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Lunes, 01 de septiembre de 2014
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Los comisarios, cara a cara

Paulo Sergio Duarte y Moacir dos Anjos

Dos son los comisarios que presentan el arte de Brasil. Paulo Sergio Duarte y Moacir dos Anjos hablan con David Barro sobre un modo de selección insólito: primero han elegido a los artistas y, de ahí, a las galerías que los representan.


DAVID BARRO | 14/02/2008 |  Edición impresa


D os maneras distintas de mirar. Dos temperamentos diferentes para trabajar en un objetivo común: divulgar una imagen fiel de lo que sucede en el arte brasileño actual. Son Moacir dos Anjos y Paulo Sergio Duarte, comisarios de Brasil como país invitado en este ARCO 08. El primero, de andar y mirada tranquilos, activo y silencioso a un tiempo; el segundo, más directo en sus aseveraciones y comentarios. Ambos proceden del campo teórico, aunque han tenido una intensa labor en el ámbito de la gestión de museos, espacios e iniciativas y son capaces de crear puntos de inflexión. Ahora, en medio de ese otro mundo artístico que es el comercial, tratan de buscar que esa forma de mirar continúe siendo tensa, reflexiva.

-Han buscado presentar el arte brasileño de un modo no estereotipado, tratando de liberarse de unos presupuestos que no encajan con una producción como la brasileña actual, caleidoscópica, abierta y expandida en distintos medios y actitudes. Aún así, ¿se podría hablar de un arte brasileño singular, específico?
-Moacir Dos Anjos: Creo que es preciso evitar esa idea de que ya no existen particularidades en las producciones nacionales ni las nociones esenciales de identidad. Entre la sumisión completa a una cultura capaz de homogeneizar todo y la reivindicación intransigente de una tradición inmóvil, existe un intervalo de recreación de lo local que no debe reducirse a ninguno de esos polos extremos. En ese contexto, creo que las singularidades del arte brasileño reciente derivan de la mezcla de tradiciones diversas, internas y externas. Por un lado, los jóvenes artistas del país poseen un fuerte sentimiento de pertenencia a una genealogía interna que, en función de procesos de legitimación ocurridos en las últimas décadas, está marcada por el concepto de antropofagia y por la tradición experimental, cuyo marco inicial es el movimiento neoconcreto. Por otro lado, es en los noventa cuando se consolida ese sentimiento y se comienza la inserción cada vez más precoz de aquellos artistas en el medio internacional de arte. Entonces se produce un marcado sentimiento de afinidad externa que los conduce a asociar sus obras también a lo que es creado en otros lugares. La articulación de esas tradiciones aproxima elementos que, en otros contextos, se vuelven antagónicos y se repelen, y son esos intercambios los que conceden un ‘acento’ peculiar para la producción de las artes visuales del país.
-Paulo Sergio Duarte: Yo creo que desde los años setenta, el mejor arte contemporáneo brasileño está marcado por lo que podría ser denominado una poética de la reflexión. Se trata de un arte que sin huir del rigor conceptual se manifiesta con contundencia plástica. En eso se identifica bastante con el mejor arte contemporáneo alemán o italiano y menos con el francés o el anglosajón. Otra marca es que no encontramos el neopopulismo demagógico que banaliza la micropolítica en trabajos que piensan que se justifican solamente por sus “temas”, por lo que cuentan, sin ningún esfuerzo por su apariencia, su formalización. En Brasil no florecen los trabajos de las bienales y grandes muestras internacionales. Creo que la poética de la reflexión se impone como paradigma; entre los dos polos del arte contemporáneo -“el espectáculo y la delicadeza”-, Brasil presenta un conjunto de obras muy importante.

Sobre los estereotipos
-La entrada del artista brasileño en la escena internacional ya no necesita pasar por todo el simbolismo ligado al exotismo, porque se está imponiendo como mercado. ¿Creen que se verá ese interés de Brasil como valor en alza para los mercados internacionales?
-P.S.D.: Creo que la inserción de Brasil en el panorama internacional se dio primero de forma lenta y progresiva, gracias al trabajo de artistas pioneros que nunca contaron con el apoyo público o privado. A partir de los años ochenta diversos artistas trazaron inteligentes estrategias de inserción de sus trabajos en instituciones y esto fortaleció la visión de los trabajos, pero sólo ahora ha comenzado un verdadero reconocimiento de las contribuciones originales de Brasil a la historia del arte del siglo XX.
-Por primera vez en la selección del país invitado se valora antes el arte y a los artistas que al propio mercado, seleccionando primero a los artistas y después invitando a las galerías que los representan...
-P.S.D.: Es el único camino para un crítico y comisario. ¿Cómo va un crítico a elegir una galería, que representa a decenas de artistas, y dejar que sea ella quien seleccione a los artistas que van a representar el país? Sólo existe esta manera: seleccionar los artistas y, por tratarse de una feria, vincularlos a sus respectivas galerías. Y digo más: indicar artistas sin galerías y negociar con las galerías para que los representen en el homenaje a Brasil en la feria.
-Efectivamente es un proceso lógico, pero es indudable que esto genera unas diferencias con respecto al método habitual...

Gran amplitud generacional
-M.d.A: El cambio principal de procedimiento adoptado fue que hemos optado por escoger a los artistas brasileños vivos que a nuestro juicio, y dado el espacio físico disponible, serían indicadores de la excelencia y de la diversidad del arte producido en Brasil. A partir de esa lista de artistas invitamos a las galerías que los representan. Así llegamos a una gran variedad, no sólo en los medios creativos sino también a una amplitud generacional y de procedencia geográfica que tal vez no existiese si hubiésemos seleccionado simplemente las galerías brasileñas mejor posicionadas en el mercado internacional. Aunque debe quedar claro que en nuestra elección no existió la pretensión de presentar un panel completo ni definitivo de la producción brasileña. El resultado final es sólo un recorte entre los posibles, porque el arte contemporáneo brasileño es mucho más diverso de lo que un evento como este puede representar.
-Si algo resulta característico del arte brasileño es que, en su interés por estrechar la relación arte-espectador, los artistas resolvieron generar modelos de integración y participación a partir de la experiencia sensorial. ¿Es por eso que buscaron traer a la feria manifestaciones que no predominan en estos ambientes comerciales, como las performances?
-M.d.A.: Pero no para contrariar el ambiente comercial de la feria, sino por el interés en exhibir la diversidad de la producción contemporánea brasileña. No sólo tuvimos el apoyo de ARCO sino que fuimos sorprendidos por la creación de un segmento exclusivo para ellas. Además, es verdad que hay una nueva generación de artistas que se dedican a las performances, ecos o influencias de la tradición a la que se refiere.




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