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Edición impresa |  ARTE

Pedro Barbeito, ojo, carne y máquina

Pilar Parra · Conde de Aranda, 2. Madrid. Hasta el 25 de noviembre. De 13.000 a 25.000 euros

  • Resultados:

Abel H. POZUELO | Publicado el 09/11/2006

La primera individual de Pedro Barbeito (1969) en Pilar Parra es un jugoso ejercicio de nueva sintaxis pictórica y un complejo entramado intelectual y sensual donde nuestros ojos deben adoptar el código de las nuevas máquinas, los modos de ver que propician los omnipresentes ojos digitales. Por eso, al siquiera empezar a mirar uno de los nuevos lienzos, el desconcierto puede con el ansia de entender. ¿Qué hay frente a nuestros ojos? En medio de un entramado de colores vibrantes como espadas láser y retícula virtual, una suerte de escenario virtual como de videojuego estropeado, hay motivos que podemos reconocer someramente, referencias, representaciones figurativas. Un cebo nos conduce a un laberinto y los ojos comienzan a ver, no porque reconozcan figuras ocultas en un hábil juego óptico, sino porque distinguen que es pintura: sus capas, color y texturas que bailan entre lo matérico y saliente fuera de la superficie del cuadro y lo traslúcido, entre la aridez y compactación y la veladura más leve. Estratos y estratos de acrílico y, esparcidos por todos lados, claramente, pedacitos cuadrados aislados o reunidos en un pequeño bloque. Como señales de una fractura de sentido, interferencias digitales: píxeles de pintura.

El coruñés es uno de los primeros artistas (finales de los 90) en centrarse en la relación entre imagen digital y pintura, en sus particulares construcciones y el modo de mirar que implica cada una y, finalmente, en el modo de representar pictóricamente todo el nuevo abanico de imágenes y modos de ver que los ordenadores, su software y hardware y, más aún, la Red, ofrecen. Primero pintó imágenes de lo telescópico y lo microscópico, de lo que el ojo humano no ve sin los ojos de la máquina. Obras próximas a la abstracción presentadas ya en formato ovoide o circular y un fondo de retícula, de videojuego. Después, su modo pictórico trató estampas de la historia de la pintura con especial interés por Velázquez y Picasso (dos revolucionarios de la mirada, del papel de la conducción de ésta en la representación). Aquí ya aparecían las diferentes capas superpuestas como en un programa informático de edición de imagen.

Esta exposición, titulada Us and Them, recoge la indagación y la consolidación del método de Barbeito en sus imágenes más complejas, ricas y barrocas. Cuadros que, además del ojo y la máquina, conectan también la carne y la máquina: la violencia, la irracionalidad animal en el hombre y la agresión están siendo televisadas. Como en la coctelera de fotones que son nuestros Media, aquí las fotos de los asesinos de Abu Graib se mezclan con vaqueros y comics de los 50, estampas bondage, gorilas raptando a mujeres, deportes y luchadores mexicanos y sus reconocibles máscaras.

Claro, el enmascaramiento. La pintura de Barbeito está enmascarada en sí misma y todo lo que nos muestra, tanto el conjunto de referencias figurativas como el propio sistema con que están configuradas y conectadas (el modo de componer la imagen pictórica, digamos), surge a ratos como a través de los poros de un pasamontañas. Pese a su sofisticación, las obras de Barbeito no parecen querer comentar esa realidad hecha de capas de información, iconografía diversa (y de diversas épocas), realidad y ficción. Como el ojo de la máquina sólo son un espejo turbio y pixelado en que mirarnos.





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