Edición impresa | CINE
Sergi SÁNCHEZ | Publicado el 24/02/2005
Algo está ocurriendo en el cine norteamericano. Algo muy bueno, que tiene que ver con la reivindicación de los cineastas que, en los setenta, revolucionaron la industria con una mirada que se alejaba de los patrones narrativos convencionales para abrazarse a los perdedores, a la vida subterránea de todos aquellos que tenían tiempo que perder pensando en la verdadera naturaleza de las cosas. No es casual que Harvey Pekar, el objeto de estudio de American Splendor, empezara a publicar sus memorias en formato de tebeos underground en 1976. Tampoco es casual que en la pantalla tenga la cara de Paul Giamatti, protagonista de otra película, Entre copas, que recupera con amargo optimismo el espíritu de directores como Hal Ashby, Peter Bogdanovich o el Scorsese de Alicia ya no vive aquí. Las casualidades no existen, y Giamatti parece predestinado a encarnar la esencia del nuevo loser. Los hombros caídos, la desesperanza colgando de la comisura de sus labios, el agrio discurso de un hombre que se siente incomprendido pero que aún no ha renunciado a sus sueños: ése es el Miles de Entre copas y, sobre todo, ése es el autor de una autobiografía sincera, honesta y deslenguada que contó con la colaboración de legendarios dibujantes como Robert Crumb, Jim Woodring o Drew Friedman, y que ahora -o mejor dicho, hace dos años: cabría preguntarse qué pasa por la cabeza de los distribuidores españoles para que el Gran Premio del Jurado en Sundance y el Premio de la Crítica en Cannes del 2003 tarde tanto tiempo en estrenarse- Shari Spinger Berman y Robert Pulcini han llevado al cine sin dejarse tentar por la autocomplacencia.









Paul Giamatti es Harvey Pekar en American Splendor