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Miércoles, 23 de abril de 2014
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Las fiestas en la Edad Media

Miguel Ángel Ladero

Areté. Barcelona, 2004. 221 páginas, 22 euros

DOMINGO PLÁCIDO | 09/09/2004 |  Edición impresa


Las grandes corrientes historiográficas del siglo XX tuvieron, entre otros, el mérito de ampliar el campo de acción de la disciplina, con lo que los marcos de la historia política y militar se rompieron para dar cabida a asuntos considerados ajenos.

De este modo se hizo posible una aspiración hoy ya generalizada, la de la Historia Total. En ella cabe toda actividad humana, individual y colectiva. Al producirse dicha ruptura, al diluirse las fronteras con otras ciencias, las posibilidades se han desarrollado en todas direcciones. Una de ellas tiene que ver con el nacimiento de las ciencias antropológicas, entre las que existen desde el principio tendencias más o menos próximas a la historia, más o menos conscientes del carácter diacrónico de sus contenidos. En relación con las fiestas españolas resulta imprescindible recordar la labor del antropólogo Julio Caro Baroja.

La fiesta es uno de los fenómenos colectivos que mejor ilustran sobre los diversos aspectos de una cultura, como crisol de las tradiciones para adaptarlas a las preocupaciones del presente. Para el mundo antiguo, ya Rodríguez Adrados, en Fiesta, tragedia y comedia, marcó su importancia para la comprensión de los géneros literarios de mayor proyección social en la Grecia clásica, y Georges Dumézil encuadró sus Fiestas romanas en una concepción global de los sistemas ideológicos indoeuropeos, la de la trifuncionalidad, que M. A. Ladero también intuye en las fiestas medievales. La relación entre el pasado medieval y el presente queda patente en muchas de las descripciones y observaciones del autor; las relaciones con el pasado clásico se muestran en una de las dos “ilustraciones” con que acaba el libro, cuando recoge los escritos de Rodrigo Caro que, entre otras tradiciones, comenta las referencias del lexicólogo grecorromano Julio Pólux sobre el tema. La aportación del autor estriba en ofrecer un detallado análisis de las fiestas medievales en general, aunque insista más en la españolas, en el aspecto más descriptivo.

A través del análisis de las fiestas el autor ofrece una cara profundamente sugerente de la Edad Media, donde están presentes las cortes regias, la nobleza, el clero y el pueblo, en relaciones dinámicas mucho más vivas que en otras presentaciones más tradicionales. Por un lado, las fiestas desempeñan un papel determinante en la determinación del tiempo, en los sistemas ideados para pautar las actividades sociales y económicas de la colectividad. Por otro, las expresiones de júbilo o tristeza que se permiten sirven para encauzar la violencia colectiva y garantizar de ese modo su delimitación a tales fechas.

En su tipología, finalmente, la fiesta sirve para enseñar muchas de las caras que podía ofrecer la sociedad medieval, desde los calendarios litúrgicos hasta los actos relacionados directamente con los fastos de la corte, como bodas reales o cumpleaños principescos. La expansión anímica popular y las formas simbólicas de expresión del poder se integran en un todo que sirve para ilustrar la complejidad de la sociedad medieval y sus modos de expresión. Por ello, M. A. Ladero ofrece un libro descriptivo y, al mismo tiempo, cargado de elementos que sirven para interpretar la historia.




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