Hace unos días, un grupo de científicos de la Universidad de Texas ha descubierto una posible relación entre las primeras campañas de vacunación contra la polio y su posterior relación con la aparición de linfomas. Actualmente, los controles científicos, éticos y gubernamentales custodian el buen proceder de la investigación en todas sus áreas. Aunque el aumento neto de la longevidad de nuestra especie indica claramente que se están haciendo bien las cosas, de vez en cuando salen a la luz daños colaterales de investigaciones o terapias llevadas a cabo en el pasado. José Antonio López Guerrero, profesor titular y Virólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, analiza algunos de estos procesos de investigación y su relación con el bienestar y la seguridad del ser humano.
Sin lugar a dudas, uno de los mayores hitos en la historia de la investigación sanitaria lo constituyó la erradicación de la viruela a través de la vacuna desarrollada en las postrimerías del siglo XVIII por el médico británico Edward Jenner. Observando cómo las vaqueras que contraían la viruela vacuna, enfermedad de escasa sintomatología, eran menos proclives a contraer la temible enfermedad producida por el poxvirus homólogo humano, decidió probar su teoría sobre el niño de ocho años James Phipps. Para ello, no dudó en inocularle con el mortal virus pocos días después de haberle inmunizado con pus que la vaquera Sarah Nelmes tenía en un dedo. El ensayo funcionó.
La vacuna moderna El niño sobrevivió y Jenner es recordado como el gran inventor de la vacuna moderna. El pequeño detalle de que James Phipps pudo haber padecido una peligrosa enfermedad ha quedado eclipsado con el éxito del ensayo. De hecho, la variolización o inoculación con pus de personas que contraían la viruela de forma moderada, para prevenir la infección con una cepa vírica más virulenta, ya se practicaba muchos años entre los turcos, aunque murieran muchos jóvenes en el intento...
Antígeno T Hace unas semanas, el grupo del Dr. Felipe Samaniego del M.D. Anderson Cancer Center, en la universidad de Texas, volvió a sacar a la luz otro posible daño colateral capaz de empañar otro hito histórico de la medicina. En la Conferencia Anual de la Asociación Americana para la Investigación sobre el Cáncer, el Dr. Samaniego indicó que el análisis molecular de 33 tumores obtenidos de 55 pacientes con linfomas No-Hodgkin mostraron, mediante análisis por PCR, secuencias del ADN del virus de mono SV40 (Simian Virus 40). Asimismo, en una treintena de casos se pudo detectar el importante antígeno T (grande) de dicho virus. SV40 es un poliomavirus capaz de inducir tumores tanto en monos como en otros animales de experimentación. Dispone de una proteína codificada por su genoma, el mencionado antígeno T, capaz de unirse y bloquear al antioncogen celular p53, guardián del buen desarrollo del ciclo celular. El bloqueo de p53 es uno de los factores, junto a la activación de ciertos oncogenes, de la transformación celular, es decir, de la aparición de tumores. Lamentablemente, la vía más probable de entrada del virus SV40 en humanos la constituyó algunos de los lotes de la vacuna contra la polio utilizada entre finales de los años 50 y principios de los 60 del pasado siglo. El virus de la poliomielitis pertenece a la misma familia (Picornaviridae) que el del catarro común, la fiebre aftosa o la Hepatitis A. A pesar de ser un enterovirus, su infección no se limita al tracto digestivo, siendo capaz de alcanzar las astas anteriores de la médula espinal y producir una severa parálisis que puede llegar a ser total.
A mediados del siglo pasado, la poliomielitis constituía una verdadera epidemia en muchos países. Dos nuevos hitos de la inmunovirología, la vacuna de virus inactivado de Salk en 1955 y la de virus vivo atenuado de Sabin, posteriormente, acabaron prácticamente con la erradicación de la enfermedad. Sin embargo, no todo resultó perfecto. El crecimiento del virus para constituir la vacuna empezó realizándose sobre un cultivo de células extraídas de mono. La presión de los diferentes grupos de investigación por ser los primeros en alcanzar la gloria hizo descuidar, en algunos momentos, los controles de los tejidos manipulados.
Virus SV40 Tras la vacunación de millones de personas, se pudo comprobar que algunos de los cultivos de mono utilizados estaban contaminados con el virus SV40. Aparentemente, el virus no produjo sintomatología alguna en humanos hasta ahora donde, de verificarse los resultados del grupo de Samaniego, el virus podría estar implicado en la aparición de linfomas de etiología desconocida.
La posible contaminación con SV40 no es la primera mancha a añadir en el brillante curriculum de la vacuna contra la polio. Hace un par de años, expertos de la Universidad de Columbia, en Nueva York, tuvieron que defender a la campaña de vacunación contra este virus, llevada a cabo en los años 50 en la actual República Democrática del Congo, por los doctores Koproswki y Plotkin de la tremenda acusación de ser la causante del paso del virus VIS (Virus de la Inmunodeficiencia de Simio) desde el chimpancé hasta el humano, dando comienzo a la terrible pandemia del SIDA, nada más y nada menos. En la actualidad, y hasta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considere erradicada, se sigue vacunando contra la polio. Para su crecimiento y atenuación, el virus se cultiva sucesivamente en células humanas fetales diploides, evitándose así posibles contaminaciones interespecíficas. Mediante la utilización de la vacuna oral atenuada (VPOT), o la menos efectiva, aunque más segura, vacuna inactivada (VPI), y a pesar de que se acaban de detectar nuevos casos de poliomielitis en zonas libres del virus desde hacía más de 13 años como Botswana, la OMS sigue con el ánimo de dar la enfermedad por erradicada a finales de 2005. Todo esto sin considerar los trabajos del grupo del Dr. Wimmer, de la Escuela de Medicina de Stony Brook, Nueva York, publicados en 2002 en la prestigiosa revista Science, los cuales demuestran que se pueden obtener partículas infectivas del virus de la polio elaborando un plásmido con la secuencia genómica total del virus obtenida por síntesis química, es decir, producir virus infectivo de donde nunca hubo.
Por lo tanto, sería muy conveniente la evaluación del riesgo que supondrá dejar, algún día, de vacunar a la población contra dicha enfermedad neuropatológica. Mientras tanto, volviendo al descubrimiento del Dr. Samaniego y para obtener una pincelada de optimismo, donde pudo haber un serio error científico-sanitario, el descubrimiento de que el virus SV40 podría estar involucrado en la aparición de algunos tumores de etiología hasta ahora desconocida, podría abrir una nueva vía terapéutica encaminada a combatir al virus para prevenir el desarrollo del tumor. En palabras del propio Dr. Samaniego, el virus podría servir como diana en la prevención inmune y en nuevas estrategias terapéuticas contra los linfomas No-Hodgkin. No es la primera vez que se hace un enfoque terapéutico antiviral para prevenir la aparición de algún tipo de cáncer.
El papilomavirus La familia Papillomaviridae, con más de 100 tipos de virus diferentes, cuenta con varios miembros implicados en la aparición de cáncer cervical, anal o vaginal, entre otros. Las enfermedades producidas por papilomavirus se sitúan entre las más importantes de las de transmisión sexual siendo, el cáncer cervical, el segundo más importante entre las mujeres. En este sentido, el grupo del Dr. Zur Hausen, del Centro Alemán de Investigación del Cáncer, en Heidelberg, comprobó cómo la vacunación o tratamiento de la infección viral hacía disminuir la incidencia de carcinomas en mujeres.
Finalmente, querría indicar la necesidad del análisis molecular de muchos tumores de etiología todavía desconocida para intentar descubrir posibles causas infectivas implicadas en la aparición o desarrollo de la transformación celular. En todos estos casos, como ya se está haciendo con el virus de la Hepatitis B y el hepatocarcinoma, Herpes Humano 8 y el sarcoma de Kaposi o, en un futuro probablemente próximo, el virus de la Hepatitis C y también el cáncer de hígado, terapias basadas en la eliminación del agente infectivo traerían consigo necesariamente un descenso en la oncogénesis asociada al mismo.