El Cultural
El Mundo
  Búsqueda avanzada
Comparte: Imprimir Imprimir
Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Facebook
Compartir en Twitter Twitter
Compartir en Meneame Menéame


Edición impresa |  ARTE

Mireya Masó al natural

Tomás March. Aparisi y Guijarro, 7. Valencia. Hasta el 20 de mayo. De 780 a 5.410 euros

  • Resultados:

José Luis CLEMENTE | Publicado el 24/04/2002

En los últimos proyectos de Mireya Masó (Barcelona, 1963), una secuencia de fotografías y la proyección de un vídeo estrechan el cerco entre el hombre y la naturaleza. Derivados del interés por las cuestiones contextuales de las que resulta y en las que interviene el arte, estos trabajos llevan al espectador a fijar la mirada en aquellos aspectos de nuestro entorno que, con frecuencia, pasan desapercibidos. Situada en un jardín inglés, Mireya Masó se convierte, a través de estas obras, unas veces en un topo que todo lo escarba cuando no levanta el vuelo y vierte una mirada de pájaro. Para ello no acude a un jardín cualquiera, sino que ha recurrido a aquel jardín, el inglés, que constituye el paradigma de la naturaleza domesticada dispuesta para ser sentida como salvaje. A medio camino entre Constable y Turner, estos trabajos circundan un espacio en el que suena el eco de las paradojas. Como en el jardín inglés, en estas obras la huella del ser humano está sin parecerlo o, al contrario, se da lugar a su presencia para hacerla, en apariencia, imperceptible. Por una parte, en las fotografías que llevan el título de It"s not just a question of artificial ligthting or daylight, Mireya Masó encadena una serie de acontecimientos, en apariencia naturales, tras los que se desvelan sucesos que, por minúsculos, resultan inquietantes. A partir de un calculado encuadre, a simple vista espontáneo, va hilando fragmentos de situaciones que están a punto de ser o que lo han sido, sin que el espectador tenga mayores referencias. Ese es el momento en el que se hace la magia.

Sin perder de vista la naturaleza, la proyección Garden"s Deligths lleva al espectador a reducir la perspectiva de su mirada. Desprovisto de un hilo narrativo, el visitante transita por las arenas movedizas de un paisaje en el que todo se extracta. Por él pasan las estaciones del año, y en él se detienen las dimensiones del día. De este modo, se ve obligado a moverse por un espacio laberíntico en el que han desaparecido las convenciones con las que poder orientarse. Incorporada a la imagen a modo de paradójico dispositivo, una serie de carteles va sucediéndose a lo largo del barrido de la cámara o, simplemente, aparecen sin previo aviso, para hacer notar que ese espacio es también obra de un hombre, arrastrado por la absurda idea de dominarlo todo.





Blogs, concursos y debates.


participa
To be continued... por Carlos Reviriego
El sadismo de Ricky Gervais
participa
Tengo una cita por Manuel Hidalgo
La negrura de Jonathan Swift
participa
El Incomodador por Juan Sardá
¿Por qué no Almodóvar?
participa
Rima interna por Martín López-Vega
Adam Zagajewski, en defensa de la experiencia
participa
participa
La columna de aire por Abel Hernández
El encanto de la historia, discreto también
participa
participa
Ondas de Choque por José Luis de Vicente
Eduardo Kac, el arte de la quimera
participa
Esceptrum por Antonio Fernández Ruiz
Adiós a la pasión. Gracias, Steve.