- ( 12/04/2007 )
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El subconsciente de muchos tiene grabado las imágenes producidas por Joel Silver. El hombre de La jungla de cristal o Matrix estuvo en Barcelona presentando La Cosecha y reivindicó su figura como la de aquel que hace el cine posible. El autor es el director, asegura en una entrevista al crítico Sergi Sánchez. Y el productor y cineasta Gerardo Herrero da su opinión.
El director y productor William Castle se hizo famoso por sus ingeniosas estrategias de promoción, que vendían sus películas de horror de bajo presupuesto estableciendo una creativa comunicación con el público en la misma sala. Por ejemplo, en mitad de la proyección de House on Haunted Hill aparecía de repente un esqueleto luminoso que sobrevolaba las cabezas de los espectadores provocando el pánico. Las trayectorias de Castle y Joel Silver se han cruzado en más de una ocasión: Silver creó Dark Castle junto a Robert Zemeckis para hacer precisamente un remake de House on Haunted Hill, y con esa productora ha financiado La cosecha, que tiene más de un punto de contacto con La semilla del diablo, obra maestra de Roman Polanski que produjo Castle. ¿A dónde nos lleva este laberinto de vasos comunicantes? A una conclusión: no nos cabe ninguna duda de que Castle era un productor-autor, del mismo modo en que lo era David O'Selznick en el contexto del sistema de estudios y lo es Joel Silver en la era del Hollywood digital.
Viéndole entrar en una habitación del hotel Arts de Barcelona, nadie diría que Silver es uno de los hombres más poderosos del cine comercial norteamericano, responsable de las sagas de Arma letal, Depredador, La jungla de cristal y Matrix. Nada que ver con la imagen trajeada de los viejos productores de Hollywood o de los altos cargos ejecutivos de la industria. Su aparente pragmatismo en el vestir -casaca amarilla, pantalones de chándal rojo- parece corresponderse con su honestidad a la hora de admitir por qué hace lo que hace. Se niega, con modesta resignación, a buscarle tres pies al gato a La cosecha, cinta de terror donde Hilary Swank, ex-misionera y profesora universitaria dedicada en cuerpo y alma a desmontar milagros, se las tiene que ver con un pueblo azotado por las plagas bíblicas. No es como Matrix o V de Vendetta, o como The Brave One, que acabo de producir con Neil Jordan como director. Estas películas son fruto de una reflexión sobre nuestra sociedad, confiesa Silver. La cosecha es, simplemente, un thriller sobrenatural que pretende asustar y entretener. Lo que sí queríamos es que los efectos especiales fueran realistas. Queríamos que la gente sintiera a las langostas sobre su piel, que el río teñido de sangre fuera creíble. Pero no tiene otro mensaje que no sea el de entretener al público.
La palabra entretenimiento parece ser el escudo de protección que utiliza Joel Silver para esconderse de este periodista. Sin embargo, es indudable que su trabajo, por muy discutible que sea, revela la existencia de un discurso que le convirtió, en los años ochenta, en el renovador del cine de acción, junto a Jerry Bruckheimer. Aunque a diferencia del productor de Top Gun y Armaggeddon, Silver no imprime un estilo visual a sus películas. La espectacularidad es el máximo común denominador de su filmografía, pero deja un cierto margen de maniobra a aquellos cineastas -Stephen Hopkins, Richard Donner, John McTiernan, los hermanos Wachowski- que han demostrado fidelidad a su manera de hacer. El director es el verdadero autor de la película, explica. Lo único que yo hago es apoyarle. En el Hollywood clásico era el sistema de estudios el responsable de darle toda una amplia paleta para que pudiera trabajar cómodamente. Ahora somos personas como yo las que hacemos ese trabajo.
Una figura poco mutable. ¿Puede aplicarse la política de los autores a un productor acostumbrado a arrasar en taquilla? ¿Quién es el autor de Lo que el viento se llevó? ¿David O'Selznick o Victor Fleming? ¿Quién es el autor de Casablanca? ¿Hal B. Wallis o Michael Curtiz?
-En esencia, los productores de ahora hacemos lo mismo que hacía David O'Selznick en la era clásica de Hollywood. En mi caso, me encargo de buscar la historia que quiero contar, además del director y el reparto más adecuados. Después lo presento al estudio para conseguir el dinero necesario, y entonces paso a controlar el proceso de producción.
Y matiza: Lo único que ha cambiado es la tecnología. En 1990, cuando hicimos La jungla 2, pasamos todo un invierno esperando a que nevara. Ahora conseguiríamos nieve digital en treinta segundos.
A uno le gustaría contradecirle, pero, férreo en sus convicciones, Joel Silver no quiere ponerse apocalíptico. Como a Selznick, su reputación le precede. Obstinado y gritón, sus broncas han pasado a los anales de los trapos sucios de Hollywood. Tal vez lo que diferencia a Silver de sus antepasados sea que ha tenido que levantar un imperio (o mejor dicho, dos: Dark Castle y Silver Pictures) en un contexto cada vez más efímero y virtual. Ser productor de blockbusters en el siglo XXI significa, de algún modo, conocerse todos los atajos del suma y sigue. Demasiados frentes abiertos -videojuegos, distribución en DVD, Internet- para equivocarse cuando mueves ficha. Fíjate en Kiss Kiss, Bang Bang, me recuerda. Se refiere a la notable película de Shane Black de 2004, un estrepitoso fracaso comercial. La pasamos en el festival de Cannes y los aplausos fueron unánimes. Cuando se estrenó en Francia nadie fue a verla. Tal vez no funcionara porque no era ni carne ni pescado. Sin embargo, creo que era una buena película. La prueba viviente de que el negocio del cine no es una ciencia exacta.
Quizás por la incertidumbre que conlleva arriesgarse, aunque sólo sea de vez en cuando, el cine americano abusa de remakes y cultiva sagas. Silver no es una excepción. Quiere jugar sobre seguro. La cosecha es la demostración palpable de ello. Los efectos del eterno retorno a fórmulas de éxito parecen tan fulminantes -y tan eficaces de cara a la taquilla- como una enfermedad terminal. Aunque el mejor ataque, una buena defensa.
-No creo que haya crisis de ideas en el Hollywood actual. De hecho, pienso que el cine está atravesando una nueva era dorada. Hay actores y técnicos excelentes, la apertura del mercado chino ofrece grandes posibilidades de expansión y la descarga de películas a través de Internet ampliará las perspectivas económicas de la distribución. No creo que podamos quejarnos.
Hollywood versus Europa. Los europeos solemos pensar distinto. Aún imbuidos de un molesto complejo de inferioridad, estamos convencidos de los peligros de la maquinaria de Hollywood, gigante con pies de hielo capaz de congelar la tierra que pisa. Hablar de cine europeo en la actualidad es tan inapropiado como hablar de cine americano, sostiene Silver. Habría que hablar de cine global. Rodamos V de Vendetta en Berlín y Gran Bretaña. Rodamos Matrix en Australia. Rodamos La cosecha con actores americanos e ingleses, incluso con un irlandés. He rodado con un español, Jaume Collet-Serra (director de La casa de cera). Reducir el cine a una cuestión de nacionalidades me parece absurdo.
Las palabras de Silver revelan el poder de seducción de un lenguaje universal. Más allá del imperialismo del cine norteamericano, o de la presunta autoría de los productores, más allá incluso de sus cuentas bancarias, Silver reivindica el cine-espectáculo como modo de expresión de una sensibilidad generosa, que intenta reproducir en imágenes grandiosas todos los mundos posibles que nos perderíamos si no pagáramos una entrada para verlos.
-Cuando era niño disfrutaba viendo Lawrence de Arabia, Los cañones de Navarone, Doce del patíbulo o El día más largo. En todos mis filmes he querido recuperar aquella sensación. Y en eso radica mi contribución al cine. En hacer posible que se materialice esa magia, en contagiar ese sentido de la maravilla. No soy director, no soy guionista, sólo soy productor. Sólo ayudo a que las piezas encajen. Y me gusta hacerlo.
Sergi SÁNCHEZ
La creatividad del productor, por Gerardo Herrero
Para que una película exista se necesita un productor.Es parte de la trinidad creativa: los otros son el guionista y el director. A veces, no muchas, se juntan en una misma persona, escriben y dirigen también. Ojo no confundir a un productor con un inversionista o con muchos ejecutivos de televisión. Porque un productor es alguien capaz de contratar a un guionista, de desarrollar a su riesgo un proyecto, de analizarlo, pedir reescrituras, conseguir informes, presupuestar, saber elegir a un buen director de producción, decidir las semanas de rodaje, buscar la financiación, pedir créditos, descontar contratos, consensuar con el director, los actores , el equipo técnico. Tiene que saber decir que sí y que no muchas veces. Acompañar al director durante el rodaje, no equivocarse en los medios que necesita un guión, no querer hacer una peli, que no tenga el dinero necesario. Sugerir con criterio en el montaje, que sobra, que falta en la edición, saber escuchar las músicas, las mezclas. Elegir un buen póster, conseguir un buen trailer, discutir con el distribuidor, el marketing, el número de copias, la publicidad, dónde, cómo, cuánto. Tiene que hablar idiomas, saber de contratos de coproducción, de ventas internacionales. Debe de saber sufrir, el primer fin de semana del estreno, ver cómo dobla, el segundo fin de semana. Además como todo el mundo sabe, si la película es un éxito, es gracias al director, a los actores, ahora está de moda decir que es gracias a la televisión que apoya la película. Si fracasa por supuesto que el productor es el único culpable. Si después de leer estas lineas, discrepa, llámeme que intentaré convencerle. Los productores sin excepción son unos valientes injustamente machacados por intereses bastardos.