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El huracán constructivista

Rodchenko y Popova. Definiendo el constructivismo.

Comisarios: Margarita Tupitsyn y Vicente Todolí. Museo Reina Sofía. Santa Isabel, 52. Madrid. Hasta el 11 de enero.

José MARIN-MEDINA | 30/10/2009 |  Edición impresa


Bajo la serenidad de su montaje, bajo el orden meticuloso de su discurso expositivo y bajo el empeño mantenido por sus organizadores (la Tate Modern y el Reina Sofía) para subrayar la belleza intemporal del conjunto de las obras reunidas como cuerpo “museal” de esta muestra, el espectador atento advertirá muy pronto que ha penetrado en una exposición que se mueve y se desarrolla como una corriente impetuosa de imágenes geométricas muy variadas (se presentan unas 350 obras entre pinturas, esculturas, fotografías, diseño gráfico, textil y de vestuario, proyectos arquitectónicos, maquetas de escenarios teatrales y fragmentos cinematográficos), y de ideas estéticas revolucionarias, que fueron capaces de subvertir el discurso histórico general del arte en Occidente. Nos encontramos con una exposición grande, singular e irresistible, que seduce a sus visitantes situándolos y haciéndoles sentirse en el ojo de un huracán estético que no cesa de crecer a medida que avanza el desarrollo de su panorámica. Se trata del huracán “Constructivismo ruso”, o sea, el penetrante movimiento constructivista originario, el cual debe distinguirse con nitidez de sus repercusiones mucho más difusas y mucho menos comprometidas socialmente, o sea, las del “Constructivismo europeo” o “internacional”.

Dos artistas abstractos o “no objetivos” -como les gustaba llamarse-, vanguardistas radicales, rompedores con los criterios de la tradición figurativa, fueron los actores determinantes en la definición del constructivismo en sus orígenes. Eran Aleksandr Rodchenko (San Petersburgo, 1891-Moscú, 1956) y Lyubov Popova (Ivanovskoe, 1898-Moscú, 1924), quienes, al estallar la Revolución de Octubre de 1917, se adhirieron de inmediato a la idea de “aportar algo nuevo a la nueva vida”, convencidos de que las formas geométricas puras contribuirían a la transformación de la sociedad. En palabras de Margarita Tupitsyn -una autoridad en el arte ruso del siglo XX, que comparte el comisariado de esta muestra con Vicente Todolí, director de la Tate Modern-, el escultor y pintor Rodchenko y la pintora y diseñadora Popova salieron de sus talleres a las calles y a las fábricas y “participaron en varios proyectos destinados a infundir una estética vanguardista como parte del proceso de modernización del país que los bolcheviques se habían fijado como objetivo”.

Para documentar aquel tránsito inicial desde el estudio del artista hacia las propuestas y diseños para la “producción industrial”, la primera de las dos partes de esta exposición establece una serie de diálogos entre la labor de taller que ambos artistas desarrollaban en aquella etapa (1917-1921), y sus primeras aportaciones al interactivo “arte de producción”. Entre las primeras contribuciones a las nuevas experiencias sociales del arte, aquí tenemos, en el caso de Popova, los exquisitos collages -de sorprendente apariencia minimalista- de sus Bocetos de bordados para la cooperativa artesanal Verbovka, algunos proyectos de portadas de libros y una carpeta de linograbados realizados para facilitar la difusión del arte mediante la estampación de originales en serie, y para difundir el nuevo léxico constructivista. Y en el caso de Rodchenko, se exponen la acuarela del Diseño para un hangar de aviación, combinando formas abstractas y símbolos comunistas, y sus Diseños de lámpara para el café Pittoresk de Moscú, inspirados en los relieves escultóricos de Tatlin.

Junto a la frescura de estos sencillos bosquejos, deslumbran las pinturas de caballete y las esculturas que por entonces practicaban asimismo los dos artistas. Tres series excelentes testifican la grandeza plástica y la sensibilidad y elegancia colorística de la pintura de Popova. Son los ciclos sucesivos de sus Arquitecturas pictóricas (1917-19), cuyos planos de color producen efectos de relieve frontal; sus Construcciones dinámico-espaciales (1920-21), dominadas por los efectos de fuerza de su realización o “faktura” y por la utilización de materias especiales, trabajando las texturas de sus soportes de madera rústica y del serrín que la artista combinaba con el óleo; y su serie de linograbados titulada Ciudad (1921), el enrejado de cuyos andamiajes declara su referencia al expresionismo de Kandinsky. La originalidad conceptual, la vibración del color-luz y la consistencia estructural de estos tres ciclos proclaman la grandeza intrínseca y el alcance incisivo de la obra de Popova sobre la definición y desarrollo general del constructivismo a través del siglo XX. Y en lo que se refiere a la obra de taller de Rodchenko, aquí encontramos los valores de su “abstracción pura” -hecha con regla y compás-, partiendo del suprematismo de Malevich en lo pictórico, según vemos en los ciclos Composición (1917-18) y Negro sobre negro (1918) -donde los planos se transforman trabajando su textura-, y en su serie Construcción (1919-20) -en la que la línea funciona como principal elemento plástico-. A la vez, Rodchenko aceptó el influjo de su amigo Tatlin en su obra escultórica, realizando a partir de 1920 sus emblemáticas Construcciones en el espacio, algunas de las cuales se conciben como pesadas estructuras arquitectónicas, mientras otras se presentan aéreas y dotadas de movimiento real -sin pedestal y sin sujeción en el muro-, suspendidas en el aire.

La segunda parte de la exposición se produce como una catarata de proyectos experimentales realizados a través del desarrollo del constructivismo entre 1921 y 1929 como arte que se aplica a la nueva sociedad, en la que “el artista tiene que utilizar los materiales de manera científica y objetiva, como un ingeniero, y la producción de obras de arte debe atenerse a los mismos principios racionales que cualquier otro objeto manufacturado”. Dos acciones resultaron entonces resolutivas, y se reproducen ahora en esta muestra. La primera fue la exposición constructivista 5 X 5 = 25, celebrada en Moscú en 1921, en la que cinco artistas -Popova, Rodchenko y su mujer Varvara Stepanova, Aleksandr Vesnin y Aleksandra Exter- se despidieron públicamente de sus obras de caballete y trataron de demostrar con sus dibujos y maquetas la viabilidad del constructivismo como arte de progreso, capaz de desempeñar un papel efectivo en el mundo real. Todavía hoy sirve de emblema de aquella muestra el famoso triple cuadro de Rodchenko Color rojo puro, color amarillo puro y color azul puro. Y la segunda acción se produjo en el ámbito internacional, consistiendo en la participación rusa dentro de la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París de 1925, en la que “se montaron” -literalmente- el Pabellón Soviético, del arquitecto Konstantin Melnikhov, y el interior del Club de Trabajadores de Moscú, cuyo famoso conjunto mobiliar es obra de Rodchenko. Aquí vuelve ahora a “repliclarse”, admirando la transparencia de su modo de construir así como por la transformabilidad de sus muebles y objetos.

Aunque Popova murió tempranamente -a los 35 años-, tuvo tiempo de desarrollar una contribución formidable al nuevo arte social: sus carteles propagandísticos, educativos y publicitarios, su fabricación de muebles y objetos de menaje, sus muy bellos y sensibles diseños de textiles y de trajes, así como sus ingenieriles escenarios para obras teatrales dirigidas por Vsevolod Meyerhold. De todo ello aquí tenemos dibujos, maquetas y documentación fotográfica. A su vez, Rodchenko se convirtió entonces en uno de los principales fotógrafos rusos, al tiempo que trabajó para el cine como diseñador de letrismos y director artístico en documentales de actualidad y en películas de cineastas importantes, como Dziga Vertov y Lev Kuleshov. También realizó decorados y vestuario para obras teatrales. En la década de 1930, cuando el triste realismo socialista desplazó al constructivismo y se convirtió en el estilo oficial de la Unión Soviética, Rodchenko se consagraría a la tipografía y al grafismo, y retomaría la denostada pintura de caballete. Se puede asegurar que estamos ante una de las mejores exposiciones de la temporada internacional.


RODCHENKO FOTÓGRAFO

Coincide en Madrid la celebración de la interesante exposición Rodchenko fotógrafo, organizada por la Fundación Canal, con la muestra Rodchenko y Popova en el Reina Sofía. Es una coincidencia feliz, pues esta monográfica fotográfica del gran escultor ruso presenta nada menos que 125 obras -en su mayoría, impresiones de época- traídas del Musée Nicéphore Niépce (Chalon-sur-Saône, Francia). La muestra, ordenada por géneros, contribuye a “justificar” la opinión que defiende que “la actividad de Rodchenko como fotógrafo quizás sea la más original y duradera de su producción”, destacando sus propósitos de “abstracción de la imagen”, que él buscaba a través de exploraciones poco habituales de ángulos, perspectivas, picados y contrapicados. Enfocando exageradamente la cámara hacia arriba o hacia abajo, obtenía unos poderosos sistemas de diagonales -denominados “perspectiva y escorzo rodchenkianos”-, al tiempo que utilizaba de manera escultórica el juego modelador de la luz y la sombra. Estos registros situaron a Rodchenko entre los artistas que en los años 20 vincularon la fotografía con el cine. Por su fuerza objetiva -casi escultórica- y por su penetración psicológica destaca en esta exposición la serie de retratos de personalidades del entorno del artista, captados todos ellos “con el misterio individual de su carisma”. Sorprende, de otra parte, su capacidad para expresar el movimiento del cuerpo humano y de las masas populares, y el ingenio y poderío plásticos de sus fotomontajes. J. M.-M.


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