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Viernes, 18 de abril de 2014
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Gonzalo de Castro

"Fue fácil sacar al hijo de puta que llevamos dentro"

Junto a otros seis actores, protagoniza en el Español de Madrid Glengarry Glenn Ross, un clásico del teatro norteamericano en el que David Mamet enfrenta a siete empleados en una feroz competencia. De Castro es el más despiadado de todos, nada que ver con los personajes a los que nos tiene acostumbrados en televisión (Siete vidas, Doctor Mateo)


LIZ PERALES | 04/12/2009 |  Edición impresa


Pregunta: ¿Cuál es la mayor satisfacción que le está procurando este montaje?
Respuesta: Esta es la obra que cualquier actor quiere hacer. Mamet es un autor extraordinario, eléctrico, y yo soy un hombre muy afortunado por trabajar con los compañeros que me han tocado en el reparto y, para colmo, con Daniel Veronese. Escribí a los Reyes Magos y me lo han traído todo.

P: ¿Tuvo que hacer algún casting?
R: Para mi personaje, no. Conocía el proyecto del Español, que iba a dirigirlo Veronese, y que me habían incluido en un primer elenco, así que moví mis cartas.

P: No tuvo pues que diseñar trampas para desacreditar a sus competidores, como ocurre en la obra.
R: Las tretas hay que hacerlas en la vida todos los días. La obra habla del desprecio que sentimos por los demás, de la falta de solidaridad... es una función devastadora y muy actual porque en cualquier lugar encuentras personajes así.

P: ¿También en el mundo de los actores?
R: Por supuesto, en todos los ámbitos profesionales te ponen zancadillas, lo que confirma que se está más solo que la una y que tanto tienes, tanto vales; todo lo demás es un cuento chino.

P: Lo que dice no es muy edificante.
R: Glengarry es una obra que te hace reflexionar, es como un puñetazo, te deja KO en la butaca.

P: Acostumbrado a papeles de antihéroe, aquí encarna al vendedor más detestable, lo que supone un cambio en su carrera.
R: El primer sorprendido soy yo, porque al preparar mi personaje, me di cuenta de que no necesitaba esforzarme mucho para sacar al hijo de puta que todos llevamos dentro. Mi personaje, Roma, puede que sea el más despiadado de todos, mientras que el de Hipólito, Levine, y, especialmente, el de Andrés Herrera, Aaronow, son los más humanos. En realidad, todos son unos tiburones que solo miran por su interés.

P: ¿Y por qué Veronese despierta tanta devoción entre los actores?
R: Hay directores potentísimos, pero Veronese está tocado por el dedo divino. Lo que más me gusta de él es su humildad, el respeto que siente por los actores. Tiene una forma de acompañarte que no es la del director estrella, porque hay directores muy incómodos. Con Veronese jamás hay una palabra más alta que otra. Y, por otro lado, conoce profundamente el texto, te va soltando perlas, indicaciones, de mucha utilidad.

P: Tolcachir, que ha trabajado con él, dice que con Veronese lo que surge en los ensayos iniciales no se ve al final.
R: Seguro, te rompe los esquemas a diario. El teatro tiene mucho de repetición y memorización y, en los ensayos, avanzamos hasta fijar una escena. Con Daniel es imposible trabajar así, cada día destruye lo hecho el día anterior. Eso va creando un sustrato en el actor que cuando llegas al estreno te permite estar alerta en cualquier escena. Estoy seguro de que si viviera en Madrid, seguiría viniendo a las representaciones a diario para hacernos sugerencias.

P: ¿Cómo compagina el teatro con la serie de televisión Doctor Mateo?
R: He acabado de rodar la próxima entrega. Me siento comodísimo con el personaje y tenemos un share estimable. La verdad es que la televisión es una cantera de trabajo extraordinaria para los actores. Si no existiera, acabaríamos tirándonos por un precipicio.

P: Usted le debe su fama...
R: A mi no me gusta la palabra fama, pero sí, me ha dado mucha popularidad.

P: ¿Y ve la serie de su más cercano competidor, House?
R: No veo House, no veo nada de la televisión, ni las series estupendas que dicen que hay. No tengo tiempo ni canales digitales ni nada.

P: ¿Cómo fue que un chico que iba para abogado acabó de actor?
R: Cambié mi destino. Tenía una pasión y cuando acabé Derecho empecé Arte Dramático en la Resad.

P: Pues le ha ido muy bien.
R: También yo estoy sorprendido. Me siento como en una tómbola aunque tengo que decir que arriesgo y suelo jugar todos los números.





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