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Arte  Pintura

Escaleras pintadas

Centro de Cultura Contemporánea. Montalegre, 5. Barcelona. Hasta el 27 de enero

JAUME VIDAL OLIVERAS | 31/10/2001 |  Edición impresa


Salvador Dalí: Leda Atómica, 1947

¿Una exposición sobre la escalera? No por conocido y experimentado, el problema que plantea la escalera deja de ser fascinante: el paso de un nivel a otro significa de algún modo superar la fuerza de gravedad. Desplazarse de lo alto a lo bajo y viceversa, no es nada obvio. Obsérvese cómo la escalera transforma la distancia vertical en un plano inclinado descompuesto en escalones adaptados a la medida de un paso. Visto de este modo nos percatamos de la trascendencia de la escalera como uno de los “hitos” culturales del hombre, del mismo modo que lo puede ser la rueda, por ejemplo.

El diseño de la escalera no sólo implica un desafío técnico, significa una cuestión cultural en un sentido amplio. La escalera es también arquitectura, volumen, imagen, simbolismo, historia... Uno de los aciertos de la exposición es la de ofrecer una visión poliédrica sobre este tema. Con una escenografía impactante y eficaz, la muestra describe un itinerario por la escalera, complementado por diferentes y variadas aproximaciones. Así, la exposición integra pintura, literatura (citas de escritores sobre este tema), cine, maquetas, planos, fotografías, libros, escenografías, elementos lúdicos... Es algo más que una exposición de arquitectura, en ella se presentan diferentes miradas sobre la escalera.

El arquitecto y diseñador óscar Tusquets, comisario de la exposición, define el itinerario con trece tipologías de escalera (escalera de tramo recto, la que surge del muro, la de varios ramales, la de trazo curvo, la imperial, etc.). Por otro lado, entre otros asesores, el profesor Juan Antonio Ramírez ha seleccionado una serie muy cuidada de pinturas y dibujos, en la que se plasman estos diferentes modelos. Existe, sin embargo, una tipología predominante, aunque Tusquets no la describe explícitamente. Más aún, el auténtico núcleo de la exposición es la idea de la escalera como gran escenografía, como pirotécnica visual y espacial. Dos aspectos muy significativos determinan esta lectura: el primero es la presencia del cine (fragmentos de películas) con todas las connotaciones de espectáculo. El segundo es el mismo montaje de la exhibición -realmente espectacular- de manera que el visitante puede transitar por las diferentes tipologías de escalera a escala real. Si existe algún mensaje subliminal es el del gran espectáculo.

Pero esta idea de escalera responde también a una idea de arquitectura. Tusquets apunta en el catálogo que cuando una “escalera es bella, no deja de constituir una lúdica experiencia espacial”. Belleza, espacio y experiencia lúdica son términos ambiguos pero que expresan su ideal, no sólo de escalera, sino también de arquitectura. La exposición se titula significativamente Réquiem por la escalera, esto es réquiem por la escalera y por la arquitectura como gran espectáculo, como efecto, como divertimento... Nostalgia del arquitecto como estrella... Añoranza por la gran arquitectura. Y es que hoy en día, no hace falta decirlo, la arquitectura está banalizada, presionada por motivaciones económicas. El arquitecto no se enfrenta a cuestiones estrictamente arquitectónicas o a cuestiones formales, sino a presupuestos, programas... La arquitectura -aquella idea de arquitectura como arte, tal como la entiende Tusquets- no existe o no se prodiga en exceso. Curiosamente el texto en el catálogo de J. A. Ramírez se titula: “Escaleras pintadas (escaleras sin fin)”. En este caso no hay fin porque el mundo de Ramírez es la teoría, el imaginario, un universo ajeno al principio de realidad que sufre el arquitecto.

En todo caso yo le diría al señor Tusquets con toda su ambición de superstar a cuestas que no se preocupara. Siempre le quedará el recurso de escribir libros de ocurrencias alabados por la crítica y de realizar exposiciones capricho, espectaculares, escenográficas y lúdicas aplaudidas también por la prensa.





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