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Sábado, 02 de agosto de 2014
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En busca del fuego

Las “hogueras” de Bolomor prendieron la neandertalización de la Península

Un equipo de investigadores ha exhumado recientemente, en el yacimiento de la Cova de Bolomor de Tavernes de la Valldigna (Valencia), el “hogar de fuego” más antiguo de la Península Ibérica, fechado hace 150.000 años. Valentín Villaverde, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Valencia y miembro del equipo de investigación de las excavaciones, realiza para El Cultural un recorrido por la ruta de las principales “hogeras” de la Península Ibérica, claves para comprender el complejo proceso de neandertalización de las poblaciones europeas durante el denominado Pleistoceno Medio.


 | 27/02/2002 |  Edición impresa


A la izquierda, recreación de Terra Amata (Niza), yacimiento que se ha fechado en 380.000 años y que ha sido definido como un “campamento de verano”. La cabaña denota un esquema complejo, en la que se ha considerado que existen áreas de actividades definidas, distribución espacial y uso del fuego anterior al hallado en la Península. A la derecha, zona con distintos restos de combustión en la Cova Negra de Xàtiva, donde se ha excavado a lo largo de los 80 una larga secuencia que abarca del 115.000 al 30.000 antes del presente. Los estudios indican que era una zona ocupada estacionalmente por los neandertales durante cortos espacios de tiempo.

El empleo y la producción del fuego constituyen avances trascendentales en el proceso de hominización. Si partimos de nuestra propia experiencia, las ventajas de su uso parecen evidentes: el fuego permite el procesado de los alimentos, protege de la fieras, proporciona calor y permite habitar en determinadas latitudes, favorece el desarrollo de las relaciones sociales y alarga el tiempo disponible para la realización de tareas de mantenimiento en las estaciones de corta insolación. Y ello sin olvidar las mejoras tecnológicas asociadas a su empleo para el trabajo de determinados materiales. Siendo evidentes estas ventajas, cuando el objeto de nuestra mirada se sitúa en establecer el uso del fuego en la más remota Prehistoria, durante el Paleolítico, lo primero que debe señalarse es que no todas estas aplicaciones aparecieron de manera simultánea, y algunas constituyeron logros bastante tardíos del proceso de hominización.

La talla de sílex
Así, hace sólo unos 20.000 años que se empleó el tratamiento térmico para favorecer la talla del sílex por presión, tal y como se documenta en diversos yacimientos solutrenses de Francia y la Península Ibérica. El punto más problemático, y a la vez más atractivo para la investigación, es precisar las fechas de aparición del uso del fuego y su domesticación, es decir, su producción y empleo sistemático. Otro tema de interés está en determinar cuándo su uso repercutió en el cocinado y calentamiento de los alimentos.

Los arqueólogos adoptan, al respecto, dos posiciones bien diferenciadas: los que consideran que el uso del fuego constituye un rasgo primitivo de humanidad que apareció relativamente pronto, coincidiendo prácticamente con la aparición del género Homo, o incluso antes, y los que, por el contrario, piensan que su domesticación constituye un logro tardío, con cronologías que han de situarse en momentos del Pleistoceno medio, comprendidas entre los 500.000 y los 200.000 años de antigöedad. Constituye el telón de fondo de este debate la escasa documentación sobre el empleo del fuego con anterioridad al Paleolítico medio, la dudosa cronología de algunos de los niveles antiguos en los que se ha señalado su presencia, la ambigöedad de las pruebas presentadas para su documentación, y las críticas que algunas determinaciones han suscitado entre los especialistas, pues pueden interpretarse como resultado de incendios naturales.

Ante este panorama, es fácil entender la importancia que tiene poder precisar en yacimientos de secuencias estratigráficas de cierta potencia cuáles son las fechas en las que el fuego aparece empleado por primera vez. Sobre todo cuando en esos yacimientos su aparición puede correlacionarse con otros aspectos de la conducta, como el sistema de ocupación del territorio, la movilidad y la actividad cazadora.

Ejemplo de estratigrafía
El yacimiento arqueológico de la Cova del Bolomor, localizado en Tavernes de la Valldigna, constituye uno de los raros ejemplos en la Península Ibérica de estratigrafía que proporciona una sucesión de niveles arqueológicos que abarcan un periodo cronológico lo suficientemente amplio como para intervenir en esta problemática. Las excavaciones que desde el año 1989 se están llevando a cabo en esta cavidad han permitido establecer una secuencia de siete metros de potencia que comprende del 350.000 al 110.000 antes del presente.

Se trata de un período crucial para el estudio del proceso de neandertalización de las poblaciones europeas del Pleistoceno medio, y su amplitud cronológica incide directamente en la problemática que genera la documentación de la aparición del fuego en Europa. Las excavaciones llevadas a cabo en la última campaña, bajo la dirección de Josep Fernández Peris, han documentado en el estrato XI dos hogares de forma subcircular, con un diámetro de unos sesenta centímetros, a los que se añade una zona de dispersión de cenizas de otros treinta centímetros, que constituyen la primera evidencia del uso del fuego en la secuencia del yacimiento.

Aunque resulta prematuro establecer precisiones sobre estas dos estructuras de combustión, ya que los resultados obtenidos en la última campaña están en proceso de estudio, algunas circunstancias merecen ser comentadas, ya que nos informan sobre la conducta de sus autores. En primer lugar, en el estrato XI concurren por primera vez en la secuencia del yacimiento las evidencias directa e indirecta del uso del fuego. La ausencia de huesos y sílex quemados en los niveles más antiguos sugiere que en la Cova del Bolomor el uso del fuego se asoció al empleo de estructuras de combustión, lo que indica que se trata de una fase de plena domesticación. Las fechas de ese evento se pueden situar en hace 150.000 años. En segundo lugar, aunque los dos hogares se localizan en el mismo estrato, parece que corresponden a episodios diferenciados de ocupación.

Ocupaciones neandertales
En los dos casos se trata de hogares de tipo simple, sin preparación de la zona de combustión, ni protección de su perímetro, y la corta distancia que los separa reproduce una pauta que se repite no sólo en otros niveles más recientes de Bolomor, como el estrato IV, fechado en 125.000 años, sino en otros yacimientos de la región donde las ocupaciones neandertales han sido documentadas. Así, en la Cova Negra de Xàtiva, donde se ha excavado a lo largo de los años 80 una larga secuencia que abarca del 115.000 al 30.000 antes del presente, encontramos la misma pauta de ocupación, con zonas que acumulan durante un cierto tiempo hogares simples, aparentemente de corta duración, que aprovechan determinados rasgos topográficos de la cavidad para desarrollar allí sus actividades. La abundancia de restos de combustión en un área reducida no constituye, tal y como el estudio de los restos óseos demuestra en Cova Negra, el resultado de una densa y prolongada ocupación de la cavidad, sino que corresponde a la suma de cortos episodios de ocupación estacional, a los que suceden etapas de abandono y su frecuentación por diversos carnívoros. Las ocupaciones de los neandertales eran localizadas, dejando amplias superficies sin apenas evidencias de su paso. Lo que constituye una pauta de uso del espacio que ha de correlacionarse con la elevada movilidad de los grupos neandertales y su baja densidad demográfica.

La Dolina de Atapuerca
En la Península Ibérica las fechas de aparición del fuego proporcionadas por otros yacimientos no resultan discordantes con las del nivel XI de la Cova de Bolomor. Y en ese sentido resulta importante recordar que el fuego no ha sido documentado en la secuencia de la Trinchera-Dolina de Atapuerca, ni siquiera en los niveles superiores fechados en torno a hace 350.00 años. Las referencias más antiguas se limitan a la Solana del Zamborino, yacimiento granadino fechado al final del Pleistoceno medio. A juzgar por los datos disponibles, el primer empleo del fuego en la Península Ibérica resulta algo más reciente que en Terra Amata (Francia) o Vértesszüllüs (Hungría), pero ese retraso quizá está dando cuenta del tiempo que media entre su aparición y primer empleo y su uso generalizado.




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