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Edición impresa |  ARTE

Candice Breitz en la Babel de las imágenes

Exposición múltiple

Comisario: Octavio Zaya. MUSAC. Avenida de los Reyes Leoneses s/n. León. Hasta el 2 de mayo

  • Resultados:

José MARIN-MEDINA | Publicado el 22/02/2007

Reafirma una vez más el MUSAC de León su compromiso con “lo contemporáneo absoluto” mediante apoyos a los artistas en la fase de consolidación de sus carreras, al organizar esta muestra a Candice Breitz, una de las figuras centrales en la práctica del arte que, recurriendo a la imaginería de la cultura pop, aborda las fisuras y diferencias irreductibles que se producen en los límites entre las cosas, y sobre todo entre consumo y cultura, afrontando de manera crítica el uso vigente de las imágenes/lenguajes como productos de las industrias mediática y del entretenimiento, para desvelar su ideología, sus métodos e intenciones ocultas. El comisario de la exposición, Octavio Zaya -que sigue la obra de Breitz muy de cerca-, ha elegido para titular esta muestra el modelo de multiple exposure, en el que el término exposure no sólo hace referencia a lo que se presenta públicamente (exposition), sino también a la acción de poner al descubierto, desenmascarar y denunciar; de otra parte, esa terminología alude al procedimiento fotográfico de la “exposición múltiple”, que tanta importancia tiene en la práctica de Breitz. ¿En qué consiste esta compleja y rutilante práctica? Del fastuoso conjunto de lo expuesto se desprende que Breitz basa su trabajo en cuatro constantes: aprovechamiento de la cultura global como fuente de material artístico (sobre todo, de imágenes y de sonidos); uso de la apropiación, la cita, la fragmentación y el montaje como procedimientos de trabajo; entendimiento del lenguaje como metáfora de comunicación social; e indagación sobre temas referidos a la inestabilidad de las identidades y a la violencia de las representaciones.

En cuanto a los materiales, esta fotógrafa y vídeoartista surafricana tiene preferencia por el cine comercial de Hollywood y por la música pop (vídeos musicales y recopilatorios), de cuyas imágenes y sonidos originales ella se apropia, apartándolos de sus formas narrativas habituales y de sus funciones estéticas características, y los somete a un sistema de fragmentación, remezcla y reorganización (a través del montaje) efectivamente creativas, que los dotan de una dialéctica incisiva. Mediante esa tarea de deconstruir y reconstruir las narraciones de la cultura audiovisual de masas -con la que se identifica el arte de hoy-, Breitz construye creaciones de signo muy diferente, que resultan ser tanto o más interesantes, apasionantes, divertidas, emotivas y poéticas que los productos de los que proceden.

Así lo atestiguan los cortometrajes de Soliloquy Trilogy (2000), que proceden de tres famosos largometrajes originales, cuyo metraje se ha cortado hasta quedar reducido exclusivamente a la duración que en cada uno de esos filmes tiene la presencia hablada de su respectivo protagonista. La primera sorpresa la produce el comprobar que el total del texto hablado por Sharon Stone en Instinto básico casi no pasa de 7 minutos; el de Clint Eastwood en Harry el Sucio, es aún más corto; y la aparente locuacidad de Jack Nicholson en Las brujas de Eastwick no alcanza el cuarto de hora. Resulta aún más chocante comprobar el sentido imprevisto que adoptan esos tres soliloquios en las nuevas películas, al estar montados por secuencias aisladas, que se producen a saltos -aunque sigan el orden cronológico del filme originario- y absolutamente incomunicativas, con lo que Breitz logra su propósito de evidenciar “hasta qué punto depende el lenguaje del contexto y de la comunidad para dotarse de significado”. En cambio, en Queen (Un retrato de Madonna) (2005), Breitz recurre a la diversión del karaoke y reúne a treinta jóvenes italianos, fans de Madonna, para que reinterpreten -a la manera de su “diva”- el recopilatorio completo The Immaculate Collection. La videoinstalación de treinta canales resultante constituye una alegre y prodigiosa Babel de imágenes y voces, que reconstruyen los perfiles mediáticos característicos de la cantante, al tiempo que la imitación de las calidades vocales, actorales y rítmicas de la “Reina” condicionan y se imponen sobre los respectivos perfiles de identificación personal de cada uno y del grupo de los fans, que acaban siendo “definidos por aquello que consumen”. Sobre el enfrentamiento del protagonista consigo mismo, y sobre las imitaciones libres que sus imitadores hacen sobre él, queda aún la alternativa de la mímesis o representación fiel que la propia artista hace de estrellas famosas de la pantalla grande. Así lo vemos en esa especie de instalación de instalaciones (7 instalaciones de 2 canales cada una, presentadas conjuntamente) titulada Becoming (2003), en que Breitz estudia y reproduce con exquisitez las expresiones, los tics y los despliegues emocionales de 7 actrices protagonizando otras tantas cintas famosas. La representación original y la re-exposición de Breitz se proyectan conjuntamente, emparejadas y sincronizadas a la perfección. La relación entre original y copia es admirable; sin embargo, se trasluce la incomodidad de la artista plástica en su esfuerzo de meterse en la piel de “el otro”, que en este caso es la actriz famosa.

Son sólo tres “muestras” de este rico conjunto de maravillas audiovisuales que cuestionan el mundo que vivimos: tres experiencias entre la imagen y el lenguaje, la verdad y el simulacro, la identidad y los medios de representarla.


Primera individual en España de Candice Breitz (Johannesburgo, Sudáfrica, 1972), que en 2002 se doctoró en Historia del Arte en la Universidad de Columbia (Nueva York), con una tesis sobre Warhol. A partir de 1999 centra su trabajo en instalaciones vídeo-sónicas. El Palais de Tokio de París o el New Museum of Contemporary Art de Nueva York, entre otros, han mostrado su obra. María de Corral la seleccionó en 2005 para su propuesta de la Bienal de Venecia, habiendo participado también en las de São Paulo y Johannesburgo.



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