Edición impresa | ARTE
Abel H. POZUELO | Publicado el 09/11/2006
La primera individual de Pedro Barbeito (1969) en Pilar Parra es un jugoso ejercicio de nueva sintaxis pictórica y un complejo entramado intelectual y sensual donde nuestros ojos deben adoptar el código de las nuevas máquinas, los modos de ver que propician los omnipresentes ojos digitales. Por eso, al siquiera empezar a mirar uno de los nuevos lienzos, el desconcierto puede con el ansia de entender. ¿Qué hay frente a nuestros ojos? En medio de un entramado de colores vibrantes como espadas láser y retícula virtual, una suerte de escenario virtual como de videojuego estropeado, hay motivos que podemos reconocer someramente, referencias, representaciones figurativas. Un cebo nos conduce a un laberinto y los ojos comienzan a ver, no porque reconozcan figuras ocultas en un hábil juego óptico, sino porque distinguen que es pintura: sus capas, color y texturas que bailan entre lo matérico y saliente fuera de la superficie del cuadro y lo traslúcido, entre la aridez y compactación y la veladura más leve. Estratos y estratos de acrílico y, esparcidos por todos lados, claramente, pedacitos cuadrados aislados o reunidos en un pequeño bloque. Como señales de una fractura de sentido, interferencias digitales: píxeles de pintura.









Konga, 2006. Técnica mixta sobre lienzo