Edición impresa | ARTE
| Publicado el 06/05/2004
Planea entre algunos estudiosos una idea, tal vez llegue incluso al estadio de hipótesis: Dalí, como artista, muere en 1940. Es decir, que, a partir de entonces, pervive el personaje, pero su obra ya no es capaz de aportar nada más a la historia del arte. Tal supuesto se sustenta en una convicción: el período estrictamente surrealista del pintor es de tal calibre, su influencia y su originalidad tan destacadas, que lo que viene después provoca una decepción sin límites. Quisiera empezar por suscribir la primera parte de la formulación, puesto que, a mi juicio, Dalí construye, entre finales de los años veinte y durante toda la década de los treinta, una de las obras más fundamentales del arte del siglo XX. Pero debo añadir de inmediato que el menosprecio de su última etapa incurre en ciertas arbitrariedades historiográficas.









Leda atómica, 1949. Fundación Gala-Salvador Dalí