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Edición impresa |  ARTE

Celaya

Fusión surrealista

Galería Guillermo de Osma. Claudio Coello, 4. Madrid. Hasta el 28 de abril. De 60.000 a 600.000 ptas.

  • Resultados:

Carlos GARCÍA-OSUNA | Publicado el 29/03/2000

Gabriel Celaya (1911-1991) fue un poeta que perteneció a la Generación del 36 -aunque quizá más lógico sería hablar de Generación del 35, pues ese año publicaron Rosales y Celaya sus primeros libros y, en torno a esa fecha, inundan las revistas con sus versos Leopoldo Panero y Juan Gil-Albert-. Y Rafael Múgica debería ser adscrito, como pintor, a la Generación del 27, ya que su creación plástica puede fecharse entre 1927 y 1935 coincidiendo con su estancia en la Residencia de Estudiantes junto a Lorca, Buñuel, Moreno Villa y Dalí. Pero esas dos personas aparentemente distintas son, en suma, la fusión vanguardista del surrealismo, el futurismo, la abstracción lírica y la pintura metafísica, que mostraron su talento plástico y su exquisita sensibilidad al aunar aspectos constructivos del cubismo con el nihilismo dadaísta, con el afán esencial de desvelar los enigmas de la vida, lo más profundo del misterio.

La exposición de Guillermo de Osma reúne alrededor de cuarenta trabajos (pinturas y dibujos) datados entre 1927 y 1932, años en los que la iconografía más reiterada son las formas caligráficas, los elementos alógicos enraizados en la representación de lo telúrico con formas rocosas, vegetales y líneas que aportan la precisión de la desnudez, la sustancia espiritual que pasea entre las formas como un arabesco sintetizado en un vocabulario tan amplio como inextricable.

Las influencias detectables en estas obras de Celaya son de De Chirico, Marinetti y Benjamín Palencia, y en ellas el poeta reivindica la desolación de los campos yermos de Castilla, hallándose como formulación atípica el dibujo titulado Mujeres con los brazos alzados -firmado también “Rafael”, nomenclator único con el que el ingeniero del verso asumía sus creaciones pictóricas-, una obra expresionista que entronca con una composición muy semejante al Picasso de la época clásica. Sin duda, de todas las aportaciones plásticas del siglo XX, a Celaya -naturalmente hablamos del pintor- le dejó una huella indeleble el surrealismo francés, el movimiento que hizo del automatismo de los “cadáveres exquisitos”, una forma de expresión depurada a la que la geometría le imbuyó de la razón y el argumento de los que aparentemente carecía en su génesis.

Esas formas surreales que permiten la más desbordada imaginación son las protagonistas de esta exposición, en la que también se aprecia la clara influencia futurista, aunque quizá yo encuentre una vinculación con la estética de la Primera Escuela de Vallecas, especialmente con Alberto Sánchez, con la inventiva poética y la profundidad telúrica de su verbo plástico, que fusiona lo etéreo de la caligrafía con la potencia expresiva de sus formas tan campesinas y celestiales, como las que aquí presenta un poeta llamado Gabriel Celaya, perdón, un pintor vanguardista conocido como Rafael Múgica





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"Esculturas". Tinta y gouache sobre papel, 33,5 * 33