtió en héroes a los especuladores, no a los científicos ni a los creadores o los sabios, sólo a gentuza.

-Hace unas semanas Mario Vargas Llosa hablaba en El Cultural de la codicia como la causa de los males del mundo... ¿la ética no plantea alternativas válidas, más allá del buenismo?
-En mi libro, ya ha visto, no hay demasiado buenismo: he conocido y me moriré conociendo codiciosos pero sé y defiendo que hay que ponerles coto para que exista una democracia verdadera y libre.

-¿De verdad es el pensamiento el que mueve el mundo, y no la especulación?
-Estoy convencido. Cuando consideramos la historia del mundo vemos que las grandes creaciones no tienen nada que ver con la codicia o la sumisión. Si pensamos en lo que nos diferencia de los animales, que apenas es nada, recordamos a Shakespeare, no al potentado de su época: el espíritu es dedicación a través de los milenios y debemos saberlo, transmitirlo y defenderlo, debemos hacer que la vida sea real, no simple fast food, porque lo que queda, lo trascendental, son los creadores de cada tiempo, no los Lehman brothers de turno.

-¿Cómo surgió la idea de la web del libro, en la que se ofrecen tres vías de acceso, territorio y conceptos, fotografías y vídeos? Porque hay quien cree que la pantalla es sinónimo de estupidez...
-Yo no estoy de acuerdo. Verá, escribí el libro a mano porque necesitaba sentirlo casi físicamente, pero la web no es una simple traducción visual de lo que estaba escribiendo, sino un documento paralelo que lo complementa y enriquece. He pasado tres o cuatro meses buscando fotos, documentos, entradas...

La conversación serpentea entre recuerdos y conceptos. Argullol está contento. A fin de cuentas, sólo al llegar al final del Viaje... “recogerás los frutos. Tendrás tu merecido. No hay más. Pero es mucho. Y ahora brindemos”. Por supuesto: ¡Salud!





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