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Viernes, 29 de agosto de 2014
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Sam Mendes

“Dirigiendo me siento como un forense: examino órganos y los coloco en su sitio”

Diez años después de ganar un Oscar por "American Beauty", el británico Sam Mendes regresa a los suburbios de Estados Unidos para hacer "Revolutionary Road", la crónica amarga del “sueño americano”. Kate Winslet, ganadora de un Globo de Oro por este papel, y Leonardo DiCaprio protagonizan un drama que desenmascara la realidad oculta tras la aparente perfección burguesa.


BEATRICE SARTORI | 23/01/2009 |  Edición impresa


Sam Mendes

La sombra de Douglas Sirk es alargada. El emérito director de la época del cine clásico estadounidense, famoso por sus melodramas de los años 50 como Sólo el cielo lo sabe o Imitación a la vida, está muy presente en Revolutionary Road, preciosista película de Sam Mendes (Reading, Berkshire, 1965) que recrea el declive de un matrimonio acomodado que, dispuesto a vivir una vida de fábula en un suburbio de Connecticut, se da de bruces con las servidumbres de la rutina.

Mendes, un director exquisito formado en el teatro y autor de Camino a la perdición o Jarhead, retrata en la película un tobogán de emociones que van del hastío a las ganas desbocadas de vivir, de los celos a la pasión pasando por ese momento de la vida de cualquiera que consiste en enfrentarse a las propias limitaciones. Es un filme con voluntad de perdurar que adapta un clásico homónimo de la literatura estadounidense escrito por Richard Yates. La película no sólo reúne a los protagonistas de Titanic por primera vez desde entonces, también tiene como protagonista a Kate Winslet, esposa del propio Mendes.

- Siempre se consideró la novela de Richard Yates como “infilmable”.
- Yo no habría reparado en ella, si no fuera porque Kate se convirtió en una fan apasionada. El guión llevaba años dando vueltas por Hollywood. Fue ella la que me “obligó” a leerlo. ¡Sentía casi su aliento en mi nuca cada vez que pasaba una página!

- Ya en 1961, el año de su publicación, Yates vendió los derechos para el cine.
- Se los compró inmediatamente Sam Goldwyn Jr., pero sus propios socios abortaron el proyecto ya que creyeron que nadie en su sano juicio iría a ver un drama tan crudo y desesperanzador.

- ¿Cuál fue para usted la mayor dificultad?
- Las traslación a imágenes de la rudeza del texto original, la austera belleza de su prosa y el transmitir esa atmósfera de enfermedad terminal burguesa en tiempos de la posguerra.

- Los protagonistas, los frustrados Wheeler, April y Frank, viven un verdadero infierno emocional.
- Luchan por creerse distintos, por huir de su evidente mediocridad. Sus sueños de bohemia artística están en las antípodas de sus rutinarias y estériles vidas mediocres. Son una pareja que lucha por mantenerse unida pero sufre al ver sus esfuerzos condenados al fracaso. Retratar esa agonía es lo que más me atrajo. De hecho, fue el rodaje de mi próxima película, Away We Go, la que me proporcionó la clave para el montaje definitivo.

- ¿En qué sentido?
- Por primera vez, en Away We Go me baso en una pareja... feliz. Ambos son jóvenes y están en la carretera a la búsqueda de un paraíso terrenal para criar a su hijo. Fue esa felicidad, o mejor dicho, la ausencia de ella, la que me dio la clave para Revolutionary Road. Frank y April sufren el inmenso dolor de tratar de restaurar una felicidad perdida para siempre. Esa certeza es su gran herida.

- Regresa al asunto del declive del matrimonio como institución básica tras su éxito con American Beauty.
- ¡No tengo ninguna obsesión por ese tema! En realidad, mi interés va hacia ese tipo de personajes que parecen haber perdido el Norte en su vida y que intentan buscar su espacio y lugar.

-La película rezuma amargura, desesperación, impotencia, infelicidad, resentimiento, insatisfacción... todo ello, contextualizado en el paraíso de la casita impoluta, de verja blanca y perfecto césped.
- Esos elementos son el símbolo de todo por lo que han renunciado a sus sueños y aspiraciones. Los Wheeler son adultos a su pesar. Están vacíos sin esperanza. Y ocultan su desesperación huyendo a París para vivir una vida de creatividad bohemia, un sueño banal, imposible de realizar. Sus intentos de parecer “diferentes” son pueriles y narcisistas, carentes de profundidad y sentido.

Una pareja épica
- ¿Cómo fue reunir a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet diez años después de Titanic, que sigue siendo la película más taquillera de todos los tiempos?
- Fue Kate quien lo sugirió. Ambos han madurado con honestidad personal y fuerte ética profesional. Sus películas y elecciones hablan por ellos. Ambos confían el uno en el otro, eso fue importantísimo. Los ensayos los dirigí como si se tratara de una producción teatral, con un seguimiento constante de los sentimientos de April y Jack. La decisión de rodar cronológicamente fue una gran ayuda.

- ¿Se puede definir a April Wheeler como una heroína del feminismo?
- La revolución feminista estaba embrionaria cuando los hechos relatados suceden, pero se puede decir que sí. April es la única “soñadora” que percibe la cruda realidad. Ella, en plena crisis, quiere que le devuelvan la juventud que perdió al casarse y tener hijos. Quiere recuperar lo irrecuperable y, sobre todo, los sueños de cuándo creía ser una actriz de teatro prometedora.

- La película ofrece una visión muy dura de la rutina de una ama de casa.
- Para este trabajo, Kate leyó La mística femenina, de Betty Friedan , el clásico feminista de 1963. Aquel ensayo fue la tabla de salvación de muchas mujeres condenadas a la infelicidad de la vida casera. Para Kate el ensayo fue muy revelador, ya que April está en las antípodas de ella misma, una feminista a su manera pero no radical.

- Acaba de dirigir una nueva producción de Un cuento de invierno para el Vic Old Theatre y estrena Revolutionary Road mientras edita Away we Go. ¿Cómo se siente trabajando en el cine y el teatro a ambos lados del Atlántico?
- Creo que se lo debo todo a mi tenacidad, puedo llegar a ser tremendamente obstinado. A veces, dirigiendo me siento más como un forense, abriendo un cadáver, examinando los órganos y volviendo a colocarlos en su sitio. Es extraño porque en realidad, en mi juventud yo quería ser jugador de cricket...




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