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Viernes, 18 de abril de 2014
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¿Qué pintaban los neandertales?

Recientes hallazgos apuntan a que podrían haber tenido una mente simbólica

El Homo neanderthalensis sigue siendo la gran incógnita de la evolución. Existen evidencias, algunas muy recientes, de que pudo tener una mente simbólica, lo que le acercaría al Homo sapiens. Manuel Martín-Loeches, del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII), analiza la posibilidad de que dejaran rastros de expresiones artísticas.


Manuel MARTÍN-LOECHES | 20/01/2012 |  Edición impresa


Niño neandertal. De la exposición "Neandertales. Desde Iberia a Siberia". MEB

Cuando aquel día de 1856 unos trabajadores de una cantera en el valle de Neander, en el Oeste de Alemania, desenterraron un extraño cráneo humano poco podían imaginar que su descubrimiento daría tanto que hablar. No sólo pondría nombre a una de las mayores y más apasionantes leyendas de la humanidad, el Homo neanderthalensis, sino que supuso el nacimiento de la Paleoantropología moderna.

Aún faltaban tres años para que Darwin publicara El Origen de las Especies, por lo que nadie sospechaba que aquello que en un principio se tomó por el cráneo de un cosaco de la época de Napoleón pertenecía en realidad a un miembro de otra especie, a un pariente evolutivo cercano del Homo sapiens con decenas de miles de años de antigüedad. Los descubrimientos se han ido acumulando desde entonces y han reescrito totalmente su biografía.

De ser considerado un ser primitivo en todos los aspectos, tanto físicos como especialmente mentales -hasta el punto de que Ernst Haeckel propuso llamarlo ‘Homo stupidus'- el neandertal ha pasado a ser considerado un ser humano con una capacidad mental muy parecida a la nuestra; quizá idéntica. En los foros científicos se debate acaloradamente esta cuestión.


VERDURAS Y MARISCOS En realidad, las últimas evidencias van dando cada vez más argumentos a quienes creen que la mente del neandertal era tan avanzada como la nuestra. Tan sólo en los dos últimos años hemos podido saber que los neandertales cocinaban verduras, granos, raíces y legumbres, cuyos restos fosilizados se encontraron en el sarro dental de algunos especímenes, y que fueron capaces de explotar los recursos del mar, como lo demuestra el reciente hallazgo de abundantes restos de mariscos -especialmente mejillones- consumidos hace unos 150.000 años en la Cueva Bajondillo, cerca de Torremolinos.

Aunque estas actividades nos puedan parecer hoy día sencillas y poco llamativas, nada más lejos de la realidad, pues implican capacidades cognitivas, de planificación, anticipación y coordinación, que hasta hace muy poco se consideraban vetadas para todos los seres humanos que no fueran sapiens. Estos hallazgos se suman a otros muchos, como la fabricación de herramientas complejas en diversos materiales y tamaños, la práctica de algún tipo de comercio, el cuidado de miembros desvalidos del grupo o el enterramiento intencionado de sus muertos, que pone en evidencia la complejidad de la vida mental y social de aquellos seres humanos.

Pero hasta ahora no parece haberse podido superar un punto de inflexión, un ‘Rubicón' o abismo mental infranqueable que hace que se siga hablando de “ellos” y “nosotros” como pertenecientes a dos mundos distintos. Si bien es cierto que en prácticamente cualquier tipo de actividad los parecidos entre neandertales y sapiens son sorprendentes, hay una faceta de nuestro comportamiento que aún parece separarnos: el arte.

Se conocen desde hace años ciertos indicios que sugieren que el neandertal era capaz, como nosotros, de dedicar parte de su azarosa y dura vida a actividades que no reportaban ningún valor ecológico o adaptativo aparente. No son demasiado sólidos, pero son varios y apuntan en una misma dirección. Así, por ejemplo, hay huellas de desgaste en el suelo de algunas cuevas que invitan a pensar en bailes ceremoniales repetidos muchas veces y marcas en estalagmitas, estalactitas y otras formaciones naturales de las cuevas que sugieren un golpeteo repetido y durante mucho tiempo, cuyo propósito no sería otro que el de producir sonidos estridentes que podrían haber acompañado a aquellas danzas.


Focas de Nerja Se conocen también restos de adornos corporales, como ciertos collares y colgantes, o el uso de pigmentos, probablemente para realzar el aspecto del cuerpo, que evidencian no sólo la importancia y complejidad de la mente social de los neandertales, sino incluso atisbos de una mente simbólica. Entre estos objetos se encuentran los recientes hallazgos de conchas perforadas y decoradas con llamativos colores, lo que, si no es arte, al menos se parece mucho.

Pero, para muchos autores, si bien esas actividades están en el camino hacia el advenimiento del arte, no lo son en realidad; no serían arte en sentido estricto. No suponen una prueba inequívoca de lo que siempre se ha considerado exclusivo del Homo sapiens: la mente simbólica. Los bisontes de Altamira no son bisontes; en realidad, se trata de manchas realizadas con pigmentos de determinados colores sobre la superficie irregular de las paredes de una cueva.

Dicho de otra forma, son símbolos de los verdaderos bisontes, que correrían libres fuera de la caverna. Ni la música, ni los bailes, ni los collares serían una prueba fehaciente de esa mente simbólica que nos pertenecería sólo a nosotros. Los enterramientos intencionales de los muertos, sin embargo, podrían argüirse como una prueba en ese sentido; pero también podrían explicarse por otras razones, como la higiene o una manera de evitar que las alimañas despedazaran el cuerpo de un ser querido. Para suponer una mente simbólica, resulta evidente, necesitamos símbolos.

Además, se ha defendido que muchos de esos logros a mitad de camino entre la “mente animal” y la mente simbólica no serían sino puras imitaciones de los comportamientos que los neandertales veían hacer a los sapiens, pues la mayoría pertenecen a épocas en las que ambas especies de humanos convivían en nuestro continente. Los neandertales seguirían quedando en mal lugar.

Hace no muchos años dio la vuelta al mundo el descubrimiento de unas piedras de ocre que mostraban grabados rectilíneos que aparecieron en la cueva surafricana de Blombos. Su datación dio la friolera de unos 77.000 años, lo que supuso una revolución, pues no se aceptaba la existencia de arte con más de 35 ó 40 mil años, y también se pensaba que el arte tuvo su origen en Europa.

Además, habrían sido realizadas por el Homo sapiens, lo cual sólo adelantaba las fechas pero seguía manteniendo las distancias entre otras especies humanas y la nuestra. Repuestos de aquel golpe, muchos científicos volvieron a los argumentos tradicionales; y es que unos grabados rectilíneos no serían arte, al menos no arte figurativo o simbólico. El reciente hallazgo en la misma cueva de Blombos de ese tipo de grabados pero mucho más antiguos -hablamos de unos 150 mil años- no cambiaba mucho las cosas.

LAS FOCAS DE NERJA
A las cada vez más numerosas evidencias a favor de una mente realmente superior para los neandertales acaba de sumarse otro hallazgo, cuyas implicaciones parecen verdaderamente revolucionarias. En un lugar recóndito y de difícil acceso de la cueva de Nerja, en Málaga, aparecen toscamente representadas unas focas en trazo rojizo. En el suelo, a apenas diez centímetros de las mismas, han aparecido restos carbonizados de material utilizado para iluminarse. Tienen más de 42 mil años. En aquel momento y en aquel lugar sólo podía haber neandertales.

España, una vez más, vuelve a dar frutos únicos que iluminan nuestro pasado. El tiempo dirá cómo asimila la comunidad científica este hallazgo, pero de confirmarse supondría que estaríamos no sólo ante la muestra de arte figurativo más antigua del mundo, sino que además habría sido hecha por neandertales. De ser así, el neandertal habría cruzado definitivamente el ‘Rubicón'.





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