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Martes, 22 de julio de 2014
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Fernando Sáez Vacas

“La tecnología debería ser un instrumento cultural”

Conceptos como Sociedad de la Información, Internet, Globalización, Virtualidad, Red Universal Digital o Nuevo Entorno Tecnosocial definen al hombre contemporáneo y sus circunstancias. ¿Podemos llegar a controlar la red de tecnologías que inunda ya nuestra vida cotidiana? El investigador y catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid Fernando Sáez Vacas, doctor ingeniero de Telecomunicación, que publica estos días Más allá de Internet: la Red Universal Digital (Editorial Ramón Areces), habla en esta entrevista sobre el histórico momento que atraviesa la Humanidad.


JAVIER LÓPEZ REJAS | 10/06/2004 |  Edición impresa


Fernando Sáez Vacas. Foto: Mercedes Rodríguez

El libro que ahora publica el profesor Sáez Vacas expone con rigurosa actualidad un proceso histórico imparable: el de la globalización tecnológica. Por eso, una de sus máximas preocupaciones es subrayar que uno de los aspectos esenciales de esta nueva encrucijada social es, más que la información, el conocimiento.

-¿Considera que la “Sociedad de la Información” ha llegado a su punto más alto?
-Si conviniéramos en que el punto más alto fuera que todos los ciudadanos de nuestro país tuvieran todo de todo en términos de la cada vez más potente y variada dotación instrumental de la información, estamos aún lejísimos de esa meta. También, si lo medimos por la infomasa nueva que se crea y registra cada año, porque crece imparablemente y muy deprisa. En el mundo, durante 2002, esa infomasa, sólo sobre soportes de papel, óptico, filme y magnético, alcanzó los 5 exabytes, equivalentes a medio millón de veces los 19 millones de documentos de la biblioteca del Congreso estadounidense. Los flujos de nueva información por las redes de teléfono, radio, TV e Internet alcanzaron los 18 exabytes.

-¿Cree que su núcleo es económico o cultural?
-Creo que los planteamientos públicos de nuestras autoridades políticas y económicas referidas a la sociedad de la información son básicamente económicos, presupuestarios. Manejan como referencias porcentajes de ordenadores personales, conexiones a Internet, teléfonos móviles, etc., para evaluar si estamos bien, regular o mal. Estos criterios pueden constituir un grave error, si no se establece firmemente el convencimiento de que lo importante no es la información, sino el conocimiento de los ciudadanos que la hace útil. La tecnología y la información son instrumentos sociales y culturales o no son casi nada. Una sociedad (o comunidad), intensiva en información puede ser débil en conocimiento. Como profesor que soy, entre los objetivos de mi libro está el contribuir a mejorar la tecnocultura de sus lectores, mostrándoles un bosquejo de las claves del entorno infotecnológico y sus tendencias e impactos sobre el entorno humano y social.

-Plantea usted el libro como una suerte de “Rayuela” electrónica. ¿Se ha inspirado más en Cortázar o en Internet?
-Supongo que compararlo con Rayuela se deberá a que mi libro tiene una estructura no lineal, elaborada como para un lector de periódicos, que sigue su propio patrón de lectura, eligiendo aquí y allá, y que muy probablemente no lo leerá entero. Si tengo que pronunciarme, me he sentido más próximo a Internet. Para facilidad del lector, el libro consta de tres capas. La capa central está formada por un texto continuo, al estilo clásico, en el que se insertan recuadros -la segunda capa- que son como microensayos especializados e impactantes. La tercera no aparece si el lector no lo desea. Son notas al final, que amplían y detallan los conceptos del texto y cubren un amplio espectro de datos, teorías, anécdotas y curiosidades de la más candente actualidad.

-En esas alusiones a la “realidad” hay acontecimientos muy puntuales. Pese a su apoyo a la base teórica, ¿considera parte del “juego” que sus datos pueden quedar obsoletos ante el vértigo de los nuevos avances?
-La base teórica, como usted dice, es una concepción explicativa integral de la infraestructura tecnológica que estamos creando y de las fuerzas de transformación social que genera. Huyendo de hacer un ensayo tecnocientífico, destinado a un grupo limitado de estudiosos, he recurrido a innumerables ejemplos oportunos en los que el lector mínimamente introducido en la instrumentalidad de esta sociedad de la información pueda reconocerse: movilmanía juvenil, burbuja bursátil, reestructuraciones empresariales, comercio electrónico, virus, sobreinformación, periódicos digitales, Torres Gemelas, Prestige, smart mobbing (recuérdese el caso en España de las manifestaciones del 13M), etcétera. Los datos técnicos quedarán obsoletos, pero el conjunto de datos y ejemplos quedará como una contribución a la crónica de los tres primeros años del siglo.

-¿Qué tipo de ser humano creará la cultura digital?
-Esta pregunta escapa a mis posibilidades. Para mí, una parte del ser humano siempre es la misma y otra parte es siempre distinta, porque coevoluciona permanentemente con el entorno o sobrenaturaleza artificial que él mismo contribuye a construir o a desplegar. Desde hace muchísimos siglos, el humano sólo evoluciona culturalmente, incluyendo sus creaciones técnicas. Ahora, como he escrito en el libro: “con la Red Universal Digital se adentra en mundos de instantaneidad, multisensorialidad, virtualidad y otras dimensiones ‘mágicas’, muy alejadas de su experiencia”. Siguiendo la pauta de las denominaciones paleoantropológicas yo le llamo Homo noosferensis. Es un guiño irónico.

De la imprenta a la Red
-¿Le dice algo aún la palabra globalización?
-Me dice muchísimo y dedico a este tema varias secciones. La globalización es un proceso histórico de la Humanidad. Con la imprenta, por ejemplo, se globalización la cultura, el conocimiento y las ideas. Pero la tecnología actual la ha potenciado hasta cotas inimaginables de complejidad, que no sabemos controlar. Ha transformado la noción psicológica de tiempo y espacio, de presencia e identidad personal y otras cuantas nociones, que constituyen los cambios que en el libro llamo Nuevo Entorno Tecnosocial. Sus mecanismos provocan conflictos sin resolver entre distintas clases de diversidad: Biodiversidad, ecodiversidad, etnodiversidad, sociodiversidad, tecnodiversidad, noodiversidad y eidodiversidad (diversidad de ideologías).

-¿El siguiente paso a Internet es la Red Universal Digital?
-Internet sigue creciendo y lo hará incorporando nuevas tecnologías para mejorar su ámbito de actuación y capacidades funcionales. Pero hay otras redes digitales de muchos tipos, cada vez más compatibles unas con otras, incluyendo Internet, convergiendo de tal forma como si tendieran irremediablemente a constituir una red única, inconsútil. Ese “como si” es lo que me permite hablar, aunque sea por ahora metafóricamente, de una Red Universal Digital, de la que una parte, eso sí, esencial por su influencia, es Internet. Cuando uno de nosotros maneja un terminal móvil multifuncional, conectable a Internet o a otra red, con teléfono, agenda informática, cámara fotográfica, juegos y música tiene en la mano varias tecnologías y acceso a redes diferentes.

-A juzgar por lo ya experimentado, ¿la RUD nos hará más sabios y libres o por el contrario más ignorantes y esclavos?
-Rechazo el método de valorar los efectos de la tecnología en términos binarios excluyentes. Con ella podemos conseguir tanto lo bueno como lo malo, al mismo tiempo o en momentos diferentes. Los cambios más extensos, hondos y duraderos responden a inventos humanos y en el balance histórico los humanos siempre han ido globalmente a mejor, empezando por el aumento de su esperanza de vida. Ahora, sobre el futuro propiciado por los progresos acelerados de la tecnología se cierne toda suerte de especulaciones. Objetivamente, puestos a hacer tonterías, la tecnología no nos garantiza ni siquiera la supervivencia.

-Usted habla de la “piel electrónica de la Tierra”. ¿Tan denso es ya el tejido de redes?
-Ese era el título de un artículo en la revista BusinessWeek. Sí que es denso y, además, por sus características físicas y funcionales casi no las percibimos. Las comunicaciones por satélite o por radio Wi-Fi son invisibles. Yo hablo de “ojos electrónicos que todo lo ven” y de “memorias que todo lo registran”. Solamente por motivos de seguridad, en el Reino Unido hay un millón de cámaras en lugares públicos.

Tecnología y mente humana
-¿Está todo el futuro dentro de la microelectrónica?
-Todo eso está sólo en la mente humana. Espero haberlo dejado claro en los capítulos que dedico a la economía y en otros posteriores, escritos por la simple razón de que es la dimensión social más común en nuestras vidas. Mi revisión de los errores en la aplicación de la tecnología a las estructuras económicas pretende reforzar los principios del sentido común y de la primacía del factor humano. Es preocupante que las empresas, presionadas por la globalización competitiva, pasen de vueltas sus tecnologías, microelectrónicas o no microelectrónicas, para densificar aún más el tiempo en aras de una productividad a costa de lo que sea y deteriorar aún más el ecosistema económico y el futuro social.

-¿Corremos el peligro de alejarnos progresivamente de la naturaleza para instalarnos en la virtualidad?
-En la medida en que crece el número de nuestras actividades en la infociudad, que es una de las características de la sociedad de la información, instalamos una parte mayor de nuestra vida en la virtualidad. Todas las acciones realizadas por medio de la Red Universal Digital son virtuales. La virtualidad es una de las 20 propiedades del Nuevo Entorno Tecnosocial.




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