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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

El amor de Boddishatva

Raúl Alonso

Premio Ciudad de Córdoba. Hiperión. 86 págs. 6’75 euros

  • Resultados:

José Luis GARCÍA MARTÍN | Publicado el 09/09/2004

Lo más destacado de la poesía de Raúl Alonso (Córdoba, 1975) es su empeño de acercarse a la realidad desde perspectivas distintas de las habituales. En El amor de Boddishatva, su segundo libro tras Libro de las catástrofes (DVD, premio Radio Nacional de España 2002) trata de fusionar las doctrinas de Buda con las del cristianismo gnóstico. El libro termina con un glosario que aclara los términos budistas y gnósticos dispersos por los poemas. El título se explica así: “En el pensamiento budista, como en el cristiano, la sabiduría se identifica con el amor, siendo la compasión por todos los seres la principal virtud del espiritual. Por lo tanto, un bodhisattba es esa persona que ha encarnado la virtud de la compasión, expresión de un conocimiento, de una sabiduría, de un amor y de una comprensión íntima de lo que es el sufrimiento”.

Pero una cosa son las buenas intenciones filosófico-teológicas y otra su plasmación final en el poema. Realismo a veces casi costumbrista, tono menor, minimalismo, caracterizan a la poesía de Raúl Alonso. “Francisca ama su ciclomotor. / Beatriz ama el mar. / Marta ama a sus hija de diez años”, comienza uno de los poemas de su último libro, para terminar la monónota enumeración con “Elsa ama la tarde. / Josefa ama a sus ancianos. / Elena ama a Buda”.

El afán simplificador resulta a veces excesivo, y algo ingenuo parece el juego tipográfico en los poemas dedicados a las cuatro estaciones (o, como hace en uno de ellos, el juego de imprimir dos versos sobre el dibujo de una hoja seca).

Pero más allá de todo ello hay en los mejores poemas de Raúl Alonso un despojamiento hímnico y meditativo que, junto a la ambición de su autor (no importa si finalmente quizá fustrada) justifica el libro: “Es el fervor que toca la canción / de la existencia de los seres, / revelándote viva, / en comunicación perenne, / los párpados abiertos del amor, / mi profunda y divina soledad”.





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Raúl Alonso. Foto: Matías Peral