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Edición impresa |  CIENCIA

El ejemplo de Oxford

La cultura de la ciencia

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Francisco MORA | Publicado el 04/12/2008

Emoción, altruismo y excelencia. Sobre estos pilares, Francisco Mora, catedrático de Fisiología de la UCM, considera que debe construirse la universidad como fuente de curiosidad y de conocimiento y para ello pone como paradigma la capacidad de iniciativa de la Universidad de Oxford.


Oxford es, y casi sigue siendo en su fisonomía, una pequeña ciudad medieval rodeada de extensos pastos, pasos y vacas, de ahí su nombre. Desde muy lejos se pueden distinguir las espadañas puntiagudas que la distinguen. Y en esa pequeña quietud se ha levantado uno de los foros de pensamiento más exigentes y críticos del mundo. Es la Universidad de Oxford. Quienes nos hemos formado en ella sentimos un orgullo profundo de pertenencia intelectual y de agradecimiento. Y aún después de tantos años sigo, de alguna manera, relacionado con ella a través de mi propio colegio, el Wolfson College, cuya institución represento en España. La Universidad de Oxford tiene una larga historia de excelencia desde sus barruntos en el siglo XI. Y así ha continuado desde entonces, en una lucha constante por alcanzar los más altos logros en el conocimiento humanista y científico y transmitirlo a grupos selectos de estudiantes.

Lo cierto es que, hace ya algún tiempo, la Universidad y sus gobernantes, han debido tropezar con un punto de inflexión en esa búsqueda constante de conocimiento nuevo. Y claramente no se resignan a ello. Tomaron la decisión de lanzar una campaña ambiciosa de recogida de fondos. Quieren, como sea, volver a alcanzar y seguir superando ese punto competitivo de excelencia con otras universidades. Y para lograr ese objetivo han considerado que se requieren 160.000 millones de euros, que esperan obtener de donaciones hechas por instituciones, antiguos alumnos -hoy altos cargos de multinacionales-, banqueros, políticos, científicos prestigiosos o ex-alumnos mas modestos, como yo mismo. Hace poco, en medio de los vientos monetarios que soplan, recibí un sobre con la solicitud de contribuir económicamente a la campaña. Y, sin duda, que voy a contribuir con una donación.

Oxford es como un águila real porque una campaña de este tipo puede decirse que intenta volar muy alto. Me pregunto por qué estas iniciativas sólo las puede realizar la Universidad de Oxford y pocas más universidades en el mundo y desde luego ninguna universidad española. Creo que por muchas razones y emociones.

Para que una campaña así pueda alcanzar éxito se requiere de una cultura base. En Gran Bretaña o Estados Unidos existe la cultura de donar y devolver a la sociedad parte de lo que has ganado en tu interacción con ella. Se dona con trabajo, tiempo y voluntariado pero también con dinero y mucho. En la Universidad se espera que antiguos alumnos sigan sosteniendo “su universidad” con donaciones y agradecimiento. Y además se cuenta con la seguridad, absoluta, de que toda donación es rigurosamente contabilizada y transparentemente utilizada. Y aquí la pregunta es siempre la misma. ¿Por qué en España no podemos tener universidades competitivas y sostenidas en parte por la sociedad misma? Por qué no tenemos universidades cuyos profesores muestren al mundo sus capacidades creativas en las artes, la literatura y la ciencia? Universidades que atraigan, no estudiantes adocenados por alcanzar solamente una profesión de alta cualificación social, sino estudiantes “curiosos” por descubrir cosas nuevas. Es muy simple. Porque nuestra sociedad no tiene, ni valora, ni promociona una auténtica cultura del conocimiento.

Nuestra sociedad no prima, ni impulsa, ni promueve “la emoción” por el conocimiento. Y es en este sentido, por ejemplo, que la nueva ministra de Ciencia e Innovación ha empezado, como todos sus predecesores, la casa por el tejado. Yo ya no espero nada de la ministra de Educación, compañera de mi propia universidad. Pero sí lo esperaba de la de Ciencia e Innovación, que se diera cuenta de la necesidad de una nueva campaña que no comienza sólo por dar dinero a unas universidades sin cultura de conocimiento nuevo, sino por una campaña mediática por la ciencia con la juventud. Que se diera cuenta de la necesidad urgente de dedicar unos segundos en los medios (radio y televisión), ella y científicos selectos invitados de todo el mundo, a abrir los ojos y “los cerebros” de la juventud española hacia ese mundo curioso que proporciona la ciencia creativa, fuente única, quizá, de verdadera riqueza y conocimiento.

Que nadie dude que todas las universidades, como instituciones que son, pueden, con las alas adecuadas, volar y hasta tan alto como la Universidad de Oxford. En eso no hay misterios ni fantasmas. Las alas son sus gentes, sus profesores, sus estudiantes, su personal, sus dirigentes. Las alas son la ilusión, la ambición, el altruismo. Las alas comienzan a crecer cuando uno se lanza al aire pensando e intentado dar más que en recibir y creyendo en valores que van mucho mas allá de la mediocridad cotidiana que nos rodea. Y eso es una cultura que no existe en España. Sin esa cultura, instalada en los niños y la juventud desde muy temprano, sobre todo desde los medios, seguiremos en la pordiosería del conocimiento de excelencia.

franciscomorateruel@gmail.com





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