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La fotografía en la era digital

Ninfografías-Infomanías. Centro Cultural Conde Duque. Conde Duque, 9. Madrid. Hasta el 3 de febrero

ELENA VOZMEDIANO | 05/12/2001 |  Edición impresa


Paloma Navares: Maternidad 3, 2000

Aunque la fotografía digital ha llegado con algún retraso a España y está todavía en proceso de introducción y tanteo, no cabe duda de que ya está dando unos primeros resultados muy prometedores. El medio fotográfico español, hasta ayer mismo introspectivo y en cierta medida anclado en lenguajes y poéticas poco actuales, está descubriendo, especialmente de la mano de creadores jóvenes y no forzosamente con formación fotográfica, las indiscutibles posibilidades de unas tecnologías cada vez más accesibles y que debemos entender, fundamentalmente, como un instrumento para la imaginación. Junto a otras formas de “liberación”, como la fotografía construida (la pequeña muestra a ella dedicada en la galería Helga de Alvear puede servir como complemento de ésta para apreciar las innovaciones en el medio), la tecnología digital plantea cuestiones de gran importancia como la confusión entre realidad y ficción, las relaciones entre pintura y fotografía o el auge de la narratividad en el arte contemporáneo. Pero, como es obvio, la manipulación digital, al igual que cualquier otra técnica artística, no es más que una herramienta que sólo puede demostrar su valor al servicio de un proyecto con sentido y con ambición creativa. Y aquí es donde se diluye su potencialidad, porque no pocos artistas se limitan a explotar los recursos que ofrece para elaborar imágenes chocantes, o para presentar atractivas composiciones de formas y colores.

El Centro Cultural Conde Duque ha querido hacer una especie de “estado de la cuestión” de la fotografía digital en España. José Gómez Isla ha seleccionado a veintinueve artistas, casi todos con un par de obras, que nos permiten sacar algunas conclusiones acerca de la utilización que se está haciendo de estos procedimientos. La primera es que da la impresión de que el comisario se ha visto en algunas dificultades para completar una nómina suficientemente amplia de artistas, ya que, junto a trabajos incuestionables y de gran calidad, aparecen otros de mucha menor consistencia. La exposición, que se ha montado con evidentes problemas de espacio en la sala Juan Gris, va flaqueando según avanzamos hacia el fondo, lo que, aparte de una estrategia de captación inicial del interés del espectador, revela una todavía escasa práctica de la fotografía digital. Por otra parte, llama la atención la relativamente reducida orientación argumental de las obras reunidas. Por aplastante mayoría, se impone la iconografía “gótica” o de ciencia-ficción. Las técnicas digitales permiten la duplicación e hibridación de organismos y de texturas, que dan lugar a lo monstruoso. La estética “Frankenstein” es muy característica de la imaginería creada infográficamente: en esta exposición, Mario de Ayguavives, Javier Euba, Isabel Flores, Fran Herbello, Isaac Montoya, Sandra Sue y Daniel Vega Borrego, entre otros, nos ofrecen distintos tipos de mutilaciones, reconstrucciones, cruces de especies e interpenetraciones entre lo animado y lo inanimado. En segundo lugar, en cuanto a los temas preferidos, está el de los “clones”, tratado por Juan Luis Moreno-Baquerizo, Pedro Mora o Paloma Navares. Más minoritario es el interés por la construcción o modificación de espacios, con José Manuel Ballester, Aitor Ortiz o Montserrat Soto, y decididamente escasa la creación de imágenes sin dependencia de fotografías previas de la realidad, que practican Joan Fontcuberta y José Luis Santalla.

El arte digital está aún muy lejos de la independencia total de la realidad. Las imágenes generadas íntegramente por los ordenadores siguen siendo acartonadas, “irreales”. Se busca más bien de la creación de imágenes plenamente verosímiles mediante estrategias combinatorias de fragmentos de realidad que tienen bastante que ver con la fantasía surrealista. Y, al margen de propuestas más serias, como las de Fontcuberta, Perejaume, Daniel Canogar, Marina Núñez, María José Gómez Redondo, Juan Urrios y algunos otros, no es difícil que los artistas caigan en entretenimientos fáciles o ingenuos, sin mayor intencionalidad artística. Pero esto no ha hecho más que empezar.

Elena VOZMEDIANO


Joan Fontcuberta
Como continuación de su última exposición en Madrid, Securitas, Fontcuberta presenta dos obras de la serie Paisaje de la seguridad. En ellas ha utilizado un sofisticado programa utilizado para crear imágenes en 3D a partir de planos y datos geográficos, pero insertando datos que proceden de códigos de pólizas de seguros y cuentas bancarias en uno de los casos y de una tarjeta sanitaria en el otro. El resultado son paisajes de aspecto real, con efectos estéticos de iluminación y ambientación natural, que abren nuevas vías a la creación artística por medio del ordenador y con un espíritu crítico que va más allá de la mera simulación de la realidad.

Perejaume
Platea abrupta es una nueva elaboración del proyecto encargado a Perejaume para la decoración del remodelado Teatro del Liceo en Barcelona. En estas obras ha recurrido a la multiplicación digital de las clásicas filas de butacas, que hace adaptarse a un paisaje ondulado, hasta el horizonte montañoso, con una sensación un tanto vertiginosa. La noción de espectáculo se traslada al paisaje, un componente fundamental en la obra del artista, que establece un juego conceptual entre el que mira y lo mirado.

Mario de Ayguavives
Mario de Ayguavives hace uso de una de las herramientas más populares de la manipulación digital, consistente en aplicar a unos objetos las texturas correspondientes a otros. En las obras que presenta en la exposición, pertenecientes a la serie Otro cuerpo, aplica a objetos generados en tres dimensiones, con forma de fruta y de colchón con almohada, calidades de piel humana, pelos incluidos. Es un experimento que otros artistas, como Aziz y Cucher, han realizado a mayor escala, y que siempre provoca, en presencia de lo que consideramos familiar y cercano en un contexto visual distinto, una reacción visceral y un extrañamiento.

Javier Euba
La propuesta de Javier Euba, Morfosis, es una de las más impactantes por su resultado visual, pero también una de las más interesantes en cuanto al proceso seguido para su realización. La novedad estriba en que no ha partido de fotografías, sino de escaneos directos de trozos de animales muertos, como pollos desplumados, centollos, gambas o pulpos. Esos escaneos, reconstituidos a capricho en el ordenador, tienen como desenlace seres híbridos de apariencia robótica que parecen ironizar sobre las posibles aberraciones de la ingeniería genética. Es una variación, por otra parte, de la vieja práctica del collage de fragmentos que, además, hace uso del desdoblamiento por simetría.

Aitor Ortiz
Con su serie Destructuras, Aitor Ortiz ha tenido un gran éxito que ha llegado incluso fuera de nuestras fronteras. Es de los pocos artistas que han sabido hacer algo interesante con la aplicación de la tecnología digital al tema arquitectónico, que cuenta, desde luego, con una gran tradición en la fotografía. Sus arquitecturas modificadas tienen como origen construcciones reales, generalmente en hormigón (lo que le permite introducir texturas visuales muy interesantes), que invierte, prolonga o distorsiona sin que esas trampas se hagan evidentes, hasta hacernos perder el sentido de la orientación espacial. Todo ello con una notable calidad en la realización y en formatos inhabituales.

Daniel Vega Borrego
Con sólo veinticuatro años y un corto currículum, se puede decir que Daniel Vega Borrego es el “artista revelación” de esta exposición. Las fotografías que muestra responden perfectamente a la tipología de “monstruo virtual”, si bien trabaja en blanco y negro, lo cual no es habitual en la fotografía digital, que suele querer sacar provecho de las infinitas variaciones cromáticas que brinda el medio. Su Rascadora de espaldas, quimera clásica o una nueva sirena, tiene, con toda su carga de inquietud, un cierto tono humorístico.

Daniel Canogar
Uno de los ejes de la producción de Daniel Canogar, sin duda uno de los artistas que más lejos ha llegado en la investigación sobre la imagen digital, es la eliminación de convencionalismos de representación espacial. Por medio de sutiles proyecciones, ha hecho flotar, en obras anteriores, las imágenes sobre paredes y techos; en estas obras de la serie Osarios, los fragmentos de huesos humanos (la fragmentación es otro de sus conceptos recurrentes) se distribuyen etéreamente en el espacio fotográfico, creando una impresión de movimiento, de derrumbamiento simbólico.

Juan Urrios
Ortopedias, de Juan Urrios, sirve de ejemplo de una de las tendencias más extendidas en la fotografía digital, que fue además una de las primeras en practicarse: la combinación de diferentes rostros. Urrios trabajó sobre retratos frontales y estáticos de presos, según el tipo de fotografía policial, trasladando rasgos, accidentes cutáneos o tonalidades de unos a otros, integrándolos perfectamente pero dejando siempre un rastro, más o menos evidente, de la manipulación. Como parte del proyecto, elaboró con todas esas fisonomías intercambiables un nuevo prototipo humano en forma de retrato robot.




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