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CINE
Exponer, no exhibir
Numerosos cineastas buscan las salas... de museo
Juan SARDÁ | Publicado el 19/02/2010
Los trabajos de Kenneth Anger en ARCO, el montaje de Isabel Coixet en la Casa Encendida y la reciente muestra Google Earth 1.0 de Isaki Lacuesta en la Fundación Suñol convierten estos días el cine en objeto de exposición. La tendencia no es nueva. Cineastas como Erice, Guerín, Pablo Llorca, Portabella o Bigas Luna ya se habían refugiado en el museo.
Ninguna ciudad tan cinematográfica como Los Ángeles, protagonista este año de ARCO. Pero más allá de Hollywood, la urbe también ha sido, y es, hogar de unos artistas audiovisuales cuya obra desafía las etiquetas. El Museo Reina Sofía exhibe algunas de las obras más emblemáticas de esa expresión que algunos llaman videocreación, otros cine experimental o vanguardista y otros, sencillamente, cine. Kenneth Anger, emblema del underground de LA al que se le dedica una retrospectiva, es un paradigma de esos creadores inclasificables, icono de una forma de rodar y pensar el cine que en España no hace más que captar nuevos seguidores. Ahí está, por ejemplo, la recién inaugurada instalación sobre el libro From A to X de John Berger que ha realizado Isabel Coixet y que puede verse estos días en La Casa Encendida de Madrid. O la reciente exposición multidisciplinar de Isaki Lacuesta Google Earth 1.0 (Fundación Suñol, Barcelona), donde retrata y filma aquellos lugares que no aparecen en el programa informático. Y no sólo ellos: José Luis Guerín, Jaime Rosales, Bigas Luna, Pere Portabella, Pablo Llorca y un largo etcétera también han pasado por los museos. Un trasvase cada vez más frecuente que plantea numerosos interrogantes y que obliga a redefinir el concepto de cine, planteando un nuevo panorama que amenaza las convenciones.
Pueden plantearse dos situaciones: una en la que el museo muestra la obra audiovisual pensada para las salas y otra en la que es el propio cineasta el que rueda expresamente para el museo. Dos situaciones que no hay que confundir con una nítida diferencia entre arte y cine. Porque la pregunta clave es la misma: ¿Hay alguna diferencia entre unas piezas audiovisuales y otras? Y si la hay, ¿cómo se delimita? Las opiniones varían. Veamos el caso de Pere Portabella, cuyo último largometraje, El silencio antes de Bach (2007) se estrenó en Estados Unidos en el MoMa de Nueva York, centro que además de dedicarle una retrospectiva con ese motivo adquirió para su fondo una copia de ese mismo filme y de Vampir-Cuadecuc. El realizador, que muestra además estos días en la Fundación Pilar y Joan Miró de Mallorca sus cortos sobre el pintor, lo tiene muy claro: Existe una distinción precisa entre videocreación y cine porque son cosas completamente distintas. Hay quien se confunde ante filmes como los míos. Yo trabajo sobre el lenguaje del cine y me aparto del nudo, planteamiento y desenlace, pero eso no quita para que yo haga películas y para que también utilice la narrativa.
Genéricamente, lo mismo
Pablo Llorca, emérito héroe del underground nacional (con títulos como Jardines colgantes o La cicatriz), tiene una opinión muy distinta. Para el madrileño, el problema reside en que el museo actual no sabe cómo incorporar lo contemporáneo: Siguen el mismo modelo del siglo XVII, al estar centrados en pintura y escultura. El cine es un arte y aunque haya diferencias entre la videocreación y el cine, por ejemplo en lo relativo a la formación de los artistas, las fronteras son muy difusas, está todo muy emborronado. Aunque espiritualmente haya una tendencia a separarlos, genéricamente diría que son lo mismo. Yo, desde luego, hago cine, y estoy encantado con que mis películas tengan tan buena acogida en el circuito artístico. Entre otras cosas porque cuando exhibes en salas te acaba llegando como productor el 15% de lo que se recauda y en museos casi te quedas el 100.
La tercera en discordia sería Berta Sichel, directora del departamento de audiovisuales del Reina Sofía. La comisaria se sitúa en un punto intermedio entre Llorca y Portabella: Entre la videocreación y el cine hay diferencias y muchas. Pero cuarentaytantos años después de que se comenzara a hablar de videoarte', término en desuso, los contornos se están diluyendo en función de la heteregoneidad del panorama audiovisual. El nuevo marco digital, que surge en los 90, ha sido fundamental. Con los nuevos recursos tecnológicos existe la posibilidad de mezclar formatos, del celuloide al vídeo pasando por las imágenes encontradas. Tenemos, por ejemplo, el caso de Chris Petit, en su filme Content, donde lo mezcla todo. ¿Hay que llamarlo cine-ensayo, videocreación o simplemente película?. El espacio tiene una doble función. Parece que si se exhibe en un museo, es arte, y si se hace en una sala convencional, cine. El problema es que muchas de esas videocreaciones duran mucho tiempo y los museos no son lugares adecuados para su visión, con todo el público de pie entrando y saliendo, afirma Llorca. La comisaria, por su parte, objeta que son muchos los artistas que prefieren evitar las salas para que quede clara cuál es su disciplina.
Un menú variado
Sin salir de España, los ejemplos de cineastas con presencia en el museo son numerosísimos y dan fe de la variedad de posibilidades. Jaime Rosales estrenó en salas, internet y el Reina Sofía su última película, Tiro en la cabeza. En otros casos, los artistas crean obras audiovisuales específicas para el museo. Sucedió, por ejemplo, con La Morte Rouge, pieza de Víctor Erice para la exposición conjunta con Abbas Kiarostami Correspondencias que exhibió el CCCB. Aunque fue creada expresamente para una exposición, el director de El espíritu de la colmena no duda un segundo en decir que se trata de cine sin más. Ha lamentado en numerosas ocasiones que los criterios mercantilistas que dominan la exhibición le impidan cumplir con su vocación popular. En este caso, el museo es un refugio ante la inexplicable indiferencia de la industria.
Herederos de los pintores
La fotografía es, como es lógico, otra de las prolongaciones habituales de los cineastas que ejercen como artistas. Es el caso de José Luis Guerín, quien expuso en la Bienal de Venecia de 2007 la serie gráfica Las mujeres que no conocemos y Unas fotos en las ciudad de Sylvia. Guerín cree que los cineastas son los herederos de los grandes pintores del pasado: Ellos se preguntaban cómo agrupar a los personajes, el espacio por donde entra la luz... Cuando contemplo a los maestros veo las soluciones. Al artista actual todo esto le trae sin cuidado, pero esa es la materia con la que trabaja el cineasta de hoy. Hay quien propone inmersiones en su universo a partir de macroexposiciones como la que realizó Bigas Luna en el IVAM, Ingestum, materialización de sus obsesiones en la que tienen cabida desde la foto al cine pasando por la escultura, la pintura y la instalación.