Fundación Telefónica. Gran Vía, 28. Madrid. Hasta el 17 de mayo.
Resultados:
Elena VOZMEDIANO | Publicado el 13/03/2009
Estas 270 fotografías de Weegee constituyen una nueva entrega de la difusión en nuestro país de la impresionante colección fotográfica de Michel y Michèle Auer, que ya ha recalado en Es Baluard en Palma, Fotocolectania en Barcelona y en la Sala de San Benito de Valladolid. Existen otros grandes conjuntos de las fotografías de Weegee. La más importante es la del International Center of Photography de Nueva York, con unas 20.000 fotografías que Wilma Wilcox, compañera durante la última década de su vida, donó al centro; para PHotoEspaña 99 pudimos ver 200 de ellas en el Centro Cultural de la Villa. También perteneció a Wilma el lote que ha adquirido el Indianapolis Museum of Art, superado en número por dos colecciones: la de Hendrik Berinson y ésta de los Auer.
Weegee (Arthur H. Fellig; Zloczwe, Polonia, 1899-Nueva York, 1968) fue un periodista gráfico hiperactivo que trabajó para medios y agencias como la Acme Newspictures, donde le pusieron el mote, que deriva de ouija en alusión a su supuesta capacidad de comunicarse con los muertos. Empezó a trabajar en los años de la Prohibición, en una Nueva York dominada por el crimen que conocemos bien a través de las películas de gángsters. Weegee es de hecho un fotógrafo muy cinematográfico y vivió unos años en Hollywood, cuando ya era famoso como para que su libro Naked City inspirara una película a Jules Dassin. Antes, en Nueva York, se especializó en asesinatos, accidentes y sucesos en general. Vivía de noche, cuando se producían los hechos más truculentos. Con cámaras armadas de grandes lámparas de flash extraía de las sombras a delincuentes y víctimas, policías y bomberos, sorprendidos en los momentos más dramáticos. Siempre llegaba a tiempo, sintonizando la radio de la policía, para esos levantamientos del cadáver que transformó en memorables imágenes. Se las arreglaba para buscar el efectista punto de vista, la atmósfera teatral, enfocar y conseguir la quintaesencia de la fotografía negra. La rapidez era básica para llegar al cierre de las ediciones, y Weegee trabajaba sobre la marcha, en su photomobile, coche en el que trasladaba el material fotográfico, la máquina de escribir y hasta disfraces. Tenía gran talento para dar cabida a detalles elocuentes en sus composiciones, como letreros con doble lectura o el comentario visual que añadían los morbosos testigos.
Es la mejor parte de su producción y lo mejor de esta exposición, que se completa con fotografías de la vida callejera en el Lower East Side, en Coney Island o en el excéntrico bar que frecuentaba, el Sammys, contrastando con el glamour de los estrenos en la Metropolitan Opera.
Al final del recorrido se han incluido algunos ejemplos de sus caricaturas fotográficas, en las que experimentó con el efecto espejo que tan de moda ha puesto el Photoshop. Uno de sus modelos fue Andy Warhol, quien tomó una fotografía de Weegee para su célebre Car Accident.