Cristina Duclos
Galería Ansorena. Alcalá, 54. Madrid. Hasta principios de julio. De 120.000 a 7.000.000 pesetas
- ( 28/06/2000 )
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La nueva exposición de Cristina Duclos agrupa una treintena de pinturas bajo el epígrafe de Sueños y vivencias, una mezcla de los objetos y circunstancias que marcan su intrahistoria, siempre idealizada por una aspiración a la belleza, a superar los trastornos que invaden la vida, convirtiendo lo cotidiano en una proyección plástica en la que late una cierta ingenuidad, la necesidad de olvidar las pesadillas o, por lo menos, reconvertirlas en cuentos más soportables.
Quizá los últimos cambios de la pintura de Duclos también tengan que ver con su nueva residencia, un chalé en las afueras de Madrid que no le pone límites a su frontera personal de amplios horizontes (antes habitaba y tenía su estudio en una casa en el centro de Madrid con las paredes cerrando sus ansias de libertad).
Los temas -un exuberante florilegio y el mar- se complementan con bodegones y un gran cuadro protagonizado por la familia del financiero Jacques Hachuel al que ha dedicado bastante tiempo en sus últimos años -mide 2 x 3 metros-, ornamentado con los nombres y cuadros que formaban su colección privada, en la que había piezas maestras de Picasso, Léger o Giacometti, y que sirven para enmarcar la orla familiar con una esposa y unas niñas que también tienen mucho de obra de arte.
Duclos trata los colores como si fuesen notas musicales, deja sobre la tela la vida latiendo en cada pincelada y juega con las formas como una muchacha que se va haciendo el ajuar con la capacidad de soñar, con los elementos más sencillos que llevan la felicidad intrínseca, ya que la pintora mira siempre hacia sus interiores que son los lugares en los que podemos encontrar unos paisajes que inventa alguien que no se conforma con copiar la realidad.
Carlos GARCÍA-OSUNA