Es el festival de cultura digital más grande e importante de Alemania y una de las citas europeas ineludibles. El próximo 2 de febrero, Transmediale pondrá del revés la lógica del concepto de futuro.
Hubo un tiempo en que un pub irlandés era la clase de pub que encontrabas en Irlanda. Hoy, un pub irlandés es sobre todo un tipo determinado de bar que abunda en los centros comerciales y las localidades de playa. Algo parecido es lo que le ha sucedido al futuro, ese lugar deslumbrante o terrorífico (según versiones) hacía que el progreso nos conducía irremediablemente. El siglo XX fue una fábrica incesante de imágenes y escenarios sobre el mañana. Algo ha sucedido para que en el nuevo siglo nuestra relación con las visiones colectivas del porvenir haya cambiado irremediablemente, y sintamos la misma nostalgia por el futuro que nunca llegó (¿donde están los coches voladores?) que incapacidad para forjar visiones inéditas. En palabras del teórico del diseño John Thackara, el futuro es un paradigma que se ha quedado anticuado.
El papel del futuro
Pensar sobre este giro del papel cultural del futuro es el eje de la edición 2010 de Transmediale, el festival de arte, pensamiento y tecnología que toma la ciudad de Berlín la primera semana de febrero. Nació a finales de los 80 como un evento paralelo de la Berlinale para acoger a toda la producción audiovisual contemporánea que existía más allá de los confines del cine. Hoy este festival se ha convertido en un abanico de propuestas escénicas, plásticas y visuales que exploran el espacio de cruce entre el arte contemporáneo y la cultura digital, quizás de forma menos tecnocéntrica y más árida que la otra gran cita europea, Ars Electronica.
El festival arrancará este año con una explosión de campanas, y con rayos que cruzarán el cielo sobre Berlín. Las primeras surgirán del carrillón del parque de Tiergarten interpretadas por el compositor minimalista norteamericano Charlemagne Palestine, coetáneo en los 70 de Glass y Riley y conocido por su ritualismo shamánico. Las luces surgirán del arco iris artificial construido por Yvete Mattern. From One to Many es una proyección de lásers de siete colores que unirán durante el festival las dos sedes del evento; en un extremo la Casa de Culturas del Mundo, cerca de la puerta de Brandenburgo, y en el otro Alexanderplatz, el espacio donde se sitúa el Club Transmediale, el espacio nocturno de sonidos experimentales.
Reinventar el mañana El futuro ahora, título bajo el que se celebra la edición de este año de Transmediale, intentará trazar una posible hoja de ruta para reinventar el ejercicio de imaginar el mundo del mañana, en un momento en que el futuro vive una crisis de identidad. El académico y crítico de la ciberélite Richard Barbrook, uno de los participantes en el simposio del festival, propone que comencemos a tener una visión política de cómo se forjaron las tecnoutopías futuristas del pasado siglo. Otras voces, como la del padre de la arqueología de los media, Siegfried Zielinski, o el escritor de ciencia ficción Bruce Sterling, defienden que necesitamos darle la vuelta a nuestra relación con el tiempo. La atemporalidad para Sterling es una actitud de cosmopolitismo temporal, en que un objeto o idea no resulta arcaico o futurista en función de la época de la que procede, sino de la lectura que podemos hacer de él en su contexto actual. Las conexiones no lineales y contraintuitivas entre progreso, utopía e historia están presentes también en la exposición central del festival, Future Obscura, dedicada a las máquinas audiovisuales del pasado-futuro, y en los nueve proyectos finalistas del premio Transmediale, ente los que se encuentra Chapter One The Discovery, un proyecto del español Félix Luque producido para LABoral de Gijón.