El Cultural
El Mundo
  Búsqueda avanzada
Comparte: Imprimir Imprimir
Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Facebook
Compartir en Twitter Twitter


Edición impresa |  ARTE

Coullaut-Valera, saga de escultores

Museo del vidrio. Pocillo, 1. La granja de San Ildefonso. Segovia. Hasta el 2 de febrero

  • Resultados:

José MARIN-MEDINA | Publicado el 31/07/2002

Esta exposición, dedicada a revisar la obra de los Coullaut-Valera, Tres Generaciones de Escultores, viene a ser una respuesta de lealtad de una comunidad al aprecio y apego inalterados que esta saga de artistas de origen sevillano ha mantenido con La Granja de San Ildefonso durante los últimos setenta y cinco años. Esta relación se inició en 1927, cuando se encargó a Lorenzo Coullaut Valera una escultura pública dedicada a la Infanta Isabel de Borbón, “La Chata”, para los Jardines del Real Sitio, en el emplazamiento en que ella presidía un famoso corro o tertulia durante sus estancias en aquel palacio segoviano. El propio Rey Alfonso XIII se interesó por este homenaje a su tía, ya anciana, y expresó al escultor sus deseos. A raíz de esta obra, Lorenzo Coullaut Valera (Marchena, Sevilla, 1876-Madrid, 1932), que tenía su casa-taller en Madrid, en un hotelito de la calle Conde Peñalver, esquina a Ayala, abrió en La Granja la preciosa Villa María Teresa, que hoy cuidan sus nietos. Pero lo que inicialmente fue un estudio sencillo y lugar de veraneo, a partir de 1966 se convertiría en residencia y taller “oficial” de los Coullaut-Valera, al trasladarse definitivamente allí el segundo escultor de la saga, Federico (Madrid, 1912-La Granja, 1989), hijo de Lorenzo. A su vez, el tercer artista, Lorenzo (Madrid, 1944-La Granja, 2002), hijo de Federico, ha desarrollado su obra en ese mismo lugar, donde le sobrevino la muerte, el pasado invierno, cuando participaba en la organización de esta muestra conmemorativa de las bodas de diamante de vecindad de su familia con la comunidad civil del Real Sitio.

Pero la exposición -y su catálogo- no se detiene en establecer un homenaje, proponiendo además un análisis crítico sobre la aportación de los Coullaut-Valera, entendiéndolos -al viejo y magistral Lorenzo y a Federico, su continuador- a partir de la tradición de la estatuaria académica y dentro del lenguaje realista-pintoresco, e interpretando la generalidad de su obra en el contexto de los encargos oficiales y eclesiales que la condicionaron. En lo que respecta al tercer Coullaut-Valera, que fue un raro -dentro y fuera de la saga familiar-, que se autodefinía como “escultor clandestino” y que gustaba firmar como Covatelo, la exposición lo interpreta como un surrealista “final”, aunque algunos entenderemos a partir de ahora su obra dentro del espíritu del arte “bruto”, representativo de una inventiva de liberaciones radicales y contraculturales.

Ya en el pórtico de la muestra se expresa un afán predominante de diferenciar el lenguaje de los tres artistas, contraponiendo tres obras. Del fundador de la dinastía, representado por un gran mármol, de modelado sensual, El amor que siente -correpondiente al busto de la figura femenina central del Monumento a Bécquer en Sevilla-, se reafirman su concepto pictoricista y su estilo un punto modernista. De Federico, que completó justamente dos monumentos madrileños mayores iniciados por su padre -el de Cervantes en la Plaza de España, y el de los Hermanos Quintero en El Retiro- se presenta el boceto en yeso de su Monumento a Baroja, en el que sus intenciones viran hacia una neofiguración, en la que insistiría en su afamado ángel de Madrid. Y de Covatelo se muestra El guerrero, un ensamblaje que rompe decididamente con la tradición, haciendo girar el curso de un siglo de escultura desde el taller familiar de una de las firmas más reconocidas de la historia contemporánea del monumento y de la imaginería en España.





Blogs, concursos y debates.


participa
participa
La papelera por Juan Palomo
De dominio público
participa
Ondas de Choque por José Luis de Vicente
Eduardo Kac, el arte de la quimera
participa
To be continued... por Carlos Reviriego
Black Mirror, el fin de la intimidad
participa
El Incomodador por Juan Sardá
Descendientes, Thatcher y la chispa
participa
La columna de aire por Abel Hernández
Tanned Tin: Oído, olfato, vista, gusto y tacto
participa
participa
participa
Esceptrum por Antonio Fernández Ruiz
Adiós a la pasión. Gracias, Steve.

Federico Coullaut-Valera: Ángel de Madrid, 1977