publicidad
El Cultural
Viernes, 29 de agosto de 2014
El Cultural
  Búsqueda avanzada
Ciencia  

Transgénicos y clones humanos

Los últimos avances en biotecnología ponen a prueba la ética y los marcos legales

Es un fenómeno tan apasionante como complejo. Desde hace años, ni la sociedad ni el individuo parecen asumir los avances de la biotecnología a la misma velocidad con la que se suceden. José Antonio López Guerrero, profesor titular y director de Cultura Científica de la UAM, recorre los más importantes de los últimos días: la nueva actitud de Sarkozy ante los transgénicos, la “seguridad” de los alimentos procedentes de animales clonados, la utilización de embriones quiméricos y la última hora en división y diferenciación celular.


JOSÉ ANTONIO LÓPEZ GUERRERO | 07/02/2008 |  Edición impresa


Peces transgénicos Zebrafish.

Seguro que recuerdan aquella película (La invasión de los ultracuerpos, Don Siegel, 1956), con sus respectivos remakes, sobre unas vainas asesinas que, desde el espacio infinito, habían elegido nuestro florido planeta para hacerse con nuestras almas... Algo así podrían llegar a sentir algunos lectores sobre las plantas transgénicas a tenor de lo aparecido últimamente en los medios de comunicación... Por otro lado, en otra “cancha” científica, asistimos al esperpento de ver a algunos científicos españoles denunciados por el mero hecho de realizar su trabajo, esto es, investigar con células procedentes de embriones supernumerarios. Mientras tanto, se aprueban los primeros proyectos para elaborar embriones híbridos entre humanos y otros mamíferos o alzamos las campanas al vuelo ante el logro, esta vez parece ser que sí, de embriones humanos obtenidos mediante transferencia nuclear. Vivimos inmersos en una vorágine de temas científicos polémicos. Estos son alguno de ellos:

Francia ante los transgénicos. En un sorprendente supuesto giro ecológico, el presidente francés Nicolás Sarkozy evoca el principio de prudencia para suspender el cultivo del maíz transgénico del tipo MON 810, hecho, éste, que aleja a nuestro vecino galo de España, principal productor de maíz transgénico de Europa y, sobre todo, de EE.UU. o Canadá, primeras potencias en este tipo de tecnología y que cuentan con asociaciones gubernamentales de control alimentario muy estrictas y referentes mundial, como la FDA (Food and Drug Administration). Según el comunicado de Sarkozy, este tipo de alimento transgénico podría dañar a insectos “útiles” o contaminar cosechas cercanas. Sin embargo, años atrás, científicos británicos ya habían elaborado otro informe donde concluían lo contrario: los cultivos transgénicos son seguros. Asimismo, una evaluación sobre bases científicas encargada por el gobierno de Uruguay concluía, en 2003, “que no existen razones de bioseguridad que justifiquen la prohibición de la producción o la importación con destino al consumo directo o de derivados de maíz del evento de transformación MON 810” comprobándose que dicho alimento no difería en absoluto del obtenido por técnicas convencionales, habiéndose autorizado su comercialización y/o uso en países como Canadá, EE.UU. (anteriormente mencionados), Suráfrica, Suiza, Japón, Argentina y la mayoría de los países de la UE (ahora sin Francia). Por otro lado, la Asociación Francesa para la Información Científica (AFIS) ha realizado una declaración argumentando la viabilidad de la coexistencia entre los cultivos de maíz convencional, transgénico y “ecológico”.

Sea como fuere, a lo largo de las últimas décadas de prácticas de cultivos transgénicos no ha podido ser documentado ningún caso de daño en humanos producido por el maíz Bt (MON 810), acrónimo de la especie bacteriana Bacillus thuringiensis. Esta bacteria, completamente natural en nuestros ricos suelos, produce una toxina específica contra algunos parásitos propios del maíz, como el taladro -larva de lepidóptero que, al salir del huevo, penetra en el tallo de la planta y la devora completamente, malogrando hasta el 7% de la cosecha mundial de maíz (hasta el 17% en algunas zonas de nuestro país)-. La toxina Bt sólo es efectiva en los tractos digestivos alcalinos de algunos insectos, por lo que únicamente aquellos que coman la planta transgénica sufrirían las consecuencias, ahorrándose más de 20 millones de litros anuales de pesticidas en el mundo. Alternativamente a la transgénesis, se han llegado a rociar indiscriminadamente campos y jardines con esporas de B. thuringiensis sin que tampoco se observaran efectos tóxicos o alérgico, según apunta la AFIS.

¿Consumir clones? Por si fuera poca polémica social la clonación de un gran número de mamíferos -desde ratones hasta monos, pasando por vacas, caballos y nuestros queridos perros y gatos-, la Autoridad en Seguridad Alimentaria de la UE anuncia la falta de riesgo para la salud y da su visto bueno a la carne y otros derivados de ganado bovino, porcino u ovino clonados.

Efectivamente, no hay ningún parámetro objetivo que pudiera sugerir que las condiciones nutricionales, organolépticas o sanitarias de un clon tendrían que ser distintas a su homólogo convencional. Existen en la actualidad varios métodos de clonación siendo, quizá, la transferencia de un núcleo celular a un óvulo enucleado la más famosa desde que vio la luz la oveja más conocida de la historia, tocaya de la cantante norteamericana de country. Fue la oveja Dolly la que puso sobre el tapete la polémica: los animales clonados podrían nacer con la “edad biológica de su molde” y/o sufrir graves problemas de salud. Estudios científicos desligaron la condición de clonada de la famosa oveja con su muerte prematura. No obstante, el Grupo sobre la ética de la Ciencia y las Nuevas Tecnologías de la UE vuelve a hablar de prudencia y del posible sufrimiento innecesario de los animales clonados.

De nuevo, hacen falta futuras investigaciones y, desde mi modesto punto de vista, hacerse una pregunta inmediata: cuando, al parecer, los países occidentales estamos desechando grandes cantidades de alimentos por aquello del “cupo comunitario”, ¿qué necesidad tenemos de clonar animales para alimento?

Embriones quiméricos. Una de las posibilidades que abriría nuestra recientemente aprobada Ley de Investigaciones Biomédicas podría llegar a ser la creación de embriones quiméricos con material citoplasmático de un mamífero (desde ratón hasta una vaca) y núcleo humano. De hecho, algunos de nuestros mejores científicos, como Juan Carlos Izpisúa, pretenden explorar esta posibilidad como herramienta valiosa de estudio molecular y celular. Ahora, Reino Unido anuncia la autorización de inminentes proyectos con la creación de embriones 99% humanos y 1% bovino. Por supuesto, estos embriones nunca pasarían del estadio de blastocisto -en torno a las 150 células y menos de 14 días de existencia-, nunca serían implantados en ningún útero (humano o no) y servirían para reducir, entre otras cosas, la necesidad de recurrir a óvulos de mujeres donantes; actividad que, por otra parte, no está exenta de riesgos y sufrimiento.

Estos estudios, según los proyectos solicitados por el King’s College de Londres y la Universidad de Newcastle, persiguen profundizar en los mecanismos moleculares que apunten a futuras nuevas terapias contra enfermedades como la eterna diabetes o ciertas neuropatologías. Aunque existen lógicos recelos morales, que no bioéticos, entre algunas asociaciones británicas, la Autoridad para la Fecundación y Embriología Humana ya ha bendecido, con su autorización, estos primeros proyectos con embriones quiméricos.

Tras los pasos de Hwang. No querría terminar este pequeño recorrido biocientífico sin mencionar, siquiera sucintamente, un nuevo logro que tras varios intentos fraudulentos parece que, ahora sí, a la tercera ha ido la vencida: un grupo de científicos de la empresa californiana Stemagen Corporation, coordinados por Andrew French, acaba de publicar en la revista Stem Cells lo que el surcoreano Woo-Suk Hwang soñó e inventó; la obtención de embriones humanos a partir de núcleos de células adultas y óvulos enucleados de varias mujeres mediante la técnica mencionada anteriormente de transferencia nuclear. Aunque sólo pudieron constatar la identidad genética total en un caso, y no pudieron obtener líneas celulares derivadas del embrión activado, algo que parecía ser el plato fuerte en el montaje fantasma de Hwang, este logro vuelve a abrir frescas vías en el estudio de la división y diferenciación celular, siempre con el respeto a la no menos novedosa y prometedora técnica de la reprogramación celular anunciada, asimismo, hace pocas semanas.

Para concluir, y si me permiten algo de demagogia, con el uso desproporcionado del “principio de precaución” a la hora de aplicar el fruto de años de investigación, nunca habríamos tenido penicilina (quizá tampoco talidomida) o, por ejemplo, la Conferencia de Asilomar (1975) habría cerrado todas las puertas a la actual producción de insulina humana recombinante producida por esa pequeña factoría que es nuestra querida bacteria Escherichia coli.




Imprimir Enviar a un amigo Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Meneame



publicidad
publicidad

Volvemos en septiembre

El concurso de microrrelatos conducido
por Juan Aparicio Belmonte
regresa después de las vacaciones.

publicidad

publicidad

publicidad

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y nuestros servicios al usuario. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra política de cookies.