Edición impresa | ARTE
JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD | Publicado el 24/06/2011
La muy aireada conjetura poética de que toda realidad oculta un misterio, adquiere en el caso de Antonio López un impecable rango de paradigma. El hecho de que esa realidad exceda, en virtud de un determinado virtuosismo pictórico, su propia significación originaria, otorga a Antonio López una singular potencia creadora. Se trata de una experiencia sensitiva que es incluso previa a cualquier razonamiento estético. Lo pintado no es lo que la mirada advierte: es sobre todo lo retenido en esa otra intuición de la mirada que el arte posibilita. Toda reproducción artística supone una reinvención. Más que copiar un espacio físico, el pintor lo reinventa, lo rehace según unas complicidades expresivas que van más allá de la mera sabiduría técnica. Y por ahí se llega a esa situación límite en que la realidad y la alucinación tienden a confundirse.









Madrid desde Torres Blancas, 1974-1982