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Gustavo Ott

“La Caracas violenta asusta al público”

ITZÍAR DE FRANCISCO | 31/07/2003 |  Edición impresa


Gustavo Ott

Es el máximo exponente de la dramaturgia venezolana, punta de lanza de un teatro que no consigue llegar al “lado de acá”. El caso de Gustavo Ott es una excepción. En Madrid ha estrenado Divorciadas, evangélicas y vegetarianas, Gorditas, Nunca dije que era una niña buena y Passport. El pasado mes de mayo se representó en Valencia su Bandolero y malasangre y el 6 de agosto se estrena en Ensayo 100 Fotomatón: Cachondeo nacional en 2 tiempos, dentro del Ciclo Iberoamericano de las Artes.

-¿En qué consiste Fotomatón: Cachondeo nacional..?
-Fotomatón nos presenta un panorama gracioso, enternecedor y patético de la familia actual. En él pasas de la comedia al drama más personal, de la risa corrosiva a las lágrimas. Nos recuerda quiénes somos, los prejuicios que desplegamos con alegría y ese sentido de fascismo cotidiano de nuestros actos más sencillos.

-¿Qué temas le interesa reflejar a través de la escritura teatral?
-Escribo sobre toda situación que tiene potencialidad de metáfora. Si el espectador la entiende, vamos bien. Si no, he fracasado. Mis temas están vinculados también a esa relación entre el éxito y el fracaso, el poder, la amistad, los prejuicios, el odio y ahora, con miedo, el tema de Dios. Toda gran pieza toca ese tema y ando detrás de esa gran obra. Hago muchas comedias, me gusta el teatro comercial -el que hace dinero y lo hace bien, inteligentemente, con las más poéticas concesiones posibles- pero también hago un teatro de arte duro, sin contemplaciones, a quemarropa.

-¿Se siente representante de la escritura de su país?
-Mi teatro es de Venezuela, no solo en lo que escribo, sino mi compañía y el Teatro San Martín de Caracas, una institución ubicada en una de las zonas más pobres de la ciudad. Me gusta que se note en mi obra la influencia de Santana, Chocrón y Chalbaud. Mis paisajes son Venezuela y Latinoamérica. Venezuela es mi dolor, ese sitio donde políticos y funcionarios hablan sólo del poder, de cómo utilizarlo para su beneficio mientras la agenda de la gente es un tema inédito. Mi nación es un concierto de oportunidades perdidas. Si no generamos una poesía dramática al respecto, seremos unos inútiles.

-¿En qué situación se encuentra el teatro en Venezuela?
-Nuestro teatro se descapitaliza ya no sólo de dinero -que define las carteleras- sino de artistas, lo que funeralmente tiende a definir toda una época. La violencia que se vive en las calles de Caracas arrinconan la noche y al espectador en sus casas, a sus televisores, a lo peor de sus vidas. Vivir en Caracas es una de las experiencias solitarias más peligrosas.




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