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Edición impresa |  CINE

John Waters

"Ya no soy Tóxico"

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Beatrice SARTORI | Publicado el 25/10/2000

Tóxico, provocador y maldito, el excéntrico John Waters estrena su última locura cinematográfica: Cecil B. Demente, una disparatada parodia del Hollywood endiosado y engreído que se estrena el viernes en nuestro país. Aplaudido y admirado en San Sebastián, el director de Baltimore ha hablado con EL CULTURAL sobre la película y su próximo proyecto, Dirty Shame.


John Waters (Baltimore, 1946), Sultán del Shock y Rey del Cine Basura (según acuñaciones de Burroughs) define Cecil B. Demente como “una película acerca de un director de culto dirigida por un tipo al que desde los comienzos le han etiquetado como director de culto”.

-¿Le pesa esa etiqueta?
-¡No, al contrario! Me chifla, la agradezco mucho. Nada me podría hacer más ilusión. Si alguien le hubiera dicho a mis pobres padres o a mis detractores que este director “trash” estaría en los Libros de Historia del Cine… No siento más que emocionado agradecimiento. (Risas)

-En la película, Cecil es un cineasta-guerrillero, un director puro que trata de hacer un cine no contaminado. ¿Cuánto hay de sí mismo?
-¿Se acuerda de que al final de mi anterior película, Pecker, el protagonista anunciaba que se pasaba al cine? Pues es un poco como si aquel fotógrafo compulsivo hubiera logrado sus metas ... Hay algo de mí… pero yo no tuve que secuestrar a Melanie Griffith. Sólo llamar a su agente y contratarla.

Una diva real

- Melanie Griffith es conocida por su comportamiento de diva en los platós. ¿Le animó a interpretarse a sí misma?
-Oí algo, pero no debo alimentar esa leyenda negra. Fue encantadora y deliciosa. Además, es una actriz cómica fabulosa. Y el de Honey es un papel difícil de aceptar y sólo hubo que negociar duramente con ella la escena en la que le arde el pelo. Tanto ella como Antonio Banderas estuvieron entusiastas con el proyecto y lo apoyaron mucho. Pedro Almodóvar tuvo también algo que ver en su elección final. No es una película fácil para una estrella de Hollywood.

-Vuelve a contar con una de sus musas, Patty Hearst, víctima a su vez de un famoso secuestro.
-Ella es una musa mía de “segunda generación”, en contraste con Mink Stole, por ejemplo, que ha estado en todas mis películas. Con ésta, Patty ha estado ya en cuatro.

En su décimo largometraje, para el que no sólo ha escrito el guión sino compuesto también parte de su banda sonora, Waters metamorfosea a Melanie Griffith en la tan insufrible como exitosa estrella Honey Whitlock, que encarna toda la basura comercial que actualmente produce Hollywood. Por eso, el terrorista cinematográfico Cecil B. Demente la secuestra para protagonizar un filme llamado a revolucionar la manera de hacer cine. Demente cuenta con un reducido grupo de fanáticos seguidores con tatuajes con nombres de cineastas (Kenneth Anger, Sam Peckimpah, Pedro Almodóvar, Otto Preminger, David Lynch, William Castle, Sam Fuller, Fassbinder), que le ayudan en la empresa.

Los “molinos” de Hollywood

-El nombre recuerda a Cecil B. De Mille, pero la personalidad de su protagonista es la de un visionario Don Quijote contra los molinos del Hollywood...
-Está en lo cierto y no lo había pensado. Mire, no me gusta en absoluto De Mille, pero quise utilizar el nombre de alguien que hizo gigantescas épicas familiares. Por cierto, en la vida real fue un fetichista de los pies… Y sí, Cecil es una especie de …¿cómo se llamaba Don Quijote?

-Alonso Quijano…
-Eso, un Alonso de Quijano perdido en Hollywood que se ha vuelto algo loco por exceso de cine. Es también una versión exagerada de un cierto tipo de director ¿sabe? De ésos que hacen una película hiperpersonal y a los que les da lo mismo si nadie la ve.

Almodóvar tatuado

-¿Hay en la película una cierta nostalgia de las comedias enloquecidas de los años 30?
-Un poco… aunque la nostalgia básica sobre la que asenté la historia es en los movimientos políticos -y las películas resultantes- de los 60. Quise hacer un divertido homenaje a aquellos revolucionarios.

-El peluquero del equipo de cineastas-guerrilleros porta el tatuaje de Almodóvar y es uno de los primeros en morir. ¿Se ha quejado Almodóvar?
-No, al contrario, me dijo que estaba encantado porque es uno de los personajes más atractivos de la película. Ahora en serio, todos se tatúan nombres de directores que admiro. A Pedro por su humor negro, sobre todo. él es una referencia para todos los seguidores de Cecil.

-Si se animara a tatuarse el nombre de un director al que admire, ¿a quién elegiría?
-A Bresson… porque nadie esperaría eso de mí. (Carcajada) Aunque, en plan honesto, elegiría a Armando Bo. ¿Sabe quien es?

-Ni idea.
-Es un director argentino… la versión porteña de Russ Meyer, un tipo que hizo películas muy serias y oscuras sobre sexo con su esposa, Isabel Sorel. Ví una con subtítulos en San Sebastián, el año que llegué con Cry Baby, el lágrima. Ese sería mi tatuaje, no hay otra elección para mí.

-Si algún fanático del cine se tatuara el suyo, ¿por qué razón cree que lo haría?
-¿Sabe que alguien lo hizo ya y que ésa es la inspiración para esta idea? Hace años fui a una universidad y una alumna del centro me pidió que le firmara un autógrafo en su trasero. Me lo piden a veces, no es nada del otro mundo…Total, que años después regresé y ella me enseñó que se había tatuado mi autógrafo sobre la firma.
Waters lleva casi cuatro décadas rodando películas que han pasado a la Historia del Cine por distintas causas, no todas académicas. Cineasta heterodoxo, este dandi encantador y decadente ha firmado diez largometrajes, con los que ha elevado el mal gusto a arte en celuloide.

-¿Echa de menos sus comienzos cuando era considerado un cineasta peligroso, cuando no tóxico?
-¿Sabe lo que ha ocurrido? ¡Yo no he cambiado en absoluto! Ha sido el mundo el que lo ha hecho. Quizá me seguirían considerando tóxico si le hubiera hecho comer mierda a Melanie, pero ya sabe que nunca repito hallazgos de una película anterior. Es muy posible que si hallara mañana la cura contra el cáncer pasarían a considerar Pink Flamingos como una obra maestra del séptimo arte (Risas). En serio, yo me reinvento constantemente y nunca he querido ser tóxico ni obsceno. Además, ser veinteañero y tóxico es sexy. Pero ser un cincuentón y tóxico, es patético. Y yo estoy por el envejecimiento con dignidad.

-¿Con qué alimenta su fresca iconoclastia y sus ideas transgresoras?
-Con curiosidad. Siento una inevitable curiosidad por todo. No me aburro nunca. Lo leo y veo todo. Me sigo considerando un “voyeur” y una mente inquisitiva. Miro a todos y me imagino vidas. Mi vida y carrera son estupendas. Jamás me he visto forzado a hacer nada que no me apeteciera o en lo que no creyera. Y mis películas han tenido éxitos modestos, pero han sido vistas en todo el mundo. Y eso no lo pueden decir todos.

-Al Gore y Joseph Lieberman parece que van a realizar una cruzada contra la violencia en las películas de Hollywood.
-Voy a votar por ellos, pero sólo porque los otros son peores. Ese ataque a Hollywood es sólo mierda, nada va a cambiar. No es más que una estrategia electoral. En todos los asuntos de las censuras para públicos jóvenes hay tanta hipocresía... Además, yo no me fío de un joven que no se quiera colar en una película prohibida. Mire, hay gente más sana entre la que ve mis películas, que entre los que están contra de ellas.

Lewinski en la vitola

-¿De dónde sacó el “gag” del anuncio de “puros habanos Mónica” con la imagen de Lewinski en la vitola?
-¿Me cree si le digo que ni lo sabía cuando rodé la escena? Y que lo vi durante el montaje. Es una fabulosa idea del diseñador de arte. Es una maravillosa idea y lo único que lamento es que no fue mía.

-En la película ataca, ridiculizándolas, las películas Patch Adams y Forrest Gump. ¿Qué tiene en contra de ellas?
-Recuerdo la primera vez que las vi, en un cine de Baltimore. Me sentí violentado. Bajo el impacto de un fuerte “shock”, empecé a chillar como un loco que encendieran las luces y que llamaran a la policía para que detuvieran a sus autores. Por cierto, Robert Zemeckis y Tom Shadyac, no olvide poner los nombres.

-¿Cómo va de adelantada su próxima película?
-Ya tengo título, Dirty Shame, que es una exclamación de las “marujas” americanas cuando se enteran de noticias como las muertes en accidente de John Kennedy junior y la princesa de Gales. “Dirty Shame!”, exclaman. Bueno, pues ese es el título de mi película, protagonizada por adictos sexuales pertenecientes a la clase obrera de Baltimore, claro. Es una historia acerca de la búsqueda de su dignidad. Sólo puedo anticipar que será divertida.



FILMOGRAFíA ESENCIAL



Pink Flamingos (1972). Cumbre del llamado “cine basura”. Creó género y abrió caminos. Dicho por Waters: “He logrado lo más difícil, ofender a tres generaciones”.


Desperate Living (1977). Aterradora comedia disfrazada de cuento de hadas. Incluyó a Liz Rebay, de la mafia a bailarina.


Polyester (1981). Melodrama cómico de gran formato protagonizado por Divine y Tab Hunter. Un numerazo rodado en Odorama con elixir de amor incluido.


Hairspray (1988). Uno de sus mayores éxitos de taquilla y de la implacable crítica. Contó con Ricki Lake, Deborah Harry y el fallecido Sonny Bono.


Pecker (1998). Penúltima entrega en la que sus constantes vitales aparecen tan pervertidas como siempre.



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