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Vinicius de Moraes, en la eternidad y en todo momento

Lanzó la cultura brasileña a todos los rincones del mundo con la poesía y la sensualidad de sus canciones. Vinicius de Moraes, autor de 'Garota de Ipanema' y padre de la bossa nova junto a nombres como Tom Jobim, hubiese cumplido mañana cien años.


PABLO SANZ | 18/10/2013 |  Edición impresa


Vinicius de Moraes. Foto: Acervo VM Cultural/DR

"... En la eternidad y en todo momento”. El verso que escribiera Vinicius de Moraes (Río de Janeiro, 1913-1980) en su Soneto do amor total hoy se antoja premonitorio, por lo incalculable y la atemporalidad de su legado cultural. Muchos le descubrieron como músico a través de una pantalla, viendo la película de Marcel Camus Orfeo Negro, ganadora en 1959 de La Palma de Oro en Cannes y el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Otros, sin embargo, buscaron su verdadera personalidad detrás de las letras, como poeta mayor que fue de la literatura brasileña. Mañana hubiese cumplido 100 años, pero la auténtica noticia reside en que medio mundo le sigue llorando.

El centenario del nacimiento de Vinicius de Moraes se ha venido celebrando en Brasil y otros países a través de un sinfín de actividades literarias y musicales. Hoy mismo, la web del artista (www.viniciusdemoraes.com.br), dirigida por una de sus hijas, María de Moraes, se abre al público con aportaciones inéditas de su patrimonio cultural. “Quiero que este sea un año de exaltación del amor, la generosidad y la verdad con la que vivía”, explicaba recientemente. Aquí en nuestro país, por ejemplo, la Fundación Autor reedita el documental Vinicius, de Miguel Faria.

De diplomático a escritor

Marcus Vinicius da Cruz de Melo Morai nació en el barrio de la Gavea de Río de Janeiro a la hora del alba. Mientras se licenciaba en Derecho, por cuyos estudios luego haría carrera diplomática en destinos como Los Ángeles o París, aquel joven inquieto ya se hacía hueco entre las letras con la publicación de libros como Caminho para a distância, Forma e exegese o Ariana, a mulher. En realidad, Vinicius de Moraes siempre fue escritor antes que músico. El autor brasileño Drummond de Andrade dejaría dicho que Moraes “fue el único poeta que vivió como un poeta”.

No obstante, fue su relación con la música lo que acabó dándole gran notoriedad, teniendo en su biografía artística un primer hito que marcaría el devenir de la cultura popular brasileña y... podría decirse que planetaria. Corría el año 1956 y Vinicius transmutaba el Orfeo griego en un Orfeo negro y brasileño. El estreno del montaje teatral Orfeu da conceição en el Teatro Municipal de Río de Janeiro, con decorados de Oscar Niemeyer y música del pianista y compositor Tom Jobim, obtuvo el reconocimiento total de la comunidad creadora brasileña, que años más tarde volvería a rendirse ante su versión cinematográfica, la mencionada Orfeo Negro.

Gilberto, Cardoso, Creuza...

El acontecimiento une a Vinicius y Jobim con lazos de sangre, al tiempo que el poeta contacta con otros artistas como el guitarrista y cantante João Gilberto o la vocalista Elizeth Cardoso para gestar un nuevo género musical sin fronteras: la bossa nova. Mientras, conquistaba a todo el mundo con máximas como “la mujer no es para ser entendida, sino para ser amada”. Fueron años de una producción literaria-musical de una trascendencia enorme, hoy fijada en canciones como Canção do amor demais, Estrada branca, Por toda minha vida, Se todos fossem iguais a você o Chega de saudade, considerada oficialmente como el primer tema de bossa nova. En 1962 llegaría otra de las canciones que hoy visten todas las discotecas, Garota de Ipanema, compuesta junto a Jobim y registrada un año después junto al saxofonista Stan Getz o el mencionado João Gilberto. Más adelante Vinicius se reencontraría con el éxito a raíz de las sesiones grabadas en 1971 en el café La Fusa de Mar de Plata, junto a la cantante bahiana Maria Creuza y el guitarrista y compositor Toquinho, con el que mantendría una fructífera colaboración de más de una década y 100 composiciones. Carlos Lyra, Edú Lobo, Baden Powell... Buena parte de los grandes músicos brasileños se acercaron al aliento poético de Vinicius. Hasta que en 1980 se le paró el corazón. Y al mundo se le encogió el alma.




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