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Edición impresa |  ARTE

Pep Agut, visión y lectura/imagen y palabra

¿Es legal tu mirada?

Helga de Alvear. Doctor Fourquet, 12. Madrid. Hasta el 7 de mayo. De 18.000 a 32.000 euros

  • Resultados:

José MARIN-MEDINA | Publicado el 24/03/2005

Las exposiciones de Pep Agut no son las habituales presentaciones y puestas en valor de unas obras, sino obra misma, una obra en sí pero que no constituye una instalación, sino una especie de mecanismo reflexivo o disposición para acometer una acción. Esa acción o experiencia artística se establece y desarrolla siempre en torno a una cuestión medular: los límites del espacio de la representación, para -como Agut dice- “volverlo del revés” y hallar un sitio en el que poder “generar nuevas representaciones del mundo”.

Esta exposición es, pues, la definición de un lugar, la determinación de un centro donde tratar de hacer más claros ciertos caracteres genéricos y diferenciales de la representación artística. Para definir el lugar el artista se ha servido, por una parte, de un conjunto de frases —unas pintadas; otras “recortadas” sobre grandes vidrios que hacen de tableros de un agregado de mesas modulares-; de otra parte y para articular su discurso, se sirve asimismo de los propios espectadores, invitándonos a entrar en relación activa con la obra en calidad de “actores secundarios” que, para leer sus textos, “conversar” con el autor y cuestionarnos si es legal nuestra mirada -como pregunta el título de la exposición-, hemos de circundar los grandes contornos de su mobiliario, leer las frases escritas, ocultas y reflejadas por encima y por debajo de sus planos de cristal, y relacionar unas piezas con otras, implicándonos en el juego de pensamiento que Pep Agut se plantea y nos propone. De esta manera, ese juego crítico -que trata del actual estado de la cuestión visión/lectura, imagen/palabra en el proceso del artista que es un proceso de depuración- se convierte en “cosa expositiva”, que abarca aquí escritura, muebles, planos de vidrio, color, luz y reflejo, espectadores, lugar actual y tiempo de hoy.

La escritura, los textos corporeizados, son las imágenes “primeras” de la experiencia perceptiva en que radica esta propuesta, y remiten al arte conceptual, en su corriente lingöística, que Pep Agut (Terrasa, 1961) conoció bien en sus años vividos en Colonia, de 1988 a 1991. Pero la peculiaridad de su discurso en relacionar críticamente imagen y palabra, visión y lectura, arte y lenguaje y, especialmente, lenguaje y poder, lo incluyen en la línea de esa tradición posmodernista que en la segunda mitad del siglo XX hizo pasar la práctica del arte -en palabras de Rosalind Krauss- “de lo icónico a lo indéxico” (de la imagen al signo) y, sobre todo, lo vincula con el estructuralismo de Michel Foucault, denominado certeramente “un estructuralismo sin estructuras”. Para Agut, al igual que para Foucault, “el poder -es decir, el saber/poder- funciona esencialmente a través del lenguaje”. Así, las cuestiones que el artista plantea en esta “exposición” son de clara orientación foucaultiana y arrancan expresamente del principio demoledor “Hablo, miento”. Por esta senda, la expresión artística constituirá -en palabras de José Lebrero Stals- “un fracaso del lenguaje del decir”, y la obra de arte resultará “incapaz de transmitir verdades sin paliativos”. En consecuencia, Agut proclama sobre los grandes vidrios de esta propuesta la eficacia de la luz y del silencio, escribiendo: “Cambia, la verdad cambia, abrumada por la luz”, y “Del silencio, háblame del silencio”. La luz que aquí se declara es la del intenso rigor conceptual que el artista ejercita, y también es la misma luz física que cae sobre los textos y los proyecta a diferentes planos de las mesas que los soportan y del suelo mismo de la galería. ¿Y el silencio? Pep Agut pide: “Háblame del silencio. Lo encontrarás en las migajas bajo la mesa”. Esas migajas de verdad silenciosa, secreta, todavía no escrita ni codificada, alimentan el derecho del artista -y del hombre- al rechazo de la confusión, a la disensión, a pensar “de manera otra” y al intento de “creación de libertad”. Aquí radica la eficacia política de los proyectos o “genéricos” de Pep Agut.

A su vez, las formas elementales, modulares, y la depuración del diseño mobiliar -el mural de vidrio y las mesas de madera, de factura potente- refieren la obra de Pep Agut al posminimalismo, dentro del giro “histórico” que a finales de los ochenta experimentó el arte español desplazándose de afecciones cálidas -en especial, la neoexpresionista-, a sensibilidades frías, controladas, mecánicas, contrarias al entusiasmo del aura artística, hasta el extremo de no intentar rehuir al planteamiento de la pregunta “¿pero esto es arte?”. De ahí, la sencillez extrema de las formas y la deliberada ausencia de contenido expresivo de estos objetos, cuya composición geométrica, altamente simplificada, permite expresar las calidades puras de los materiales y el color, la funcionalidad del diseño y la calidad arquitectónica, fluyente (dentro/fuera, encima/debajo, suelo/pared...) del espacio, denotando la consistencia del trabajo y su dificultad de lectura.





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Adiós a la pasión. Gracias, Steve.

Vista de la exposición. En primer plano "No me digas tu nombre", 2004