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Dora García. ¿Dónde van los personajes cuando la novela se acaba?


Dora García

"La nacionalidad de un artista es tan determinante como el horóscopo"




Edición impresa |  ARTE

Dora García, despertar de la anestesia

¿Dónde van los personajes cuando la novela se acaba?

Com.: E. González-Sancho. CGAC. Valle Inclán, s/n. Santiago de Compostela. Hasta el 31 de enero.

  • Resultados:

DAVID BARRO | Publicado el 16/10/2009



Si entendemos que la representación es, al mismo tiempo, la forma del mundo y la consecuencia de pensarlo, y que el arte es una representación de la realidad, entenderemos la coherente e importante trayectoria de Dora García (Valladolid, 1965) que vive y trabaja en Bruselas y que ha participado en importantes citas internacionales en la Tate Modern de Londres, Baltic, también en Inglaterra, el Skulptur Projekte Mönster, Alemania, o las bienales de Lyon,Sydney. En su trabajo, que puede verse estos días también en la galería ProjecteSD de Barcelona, Dora García procura la intervención crítica del espectador e incita a la respuesta activa de éste, que debe construir su sentido a partir de una serie de referencias y asociaciones.

Para entrar en el juego propuesto por la artista -que presenta en esta exposición fotografías, vídeos e instalaciones- resulta necesario comprender que de lo que se trata es de subrayar precisamente la propia idea de representación y el espíritu incompleto de ésta, porque para Dora García el formato expositivo es sólo un estado más de la obra, una idea que va mucho más allá de su simple formalización. De ahí que se pregunte en sus vídeos ¿Dónde van los personajes cuando la novela se acaba?, conformando una trama donde un personaje real mantiene una conversación con otro ficticio; lo inestable y confuso de esta realidad se enfatiza con una situación arquitectónica peligrosa, como por ejemplo una pasarela proyectada por Siza en el CGAC que enfrenta a los personajes a un abismo. De este modo, la realidad se torna compleja y contradictoria, invitando al espectador a ir más allá de las palabras o de virtuales explicaciones.

Todo encaja con la frase que con sus letras en pan de oro recibe al visitante de manera rotunda en el hall del CGAC: “Una buena pregunta debe evitar a toda costa una respuesta”. Lo que da cuerpo a esa idea de ausencia, de representación incompleta y de exposición del propio espectador en la trama que nos encontraremos en otras obras como Instant Narrative, donde un personaje escribe y describe en un ordenador nuestros propios movimientos para proyectarlos y revelar esa intimidad en una pantalla.

Dora García, en una muestra certera y alejada de excesos, nos induce a reflexionar sobre lo que vemos, huyendo de las respuestas y de las obras comprensibles a primera vista, para que consigamos entrar en esa narrativa de actores, autores, artistas y obras. De ahí que rechace la idea de autor y que busque la transgresión de los habituales códigos de conducta. Ejemplo de ello es la pieza Robe un libro, que recoge la correspondencia entre sus colaboradores y ella misma. El título de esta obra incita al hurto permanente, si pensamos que el texto siempre permanecerá así, reclamando nuestra atención. Mientras, en Fahrenheit 451, se reeditan dos mil ejemplares de la edición de 1967 de Ray Bradbury, el texto ha sido impreso al revés y va de atrás hacia delante y de derecha a izquierda, dificultando su lectura.

Dora García mezcla personajes y renuncia a esa facilidad narrativa a partir de trabajos donde todos mienten conscientemente, manteniendo a flote la ficción como modo de construir la realidad. Y en toda esta mentira subyace un estudio de la situación contemporánea, de las muchas contradicciones que se producen a diario. Robert Frank lo deja claro en Me and My Brother: “En este filme, todos los acontecimientos y personas son verdaderos. Todo lo que no fuera verdadero es pura imaginación mía”. Estas palabras se sobreponen al comienzo de la película a una Biblia para dar paso a una historia donde el protagonista desaparece y un actor representa su papel. Una imagen documental del propio Frank que visita a éste en un hospital cierra el filme. Para entonces, como sucede con las obras de Dora García, suponemos que al espectador se le habrá disipado el efecto de la anestesia.






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Una buena pregunta debe evitar..., 2002