El Cultural
El Mundo
  Búsqueda avanzada
Comparte: Imprimir Imprimir
Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Facebook
Compartir en Twitter Twitter
Compartir en Meneame Menéame


Edición impresa |  ARTE

Kcho, un arte en la encrucijada

Retrasando lo inevitable

Galería Marlborough. Orfila, 5. Madrid. Hasta el 10 de marzo. De 7.500 a 185.600 e.

  • Resultados:

José MARIN-MEDINA | Publicado el 01/03/2007

Llegó el último a la generación Nuevo Arte Cubano, de los ochenta -“década prodigiosa” del arte en La Habana-, y es hoy el artista joven de su país que más seduce en el circuito internacional, desde su participación en las bienales de Venecia, São Paulo, Johannesburgo, Sydney, Estambul, Kwang-Ju en Corea y la del Caribe en República Dominicana, hasta su representación en los grandes museos: MoMA de Nueva York, Colección Ludwig de Colonia, Jeu de Paume en París, Internacional de Arte Contemporáneo en Montreal, Reina Sofía en Madrid… En estos últimos quince años Kcho (Nueva Gerona, Isla de la Juventud, Cuba, 1970) se ha movido mucho y ha trabajado como un ciclón, como una borrasca de intuiciones fuertes y conceptos meditados, desarrollando su versatilidad sobre materias “pobres” que despiden la energía de lo usado, y sobre imágenes de urgencia, encabalgando poéticas diversas. En esa línea, su obra actual lo confirma como “artista en la encrucijada”, marcado con marchamo ardiente, abierto a sendas imprevisibles, pero vislumbrando que la orientación de muchas prácticas mira hoy a lo originario, lo caótico, lo plural, lo que está más allá del lenguaje, lo anterior inclusive a la disociación entre pensar y ser. Ya en sus inicios, cuando Kcho mezclaba en sus dibujos el grafito o el bolígrafo con su saliva, alentaba en él “lo sagrado” sin institucionalizar, sintiendo el arte y el mundo como prolongación del propio cuerpo. Luego, se le impusieron las realidades inmediatas (migraciones, identidad, idea de historia), y la adopción de un lenguaje muy constructivo, aunque de subrayado expresionista. Ahora, como dice el título de la exposición, este arte anda retrasando lo inevitable, a sabiendas de que lo que no puede evitar un artista de hoy temperamental y asilvestrado como él, es volver a la mística.

ése es el clima terso de esta exposición de arte de cruce, pero de horizonte preciso, el del mar, dominado por imágenes que a Kcho le gusta repetir: instalaciones poéticas -serie 3P E.D.Y.-, configuradas en forma de rosa de los vientos e integradas por barcas de chapa de hierro; esculturas de madera -serie R.E.C.- en forma de embarcaciones sin cubierta, configuradas o en curva extraña -como un bumerán-, o en zig-zag -símbolo de viaje permanente de ida y vuelta, o de huida sin camino fijo; y hay también fluyentes instalaciones de remos, como la del móvil Objeto luminoso. A esa temática Kcho añade ahora unas curiosas y deslizantes -¡pero demasiado obvias!- “instalaciones antropoformas” -serie La familia, de significado tan especial para los cubanos-, integradas por conjuntos de pulidas tallas de peces, que reviven la memoria del padre y del abuelo del artista, que fueron, respectivamente, carpintero y constructor de juguetes de madera. Todo ello, apoyado por los enérgicos dibujos -técnicas mixtas y sanguinas, de gran formato- que Kacho practica como “la manera natural de pensar”, hasta el punto de “vivir pensando y pensar dibujando”.

¿Permanencia de referentes en este entusiasta cruce de caminos? Pues sí; aquí refulgen la idea de “escultura construida” de Tatlin, la aspiración formal a lo absoluto de las síntesis de Brancusi, la mirada aérea de Calder y el visceral surrealismo caribeño de Wilfredo Lam. Y, además, tensa los dibujos con energía y una muy personal memoria del último neoexpresionismo alemán, con aciertos escalofriantes, como el del Autorretrato, cifra simultánea de final escatológico y retoma de origen.





Blogs, concursos y debates.


participa
To be continued... por Carlos Reviriego
El sadismo de Ricky Gervais
participa
Tengo una cita por Manuel Hidalgo
La negrura de Jonathan Swift
participa
El Incomodador por Juan Sardá
¿Por qué no Almodóvar?
participa
Rima interna por Martín López-Vega
Adam Zagajewski, en defensa de la experiencia
participa
participa
La columna de aire por Abel Hernández
El encanto de la historia, discreto también
participa
participa
Ondas de Choque por José Luis de Vicente
Eduardo Kac, el arte de la quimera
participa
Esceptrum por Antonio Fernández Ruiz
Adiós a la pasión. Gracias, Steve.

La familia (el padre), 2006. Madera.