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Edición impresa |  ARTE

Ettore Spalletti, sosegada belleza

Ettore Spalletti

Galería Helga de Alvear. Doctor Fourquet, 12. Madrid. Hasta el 13 de marzo. De 30.000 a 150.000 E.

  • Resultados:

Mariano NAVARRO | Publicado el 29/01/2010



Tras remontar los escalones de acceso y cruzar la entrada de la galería, el visitante entra en dos salas presididas por el sosiego y el susurro que emana de las obras de Ettore Spalletti. La mayor ocupada por un grupo de pinturas. La siguiente, y más reducida, por una instalación. Ambas imbuidas de una estática belleza. El artista no es excesivamente conocido en España pese a su importancia y peso en la escena italiana e internacional, por lo que esta muestra es una magnífica ocasión para quienes sólo hayan podido ver obra suya en alguna edición de ARCO. Y para quienes tuviesen la fortuna de ver la retrospectiva que le dedicó “la Caixa” en 2000, aquellas inolvidables Estancias de pureza, estoy seguro que la visita a ésta será obligada.

Spalletti empezó su carrera tardíamente, su primera exposición individual es de 1975, pero ya entonces las líneas generales y definitorias de su trabajo estaban perfectamente trazadas y definidas. El artista sopesa en su actuación tanto la práctica pictórica como la escultura, y éstas tanto como la instalación o, mejor dicho, la creación de lugares o la transformación estética de sitios existentes. Del mismo modo absorbe en su producción a los contrarios. Sus pinturas poco o nada tienen que ver con la idea de extender un pincel sobre un lienzo y menos todavía con la de que sean medios de representación de algo externo a ellas mismas. Las esculturas viran a objetos que emulan elementos próximos a lo sublime: la copa, la columna, el ánfora, la fuente… Las instalaciones se constituyen, ya lo hemos dicho, en estancias que difícilmente soportamos abandonar.

Simple geometría
La técnica del “impasto” predominante en su pintura, y de la que se sirve también para “pintar” sus esculturas, y el uso exclusivo de colores monocromos -acentuados algunas veces por el pan de oro- proporciona una textura singular a sus obras, que alguien ha descrito como polvorientas, y les facilita una relación privilegiada con la luz, que parece ser atraída por las superficies y sumergirse bajo ellas. Las formas casi infinitas pero exclusivas de las obras proceden de la más sencilla o simple de las geometrías. Casi siempre son regulares, ya sean cuadrados, rectángulos u otros polígonos, o bien círculos; en la escultura distintos tipos de poliedros y, desde luego, modelos de columnas, así como las figuras más sencillas para los distintos objetos.

En realidad, los ingredientes fundamentales de su magia proceden del uso del color -siempre discreto y templado, con reminiscencias de un pasado remoto y monumental- y de la tersa elegancia de sus intervenciones. Las pinturas más simples sólo dejan ver el biselado corte cubierto de pan de oro, que activa tanto la superficie cromática como la forma del cuadro, desde un punto de vista inesperado. Y en la más contundente de las obras expuestas, Muro, de 2009, la pintura cubre tanto el anverso como el reverso de la pieza, que a la vez ofrece una extraña conjunción volumétrica entre las dos partes que componen el díptico, sobresaliendo la parte izquierda bastante de la pared. Parece sostenerse en ese precario equilibrio, ¡gracias a un lápiz blanco apoyado en cuadro y muro, con puntas en ambos extremos! La sorpresa y la gracia en un solo gesto.


Nacido en 1940 en Cappelle sul Tavo, un pueblecito de los Abruzzos, Spalletti es uno de los más singulares artistas italianos surgidos tras el movimiento povera. Son célebres algunas de sus intervenciones, como la morgue del hospital Raymond-Poincaré, en Garches, Francia. Ha representado a Italia cuatro veces en la Bienal de Venecia. Su exposición en 2005 en la Henry Moore Foundation fue calificada como la mejor del año por Artforum.



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