DAVID G. TORRES | Publicado el 08/03/2007 | Ver el número en PDF
Segunda exposición de Bruno Peinado en ADN, ahora en colaboración con Virginie Barré. Bruno Peinado es uno de los últimos fenómenos del arte francés, con exposición individual en el Palais de Tokyo incluida. Ambos recuperan la tradición del ready-made y el ensamblage de objetos en un caos que quiere reflejar la globalización y la hibridación de culturas. Elementos propios de una cierta tradición cultural francesa: no sólo el collage, también la voluntad integradora de diferentes referentes culturales. En Dreamcatcher, Peinado toma la referencia de los emblemas que utilizaban los indios Chippewa para garantizar felices sueños, ahora llenos de iconos deportivos y logos; y en Still Dancing on John Waynes head unos perfiles de indios forman un logo publicitario con luces de neón detrás. Virginie Barré en sus dibujos también utiliza la imagen de los indios norteamericanos, aquí insertada en diseños de la Bauhaus; y dos muñecos que representan al antiguo director de la escuela alemana, Oscar Schlemmer, con peinados indios. ¿Choque de culturas? ¿Global vs local? O cómo la cultura global y mercantilista es capaz de asumir todos los signos y cambiar los significados. La cuestión estaría en saber si Virginie Barré y Bruno Peinado lo denuncian desde un supuesto purismo cultural o lo celebran a lo Andy Warhol. Claro que Warhol, ademas de retratos de Marilyn, también mostraba la silla eléctrica, imágenes de consumo del mismo globo global... hace cuarenta años. Quizá la clave está en otro sitio. En una serie de vidrios de colores de Peinado golpeados en el centro, sobre bastidores y repartidos en la sala. Ataque al monocromo, a la abstracción, a la capacidad significativa del arte o, tal vez, reivindicación de la imagen y la especulación formal.
Still dancing on John Waynes head, 2007