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ARTE
Broto, relatar la pintura
Relatos
Galería Soledad Lorenzo. Orfila, 5. Madrid. Hasta 10 de octubre. De 10.000 a 60.000 E.
José MARIN-MEDINA | Publicado el 11/09/2009
¿De qué trata en concreto o en qué se centra esta exposición de José Manuel Broto (Zaragoza, 1949), uno de nuestros clásicos modernos de la abstracción última, que se viene practicando sobre el lirismo del color y, a la vez, sobre las razones de la geometría? ¿Qué quiere decirnos el pintor presentando esta muestra bajo el sugestivo título de Relatos? ¿Tratan estas pinturas de referir un argumento? O siguiendo la segunda acepción de ese término, ¿son estos cuadros obras en que el autor ofrece conocimiento detallado de un hecho? Y siendo así, ¿de qué hecho se trata? Con tales preguntas entra el espectador en esta exposición, y se encuentra con un conjunto brillante (de colorido especialmente luminoso) de pinturas fechadas en 2009: las de gran formato han sido realizadas en París, donde Broto reside desde 1985; las de formato pequeño, acaban de pintarse en Mallorca, donde el pintor tiene ahora una segunda residencia.
Sólo con detenerse ante las obras de la primera sala, el espectador comprobará que el argumento de estos cuadros protagonizados por figuras puramente plásticas (que llevan dentro una fuerza visionaria y misteriosa muy peculiar, muy brotiana) es de carácter absolutamente pictórico. Nos encontramos, pues, con unos cuadros que tienen por tema único a la pintura, declarando también en qué pueden consistir este arte y su práctica. Al avanzar entre la secuencia escueta y rica de los cuadros de la segunda y la tercera sala, se acrecienta esa intuición de que Broto está trabajando ahora con el propósito no sólo ya de expresar su universo interior de artista, sino asimismo de apoyar al espectador a que comprenda su pintura, o sea, a que sea atraído y comparta el propio punto de vista del pintor.
Para atraernos, este arte ha entrado en un proceso de iluminación, de aclaración del color. Desde las enseñanzas de Kandinsky sabemos que los colores claros atraen el ojo con intensidad y fuerza, y que ésta es aún mayor en los colores claros y cálidos: el bermellón atrae y excita como la llama, que el hombre siempre contempla ávidamente
, mientras el ojo busca profundidad y calma en el azul o en el verde. Es notorio también que la contemplación del color puede provocar un efecto más profundo que el de la atracción: una conmoción emocional. A ese respecto, Broto ha venido sustituyendo el trazo gestual del principio por una manera propia de arrastrar el color por el espacio pictórico, dinamizándolo, haciendo de él un elemento plástico muy activo. Al mismo tiempo, ha logrado que las formas y los elementos constructivos aumenten su consistencia formal y fuerza compositiva. Así, su obra última se afianza sobre tres criterios primordiales: un colorido más claro, libre y creativo; unas formas geométricas elementales que funcionan sobre juegos muy sencillos (figuras rectangulares sueltas o asociadas en series, perfiles de escalera y de pirámide), y una manera cada vez más rotunda de estructurar el cuadro como un todo absoluto.
En lo que atañe a la estructura, interesa comprobar cómo la obra última de Broto no sólo incluye referentes de orden arquitectónico o constructivo, sino también formas y figuras plásticas que remiten a lo cósmico, como lo son esas enormes esferas y círculos no siempre regulares, que resultan de una libertad formal y compositiva de la mayor expresividad y de una intensa emoción psicológica. Por supuesto que la referencia al universo de las esferas solares y a los sistemas constructivos del mundo -incluso se podría encontrar en alguna ocasión alguna cita orográfica-, no niega la completa emancipación de la naturaleza externa en la que se viene produciendo la pintura de Broto. Lo que ocurre es que un pintor, por abstracto que se sienta o que sea, nunca podrá borrar por completo el mundo de las formas de la realidad externa, ni cerrar la intuición a las sugestiones de color que le entran por la mirada. Lo determinante está en convertir el color, la forma, el espacio y la estructura en agentes internos propios, y en elementos plásticos determinantes en la creación de sus obras. Así es en el caso de Broto, y así se expresa en su libre e intensa vivencia espiritual de lo pictórico. Una libertad que puede y debe llegar (citando de nuevo a Kandinsky) hasta donde alcance la intuición del pintor.