Ni las graves enfermedades ni sus 73 años pueden con Sancho Gracia, que no para. Hoy lleva al Español La cena de los generales, una obra de Alonso de Santos dirigida por Miguel Narros situada en la postguerra española. Mientras, prepara para TVE una serie sobre los libertadores de América.
Pregunta: Otra maldita obra sobre la Guerra Civil, que diría Isaac Rosa. ¿Qué hace diferente a La cena de los generales?
Respuesta: Que trata de una reconciliación y reconstrucción en tono de comedia, que es como hay que tomarse las cosas.
P:¿Cómo definiría su personaje de maître?
R: Bueno, el de alguien que comía en una época en la que faltaban muchas cosas y que además es liberal y que, pese a todo, intenta que la gente sea feliz.
P: También es un perfeccionista. ¿La profesión por encima de la ideología?
R: Dicen en un momento de la obra que, como cocineros que son, harán una cena perfecta y a gusto de los comensales, a pesar de pertenecer al bando contrario de los que van a cenar... Lo demás, no puedo contárselo. Entiéndame, no quiero destripar la obra.
P: ¿Es una locura hacer una obra de 18 personajes?
R: Más que locura es una aventura imposible, que se lo digan al productor Celestino Aranda, que ha tenido la valentía de intentarlo y conseguirlo.
P: ¿Cómo ha visto a Narros al frente de este gran equipo?
R: Como ha sido actor, sabe muy bien qué pie calzas. Está acostumbrado a dirigir obras no sólo de grandes autores, sino también de muchos actores.
P: Según Alonso de Santos, los personajes de la obra actúan con sensatez y sentido común, dos virtudes necesarias para construir en vez de destruir.
R: Puede que sea verdad en la mayoría de los personajes. El mío, por ejemplo, tiene sensatez pero no sentido común. Lo que quiero hacer con Franco es que le corten el cuello.
P: ¿Y Sancho Gracia?
R: A veces sí y a veces no, depende de cómo me encuentre.
P: De lo que aparece en la obra, ¿qué le hubiera gustado que pasara en la España de entonces?
R: Que no hubiera habido motivo para que se escribiera esta obra.
P: Cómo nos ve ahora, ¿reconciliados o a punto de enzarzarnos otra vez?
R: Enzarzarnos no, pero los grandes partidos discuten por tonterías en vez de intentar solucionar los problemas del país.
P: Hablando de motivos. Usted conoció a Margarita Xirgú cuando, creo, ya sabía que no volvería a España.
R: Realmente la conocí cuando no sabía si iba a volver. Estaba muy ilusionada, tenía muchas ganas de vivir y consiguió arreglarlo para volver. Cuando lo tenía todo a punto apareció un artículo deleznable de un colega suyo y comprendió que si la seguían odiando así no podía volver.
P: ¿Y como maestra?
R: Me enseñó mucho y me dejó un gran recuerdo. Me dijo: Ayuda a los demás y ellos te ayudarán a ti. Es como hay que estar en un escenario, pendiente de lo tuyo y de lo de los demás.
P: ¿Cree que quedan personas a las que se pueda llamar maestros en el teatro de hoy?
R: Sin ánimo de comparar le diría que ha habido muchos compañeros que sí lo han sido.Mi hermano Paco Rabal, Ismael Merlo, Bódalo, Jesús Puente, Fernando Delgado, Rafael Rivelles, Rodero
P: ¿Respetan los jóvenes actores a los maestros?
R: Tengo la impresión de que a los veteranos los jóvenes no nos conocen mucho. No me gusta la palabra maestro porque suena un poquito a que están por encima del bien y de mal. Hay actores buenos y malos, y punto.
P: Su éxito televisivo todavía pesa en su biografía, ¿Cómo ve la televisión actual?
R: Me parece que todas las comisarías y todos los hospitales son iguales. Faltan ideas.
P: Curro Jiménez duró sólo tres temporadas, pero en el recuerdo da la impresión de que estuvo muchas más. ¿A qué cree que se debe?
R: Déjeme corregirle. Estuvo tres temporadas seguidas, pero no han dejado de ponerla nunca. Y en todo el mundo. Creo que no queda ningún país al que venderla. Caló en el público porque estaba muy bien hecha.
P: Además de las lesiones, ¿qué le dejó Curro Jiménez?
R: Pues eso, que me satisface muchísimo que 35 años después me pregunte por ella.
P: ¿Qué piensa cuando monta a caballo?
R: Que puedes irte por donde quieras. Eres tú, el caballo y el mundo. Es la vida.