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Voltaire. Cuentos completos en prosa y verso

Voltaire

Traducción y edición de Mauro Armiño. Siruela, Madrid. 2006. 929 págs, 36 euros

Cuando asistimos al éxito del libro de entretenimiento, también se edita, por fortuna, a Voltaire (François-Marie Arrouet, 1694-1778). Su aportación al avance de la civilización se resume con facilidad: los escritos del irreverente francés permiten entender mejor la naturaleza humana. Gustan además por el uso claro y directo de la lengua, base de un estilo apto para la expresión matizada, por la ironía con que considera la conducta del hombre, su sabiduría, el humor, incluso la picardía.


GERMÁN GULLÓN | 08/06/2006 |  Edición impresa


Voltaire

La heterodoxia del pensamiento volteriano reconforta a quienes se dedican a las letras en los tiempos del mercado. Es arte y, a la vez, una profunda indagación del misterio de la existencia. El aspecto mismo del tomo nos purga del empacho producido por las pilas de volúmenes con cromos de portadas, donde iglesias y misterios se exhiben ominosos. Este Voltaire representa lo opuesto, la posibilidad de entender en qué consiste ser hombre. Encontramos en estos cuentos de la Ilustración la voz de un autor que cumple la misión fundamental de la escritura literaria: poner en palabras las intuiciones racionalmente controladas y dirigidas a la búsqueda de las verdades del hombre.Voltaire, como Goethe, fue genio por su entendimiento de lo humano, el poder de su estilo, y porque conjugaba sus saberes científicos con los culturales. Años después, los modernistas desdeñarán la lección volteriana sobre la necesidad de conocernos a nosotros mismos; la literatura devino entonces arte de la palabra.

El tomo reúne los cuentos completos de Voltaire, incluidas las famosas novelas cortas, como “Zadig, o el Destino” (1747), “Cándido, o el optimismo” (1759) o “El Ingenuo” (1767), y algunos relatos en verso. La edición y traducción de Mauro Armiño ofrece los textos en una versión limpia y ajustada al original en las prosas; las traducciones de los cuentos en verso son menos literales y están basadas en las de M. Domínguez (1879), como se constata. Todos vienen espléndidamente anotados, utilizando bien la información extraída de ediciones francesas.

El volterianismo ha sido siempre sinónimo de transgresión, de libros incluidos en el índice de Libros Prohibidos de la Iglesia. Y con razón, porque Voltaire fue un espíritu irrespetuoso, uno de los filósofos que, junto con D' Alembert, Diderot y Rousseau, entre otros, se dedicaron a redactar La Enciclopedia, que sustituía como fuente de conocimiento a la Biblia por los estudios científicos. Voltaire además criticó con humor a la cultura francesa y sus instituciones, lo que le valió la cárcel y el exilio. Fue también un ideólogo de la Revolución francesa (1789), precisamente por su oposición al antiguo régimen. Su labor en el terreno histórico ofreció una destacada novedad, que incluía más apreciaciones culturales que políticas. Su obra artística conoce dos vertientes, la teatral, menos novedosa, y la narrativa, entre la que se encuentran los cuentos aquí editados, que resultan de suma originalidad.

El lector se encontrará desde el primer cuento, “El mozo de cuerda” (1714), de apenas cinco páginas, con la mente de un narrador agudo, que busca contar una historia ejemplar: La del mísero tuerto que cuando se emborracha tiene dos ojos y una bella amada. Retoma la temática de El Quijote, donde la imaginación humana ejerce el poder de redimirnos de la cruda realidad. Allí aparece también el Voltaire profanador, pues el agua que despierta al tuerto es la traída de una mezquita cercana. Los temas orientales aparecen en numerosos cuentos, en parte porque Las mil y una noches, traducido por entonces al francés (1704-1717), ejerció una enorme influencia en su época, y forman como la planilla básica sobre la que Voltaire los elabora. El estilo directo y las observaciones sobre los sentimientos y la conducta humana completarán su innovadora concepción del cuento. Lo define así en otro relato importante, “El toro blanco”: “Quiero que un cuento se base en la verosimilitud -habla un personaje-, y que no parezca siempre un sueño... ” (págs. 679-680).

De entre sus títulos célebres, “Cándido, o el optimismo” sigue siendo el más atractivo. Tiene un mucho de anticuento a lo Rabelais, de novela picaresca y de Cervantes, por el tono burlón del narrador y por la multitud de vueltas del argumento. Nos lleva del momento en que Cándido hace el amor con la bella Cunegunda al final cuando, por fin, se reúnen, y ella es una mujer fea. La obra se propone desdecir la idea de Leibnitz de que vivimos en el mejor de los mundos. Años después se publicaría póstumamente una obra de Diderot (1713-1784), Jacques le fataliste , donde se narra una historia de amor parecida. Las huellas de Voltaire se perciben por todo el XIX español; las reconocemos en Tristana, de Galdós, donde la joven protagonista acaba como Cunegunda, haciendo de repostera. No es fea, pero le falta una pierna. Son ambas un alegato de que el optimismo humano conoce numerosos límites. “Trabajemos sin razonar, dijo Martín; es el único medio de volver soportable la vida” (pág. 285).

Otro texto esencial, “El ingenuo”, aborda las relaciones existentes entre la naturaleza humana, los sentimientos y el interés de las gentes. Su lectura desvela la necesidad de aprender tanto de los libros como de la escuela de la vida, porque si sólo hacemos lo dicho en los primeros seremos unos ingenuos, pues los deseos humanos nunca se conforman con la teoría. Voltaire explicaba así la dificultad de llevar las ideas teóricas a la práctica, ataque velado a la Iglesia, y muy concretamente a los jesuitas, que reconocía en la práctica lo que negaba en voz alta.

Nuestra percepción del mundo está cambiando con celeridad, y por ende la representación del mismo en la obra de arte. Nunca después de la Ilustración, la época de Voltaire y Goethe, la ciencia y la cultura tuvieron mejor ocasión de colaborar. Hoy sabemos mucho de los condicionamientos genéticos del hombre, leyendo a Voltaire aprendemos a entender al ser humano, de hecho, nunca estuvimos tan cerca como entonces de hacer un mapa completo de su modo de pensar, de sus sentimientos, de sus relaciones sociales.

Un par de apuntes sobre la traducción. Mi preferida de “Cándido” sigue siendo la realizada por Leandro Fernández Moratín, debido a su riqueza léxica y sintáctica. La de Mauro Armiño es una variación bienvenida, que moderniza la puntuación, aunque el abundante uso del punto y de la coma en vez del punto conserva el estilo epocal, un poco rígido. Mas lo importante es que Voltaire merece ser recuperado por nuestra cultura, y que sus cuentos críticos suponen una alternativa a los predominantes en España, los literarios.




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