publicidad
El Cultural
Miércoles, 23 de abril de 2014
El Cultural
  Búsqueda avanzada
Arte  

Educación digital para todos

Un nuevo modelo de educación en internet está revolucionando las mayores universidades del mundo. Los MOOCs prometen ser la mayor transformación de la enseñanza en décadas. Un fenómeno sin marcha atrás. ¿Es el futuro de las aulas gratuito y global?


JOSÉ LUIS DE VICENTE | 07/12/2012 |  Edición impresa


Hay dos cosas sobre internet que a estas alturas podemos dar por ciertas. La primera es su inmensa capacidad para producir disrupciones en el funcionamiento de las industrias y los sistemas sociales; los ejemplos sobran (la industria de la música después del P2P, la edición después del Kindle, el periodismo después de los blogs). La segunda es que no sólo la Red puede ser un vehículo efectivo para la transmisión del conocimiento -este mes las célebres TED Talks superaron la barrera de los mil millones de vídeos vistos- sino que es un vehículo que opera a escala global; en cualquier rincón del mundo puede haber alguien deseoso de conocer y aprender sobre el tema más especializado.

Desde hace años son muchas las voces que anuncian que tras las industrias culturales, el sector del conocimiento que más podría beneficiarse de una revisión a fondo gracias a la Red es la educación, y más concretamente la universidad. Los costes de una educación superior de calidad no dejan de incrementarse a la vez que se reduce la ventaja competitiva que supone tener un título universitario. Y en la era de las comunidades distribuidas la metodología básica empleada en las aulas de las facultades es en esencia la misma que hace 500 años: decenas de personas en un auditorio, escuchando juntas las explicaciones de un profesor sobre la palestra.

Las esperanzas de los que esperan que todo esto cambie están puestas en cuatro siglas, MOOC: un nuevo vehículo para la educación a través de internet que, con sólo un año de vida, está generando una cantidad de expectativas sin precedentes y animando a algunas de las universidades más importantes del mundo a replantarse su función y su modelo.

La historia de los MOOCs (curso online abierto multiusuario) empieza hace poco más de un año en la Universidad de Stanford, de la mano de Sebastian Thrun, un prestigioso experto en Inteligencia Artificial, investigador en Google y responsable dentro de la compañía del programa piloto de coches que se conducen solos. Thrun descubre en la edición 2011 de TED el trabajo de Khan Academy, una startup de éxito que realiza cursos en internet sobre decenas de temas utilizando vídeos cortos e ilustrativos. Esta referencia le sirve para hacerse una pregunta: ¿Es posible impartir una asignatura de una universidad de élite a través de la Red, adaptándola a un formato adecuado para el navegador, como hicieron con las conferencias las TED Talks?

Para responder la pregunta Thrun adapta a internet la asignatura que imparte en Stanford, “Introducción a la inteligencia artificial”. El temario es el mismo que se da en el aula, al igual que los ejercicios que tienen que realizar los alumnos y el examen final. Sebastan Thrun convence a la universidad californiana de que en paralelo a su clase presencial le permita realizar un curso abierto en la Red: cualquiera podrá apuntarse y será totalmente gratuito. Los que lo aprueben no obtendrán créditos académicos pero sí un certificado. El primer MOOC supera todas las expectativas posibles. Entusiasmados por poder estudiar con un reconocido experto y con el temario de una de las mejores universidades del mundo, hasta 160.000 estudiantes de 190 países se inscriben en el curso. Entre ellos aparecen voluntarios que traducen el material de clase a 44 idiomas.

Stanford y Thrun no son los primeros en liberar el material de una universidad de élite y ofrecerlo gratuitamente en la Red. Desde hace una década, el programa OpenCourseWare del MIT ofrece grabaciones, lecturas y ejercicios de muchas de sus asignaturas. Sin embargo, Thrun no se limita a documentar lo que sucede en el aula con una cámara, como hace OpenCourseWare. Con la referencia e inspiración de Khan Academy, desarrolla una sintaxis propia a partir de vídeos cortos muy claros rodados en un estudio, que se alternan con elementos interactivos, como preguntas que el alumno puede responder introduciendo su respuesta en cajas, antes de continuar con la explicación. Los MOOCs más recientes están llevando este lenguaje mas allá, con animaciones ilustrativas y una calidad de producción más propias de un programa de TV.

Otros elementos de la experiencia del aula son más difíciles de adaptar al contexto online. Por ejemplo, es obvio que ningún profesor puede responder las preguntas de 190.000 alumnos. Sin embargo, otras experiencias previas ofrecen pistas y referencias de cómo atajar este problema, como las comunidades online con decenas de miles de miembros. Así, los propios alumnos moderan y votan las preguntas que consideran más interesantes, dándole al profesor la oportunidad de responderlas. Aquellas que no pasan el corte siempre pueden ser respondidas por otros estudiantes.

Para los profesores universitarios, las implicaciones del experimento de Sebastian Thrun son profundas: pasar de un par de centenares de alumnos por año a cientos de miles cambia radicalmente su impacto sobre la sociedad, y multiplica su audiencia de tal manera que en los casos de más éxito les convierte casi en figuras mediáticas. La posibilidad de estudiar a través de la Red con una eminencia mundial es tan atractiva que puede acabar generando un Star System universitario con grandes estrellas de la enseñanza. Para los alumnos, los MOOCs pueden ofrecer una puerta a la educación superior para sectores que estaban excluidos de ella. Pero también ofrecen una oportunidad de reciclarse a profesionales de otros ámbitos o, sencillamente, bajar el coste de expandir la curiosidad a aquellos que quieren seguir cultivándose, sin tomar la decisión trascendental de cursar una carrera completa.

Las principales afectadas, en cualquier caso, son las universidades. Algunas de las más grandes del mundo han apoyado la “revolución MOOC” fundando o aliándose con compañías que producen y adaptan cursos para la red: Coursera, con el apoyo de Stanford: edX, lanzada por Harvard y MIT. Ambas compiten por los alumnos de la Red con Udacity, la compañía que el propio Thrun ha creado para convertir su primer experimento en toda una industria global.



Un MOOC desde dentro

Alberto Cairo es uno de los mayores expertos en infografía y gráficos para prensa y, probablemente, el primer académico español que está impartiendo un MOOC. Cairo, que ha sido director de grafismo en medios como El Mundo y da clases en la Universidad de Miami, está realizando un MOOC sobre visualización periodística a través de internet. “Partimos con 2.000 estudiantes, de los que participaron en el curso inicialmente 1.300. Después de eso, más o menos el 20% está haciendo las actividades". A Alberto le ha sorprendido el entusiasmo de los alumnos online: “Es fascinante ver cómo leen los materiales y se enzarzan en discusiones sobre los ejercicios y propuestas que les hago. Ver eso desde la barrera es muy enriquecedor”.

¿Afectará esto al modelo de clase tradicional en el aula? “Tengo la impresión de que los MOOCs y la educación online en general acabarán con el modelo caduco de las clases de 100 estudiantes oyendo (que no escuchando) el rollo que el profesor repite. ¿Para qué dar la misma conferencia curso tras curso y obligar a los estudiantes a sentarse frente a ti tomando notas cuando es más fácil grabarla en vídeo y exigir que la vean en su casa a la hora que quieran? De esa forma, puedes usar las horas de clase para cosas más productivas, como discusiones o ejercicios”.



Imprimir Enviar a un amigo Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Meneame



publicidad

Esta semana en ARTE
Exposiciones
Realidad en contexto - La realidad invocable
Caótica carambola - Principio de incertidumbre
Acoples y otros desdoblamientos - Alicia Martín-June Crespo. Pareidolia
Camino a la abstracción - Tàpies, El Paso y el Informalismo
Arte Digital
publicidad

Macondo

Concurso de micropoemas conducido
por Joaquín Pérez Azaústre
y patrocinado por Ámbito Cultural

publicidad

publicidad

publicidad