DAVID BARRO | Publicado el 30/07/2010 | Ver el número en PDF
Estructurada a partir de exposiciones temáticas, la XXXI Bienal de Pontevedra pone en relación las regiones de Centroamérica y el Caribe enfatizando su condición de contexto, más allá de las individualidades que en los últimos años asoman por el panorama internacional. Se huye así del habitual catálogo de novedades artísticas para profundizar en estudios ya realizados y dotar de mayor visibilidad a una escena eclipsada por la sombra de unos pocos. No esperen encontrar, por tanto, un tipo de obra de esas específicas para bienales, pensadas para el ocio turístico y que buscan su razón de ser en la espectacularidad, la fotogenia o la novedad. Si en los últimos años se ha generado una tipología de artista-bienal, en esta Bienal de Pontevedra se busca más la reflexión, el conocimiento antropológico e historiográfico y, sobre todo, el diálogo cultural entre contextos más o menos afines. Por ello, aún conformándose a partir de artistas conocidos, no encontramos grandes nombres que actúan como reclamo y sí fragmentos de una proyección utópica que singulariza a estas comunidades y que aquí se ha bautizado con un título sugerente: Utrópicos.