El Cultural
El Mundo
  Búsqueda avanzada
Comparte: Imprimir Imprimir
Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Facebook
Compartir en Twitter Twitter
Compartir en Meneame Menéame
Además:


Ajami: Israel deconstruido

La historia de un gueto israelí protagonizada por sus habitantes y contada por un director judío y otro palestino




Edición impresa |  CINE

Rutina en el polvorín

Ajami retrata la crudeza diaria del conflicto israelí

  • Resultados:

Alejandro G. CALVO | Publicado el 26/03/2010

La tragedia global y su violencia cotidiana (encerrada en un barrio de Jaffa) protagonizan Ajami, la película de los israelíes Scandar Copti y Yaron Shani que llega hoy a nuestras pantallas.


El cine israelí es proclive a interiorizar el terrible conflicto que asola el país. Parece que no puedan existir más historias que las que están relacionadas directamente con la tragedia existente en la zona. En definitiva, algo más que una versión ficcionada -con distintos grados de verosimilitud- de lo que solemos leer en occidente a través de la prensa. Lo que se nos escapa de dicha realidad es, precisamente, lo que se esconde tras el ensordecedor ruido bélico: el día a día de una comunidad en continua ebullición social que está obligada a convivir con el enemigo, ya no en la misma ciudad, sino en el mismo barrio o, incluso, en el mismo bloque de vecinos.

Si algo necesitan las cinematografías emergentes en zonas de conflicto es la imposición de una mirada que no sea subjetiva, que, por el contrario, sea capaz de atenerse a la descripción de lo real dejando los juicios morales al espectador. Ésta es una batalla compleja a la que parecen haberse lanzado los realizadores noveles Scandar Copti y Yaron Shani a la hora de construir la poliédrica Ajami (2009), algo así como la crónica cotidiana de una serie de individuos atrapados en un drama inabarcable y sin solución final a la vista. El título de la película hace referencia al barrio más conflictivo de la ciudad de Jaffa, lo que prácticamente lo convierte en una de las zonas más violentas de todo Israel.

Una tragedia global
La aproximación de los cineastas al retratar el crisol de culturas que habita el lugar está más en la línea de la Gomorra (2008) de Garrone/Saviano o del libro Gangs de Nueva York de Herbert Asbury (en el que Scorsese basó su famosa película) que en el habitual cine costumbrista tremendamente melodramatizado que suele llegar a las salas de occidente. Aquí no se trata de mostrar atentados sino de cómo todo ello convive con la realidad diaria. De dicha combinación surge un horror descriptible. Algo tan normal como cambiar una rueda o discutir con el vecino puede acabar en una cruel pelea o en un tiroteo. La tragedia global se construye a partir de microdramas bañados en la más devastadora violencia. En Ajami no se habla de intifada, no se ven campos de refugiados y los militares sólo aparecen en controles de carretera y como zapadores en busca de cuerpos enterrados. De lo que se habla es de deudas contraídas, de tráfico de drogas, de salvar a una madre moribunda...

La mirada sobre lo cotidiano posee la misma nitidez documental que la que rueda los momentos de barbarie, convirtiendo, por contraste, lo doméstico o lo familiar en una tragedia dolorosamente reconocible. Para ello Copti y Shani entrelazan cinco historias en un distinto arco temporal a través de un truco narrativo de base literaria pero conscientemente americanizado (más cerca de Iñárritu que de Tarantino). Lo interesante, sin embargo, no radica en la forma que posee la narración ni en la manera en que los distintos relatos fructifican a su término como un puzle acabado: lo realmente brillante en Ajami es cómo se constata la realidad plurilingüe de una sociedad aferrada indisociablemente a la religión, sea cual sea. No hay acto, por nimio que éste parezca, que esté aislado de un conflicto moral, religioso o político. De hecho, ni siquiera queda claro quién es bueno o malo (aunque la villanía vaya asociada a quién posee el poder), puesto que los personajes no son más que individuos atrapados en un violento laberinto plagado de cadáveres y de callejones sin salida.






Blogs, concursos y debates.


participa
To be continued... por Carlos Reviriego
Laura Dern, iluminada y bipolar
participa
participa
Tengo una cita por Manuel Hidalgo
El irracionalismo de la Razón
participa
El Incomodador por Juan Sardá
Artistas y público, el divorcio
participa
Rima interna por Martín López-Vega
Gabriel Celaya: Nada es el mar sin hombre que lo nade
participa
La papelera por Juan Palomo
De dominio público
participa
Ondas de Choque por José Luis de Vicente
Eduardo Kac, el arte de la quimera
participa
La columna de aire por Abel Hernández
Tanned Tin: Oído, olfato, vista, gusto y tacto
participa
Esceptrum por Antonio Fernández Ruiz
Adiós a la pasión. Gracias, Steve.

Un momento de Ajami, de Copti y Shani.