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Domingo, 20 de abril de 2014
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Ciencia  

Frío, calor y mujeres

por Francisco Mora

La resistencia biológica de la mujer ante el frío y el calor y su relación con el código evolutivo es el motivo de reflexión de Francisco Mora. Para el catedrático de Fisiología todo está relacionado con la conducta de supervivencia, tanto individual como de la especie desarrollada por nuestros antecesores.


Francisco MORA | 08/09/2005 |  Edición impresa


Todos reconocemos y por supuesto mucho más las propias mujeres, que ante cualquier situación de cambio de temperatura ambiente y en cualquier época del año ellas notan mas el frío que los hombres. Por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se encuentran a media noche o temprano en la madrugada en un cine de verano o en la playa o en el porche de su casa, es la mujer la primera en exclamar: !Hace frío! Y es también notoria la contestación del hombre. !Pues no hace tanto frío! Inferido de ello se podría pensar que el hombre, en esas circunstancias, tiene una mayor protección biológica y es más resistente y tolera mejor el frío que la mujer. Sin embargo, la realidad es precisamente todo lo contrario. Y esto, claro es, no deja de ser una verdadera paradoja.

Pero es verdad. La mujer, en condiciones de no actividad, es mucho mas resistente y biológicamente mas estable ante el frío que el hombre. Y también ante el calor. ¿Qué hace que ello sea así? En determinadas circunstancias, si la temperatura del medio ambiente empieza a descender, es cierto que la mujer es la primera que comienza manifestando que lo percibe antes que el hombre. Esta respuesta no es imaginativa sino que responde a la sensación y percepción real de frío que experimenta en su piel. Paradójicamente, sin embargo, el resto de su cuerpo se mantiene caliente. Ello se debe a que, ante el frío, la mujer tiene unos mecanismos más eficientes que los del hombre para cerrar los vasos sanguíneos de su piel y no permitir que la sangre pase por ellos. Este mecanismo sirve de escudo externo y evita la pérdida de calor de las partes internas del organismo que así, consecuentemente, conservan más el calor. Es tan eficiente en la mujer que es equivalente a ponerle un traje de verano sobre la piel desnuda. Ahora bien, con la constricción de los vasos sanguíneos la piel se enfría puesto que ya no le llega el calor de esa misma sangre que ahora se dedica a mantener calientes las partes internas del cuerpo. Y a medida que se cierran más y más eficientemente esos vasos sanguíneos la piel se enfría más y más. Y con ello la mujer experimenta más y más frío, a pesar de que la parte interna de su cuerpo, como digo, conserva el calor. ¿A qué se debe todo esto? Precisamente a que los receptores que sensan el frío se encuentran en la piel y ante esta circunstancia de enfriamiento de la piel están mandando constantemente información al cerebro e indicando frío. Por eso la mujer, a pesar de mantener su cuerpo caliente, manifiesta su percepción constante de frío.

Frente a esto el hombre tiene estos mismos mecanismos menos eficientemente desarrollados. El hombre, ante temperaturas del medio ambiente como las descritas para el caso de la mujer, no manifiesta tener o sentir frío porque lo percibe menos, pero la realidad es que su cuerpo se está enfriando. Y esto se debe a su incapacidad de cerrar los vasos sanguíneos de la piel tan eficientemente como lo hace la mujer y con ello mantiene una piel mas caliente pero pierde más calor de su cuerpo. ¿Por qué a pesar de todo esto el hombre manifiesta no tener frío? Pues porque sus receptores para el frío están en una piel caliente y no informan a su cerebro de frío. Consecuentemente ante un descenso térmico en el medio ambiente el cuerpo del hombre se enfría más rápidamente que el de la mujer y esto último se manifiesta por el hecho de que el hombre comienza a tiritar (generar activamente calor por su cuerpo) mucho antes que la mujer. Con el calor sucede otro tanto.

La mujer experimenta y tiene la sensación de calor mucho antes y más intensamente que el hombre. Ante un determinado aumento de la temperatura ambiente comienza antes a manifestar la sensación de agobio y calor pero no suda (mecanismo por el cual el cuerpo pierde calor y se enfría). En cambio a esa misma temperatura el cuerpo del hombre sí lo hace. Ello se debe, de nuevo, a la capacidad biológica de la mujer de abrir los vasos sanguíneos de la piel y perder calor por estos mecanismos que a su vez calientan sus receptores del calor diciendo a su cerebro el calor que experimenta. El hombre en cambio, que no posee estos mecanismos de modo tan eficiente, no percibe esa sensación de agobio de modo tan acusado pero comienza rápidamente a sudar.

¿Qué significado biológico y evolutivo tiene todo esto? ¿Por qué el cerebro de la mujer y el hombre han desarrollado el control de estos mecanismos en un grado tan diferente? Sin duda ello tiene que ver con la conducta de supervivencia tanto individual como de la especie desarrollada por los antecesores del hombre y el hombre mismo en sus 3 ó 4 millones de años de evolución. La mujer ha estado más al cuidado de la prole (supervivencia de la especie) y ha batallado menos activamente contra los depredadores o la obtención del alimento (supervivencia individual).

Ello se corresponde con mecanismos biológicos capaces de mantener la estabilidad térmica del cuerpo de la mujer en un rango más amplio que el hombre de modo pasivo. El hombre en cambio necesita de esa actividad corporal para alcanzar esos mismos mecanismos de conservación (tiritona) o pérdida de calor (sudoración). Algún día hablaremos de los mecanismos del cerebro que justifican cuanto acabo de decir y de su enorme significado biológico.




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