Críticos, coleccionistas y artistas nos dan las claves de la convocatoria más difícil de la feria en la que el arte indio luchará contra los malos augurios
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ARTE
Arco no existe
La mirada del artista, por H. Cabello / A. Carceller
Especial ARCO 2009
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| Publicado el 13/02/2009
Este año son Helena Cabello y Ana Carceller las artistas que ofrecen su particular visión de una feria como ARCO. Encontramos sus últimas producciones en el stand de Elba Benítez de Madrid.
Del suelo a la pared, una feria de arte como ARCO ofrece a los artistas muchos puntos de vista diferentes. Nuestros primeros recuerdos vienen asociados a una visión próxima a la moqueta, descansando en el suelo mientras comentas las obras de los demás y la disposición de los stands con la tranquilidad que da el anonimato. En ese momento iniciático, formas parte de las hordas de artistas jóvenes que intentan ubicarse y atisbar algo junto al resto de ciudadanos, forzosamente despistados, que abarrotan la feria. Es la experiencia como observadora distante lo que te permitirá después analizar las cosas desde perspectivas otras, a veces contradictorias.
Parafraseando libremente a Jacques Lacan, podríamos afirmar que ARCO no existe; hay muchas ferias distintas agazapadas bajo el mismo nombre. En sus comienzos, el evento aterrizó en el páramo cultural madrileño como un alienígena en un planeta extraño y, quizá en parte por ello, adquirió un carácter espectacular, en ocasiones casi circense, del que todavía no ha conseguido liberarse del todo. En aquellos ochenta, y en parte de los noventa, el desconocimiento general convertía a la feria en sucedáneo de la píldora del conocimiento: nuestro analfabetismo artístico parecía poder curarse en un recorrido por sus pasillos y asistiendo a las conferencias y mesas redondas -abiertas entonces acertadamente para quien hubiera accedido al recinto; después, un injustificado elitismo ganaría la partida-. Y fue, quizás, esa falta de una contrapartida expositiva la que permitió que la confusión entre arte y mercado cruzara el límite de lo razonable.
Con el tiempo y un conocimiento más profundo de la situación, el enfoque cambia y la firmeza de las primeras impresiones deja paso a un análisis más complejo. La posición que algunos ocupamos en este entramado se torna algo incómoda y paradójica; la consciencia de que una parte del arte más interesante permanece escasamente representada y a menudo infravalorada en la feria nos enfrenta a los mecanismos de funcionamiento de las estructuras artísticas de poder, a sus métodos de validación y reconocimiento. Por otra parte, la ansiedad parece apoderarse del sector durante unos días y acaparar con ritmos maratonianos una atención que debería estar más repartida a lo largo del año, otorgando un protagonismo mayor a la reflexión. Quizá el problema no haya que buscarlo en la feria misma, un espacio esencialmente comercial que, en el mejor de los casos, generaría beneficios para poder seguir con tu trabajo. Quizá seamos muy idealistas y creamos que la principal función del coleccionismo no es la especulación, sino formar parte del sueño de repensar las sociedades en que vivimos y ayudar a que se retraten y conozcan bajo aspectos diferentes. También que ARCO debería servir para ayudar a aquellas galerías de arte contemporáneo que tienen una relación profesional y justa con los artistas representados. Existen pocas concurrencias entre una galería que arriesga para que los artistas nos la continuemos jugando y un marchante de arte que negocia con grabados de Picasso o cuadros de Juan Gris.
Es evidente que las ferias no son el lugar ideal para profundizar en el proyecto de un artista, ya que en ese contexto sólo puede apreciarse la punta del iceberg de nuestro trabajo. En ellas, a menudo los resultados formales son apreciados como un fin en sí mismos, relegando a un segundo plano los aspectos procesuales y el contexto teórico en el que deberían inscribirse. Pero, si las obras se encuentran descontextualizadas, más aún lo estamos los artistas. A algunos nos invade un sentimiento de extrañeza, a la vez que exigimos nuestro derecho a estar presentes también en este espacio. Personalmente hemos descubierto propuestas interesantes en las ferias; quien sabe buscar puede acabar encontrando, incluso allá donde los árboles parecen ocultar el bosque.