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10 años de El Cultural

J. M. BERMÚDEZ DE CASTRO | 13/11/2008 |  Edición impresa


Reconstrucción del rostro de un individuo de la sima de los huesos

Muchos e interesantes han sido los avances de los últimos diez años en evolución humana. No parece sencillo resumir en unas pocas líneas todo lo que hemos aprendido en esta última década. Sin embargo, todos estarán de acuerdo en destacar el enorme avance que ha supuesto la publicación de los resultados del Proyecto Genoma Humano y del proyecto sobre el genoma de los chimpancés. Es curioso como en paralelo a estas investigaciones trascendentales para la humanidad se han producido algunos hallazgos en áfrica de fósiles, que podrían estar muy próximos al antecesor común del linaje humano y el de los chimpancés.

En 2001, Brigitte Senut y Martin Pickford describieron en la revista C.R. Acad. Sci. el hallazgo en Kenya de un hominino de unos seis millones de años de antigöedad, al que bautizaron con el nombre de Orrorin tugenensis. Los dos científicos reclamaron el honor de haber hallado los fósiles del primer antepasado del linaje humano, aunque ese mismo año Yohannes Haile Selassie publicó en la revista Nature sus investigaciones sobre fósiles de homininos procedentes de la región del curso medio de río Awash (Etiopía), datados entre 5,2 y 5,8 millones de años. Estos fósiles fueron incluidos en la especie Ardipithecus ramidus (previamente descrita en 1994 por T. White, J. Suwa y B. Asfaw), considerada como mejor candidata para tener el honor de ser el primer hominino de nuestro linaje. También debemos destacar el hallazgo en 1998 y 1999 de dos fósiles, KNM-WT 40000 y KNM-WT 38350 en la localidad de Lomekwi, en la región occidental del lago Turkana. El hallazgo fue dado a conocer por Meave Leakey y otros colegas en 2001 en la revista Nature. La anatomía de estos restos llevaron a proponer nada menos que un nuevo género y especie: Kenyanthropus platyops, cuya antigöedad se cifra entre 3,3 y 3,5 millones de años.

El primer europeo
En 2007, los yacimientos burgaleses de la Sierra de Atapuerca dieron un paso más en la búsqueda del primer europeo. En este caso el hallazgo se produjo en el yacimiento de la cueva denominada Sima del Elefante, a escasos 150 metros de la cueva de la Gran Dolina, y fue publicado en Nature en marzo de 2008. En el nivel TD6 de Gran Dolina se habían descubierto y nombrado los restos de una nueva especie, Homo antecessor, que en los años noventa revolucionaron la prehistoria europea. Su antigöedad superaba en más de 300.000 años el fósil europeo más viejo encontrado hasta entonces La mandíbula hallada en el nivel TE9 de la Sima del Elefante tiene una antigöedad de 1,3 millones de años y también ha sido asignada provisionalmente a la especie Homo antecessor. Esta mandíbula recuerda a las más antiguas del género Homo halladas en áfrica, pero sobre todo a las recuperadas en el yacimiento de Dmanisi, en la República de Georgia. Todo parece indicar que Europa se colonizó muy pronto, poco después de la primera expansión demográfica fuera de áfrica de homininos del género Homo, pero que conservaban todavía rasgos muy primitivos heredados de los australopitecos.

En Dmanisi se han seguido encontrando nuevos e importantes restos fósiles de los primeros pobladores de Eurasia y se ha confirmado que tienen una antigöedad que supera la cifra de 1,7 millones de años. La teoría de un primer poblamiento de toda Eurasia a finales del Plioceno va tomando forma. Es importante recordar la publicación presentada en Nature en 2003 por Tim White y otros colegas precisamente sobre una de las evidencias más antiguas del origen de nuestra especie en áfrica. No se puede terminar este artículo sin recordar el gran lío que se ha organizado con el descubrimiento de fósiles recientes de homininos enanos en la Isla de Flores, en Indonesia. A buen seguro pronto se escribirá un libro sobre este hallazgo, que nos trae a todos de cabeza. Los fósiles hallados por Peter Brown y Michael Morwood en la Cueva de Liang Bua tienen 18.000 años de antigöedad y podrían pertenecer a una nueva especie de hominino enano, que estos investigadores formalmente denominaron Homo floresiensis en la revista Nature (2003). Si tienen razón, se trataría de un descendiente quizás de Homo erectus, que evolucionó hacia el enanismo en el aislamiento de la Isla de Flores, y llegó a tener menos de 400 centímetros de capacidad craneal.




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