ABEL H. POZUELO | Publicado el 27/09/2000 | Ver el número en PDF
La veintena larga de obras de diverso formato que representan el trabajo más reciente de Ramón Bilbao, suponen básicamente un ejercicio de síntesis sobre las intenciones eminentemente gráficas que ha venido persiguiendo en los últimos tiempos. Bilbao refuerza así un camino personal pero no siempre inconfundible mediante la superposición enajenada de signos comunes pintados (brochazo o pincelada mediante), con tinta negra sobre el papel en blanco. Letras o guarismos, símbolos o grafías, los signos se entrecruzan, confundiéndose sobre el fondo ciego y blanco de papel, pero también reuniéndose en una masa siempre distinta de sombra. En este caso, además, Bilbao se vale en varias obras de grandes libros no escritos cuyo centro abierto emplea como soporte. El objeto de todo ello no está muy claro, como puede no estarlo en una caligrafía japonesa. Aquí lo único evidente es la concentración del artista en el instante previo, el rastro del acto por el que la tinta ha sido extendida y la voluntad de contestar a alguna pregunta sin respuesta: procesos ligados a la propia condición caprichosa pero implacable del tiempo.
¿Por qué? II, 2000